El mercado de las editoriales utiliza los sueños de algunas personas que quieren ser consideradas como escritores como mercancía. Y esto es debido a un sistema que mercantiliza todo, incluso a los propios individuos. La acción es indirecta, pero la repercusión es directamente proporcional al nivel cultural de una sociedad. Hoy en día hay más personas que escriben libros que lecturas hacen. No puedes pretender publicar 25 libros en un año y que todos sean de buena calidad. Los que intentamos entrar en el oficio de la escritura (yo llevo veinte años escribiendo y aún me considero novel, de primera división, pero novel) debemos asumir el nivel de escritura que hay
en los autores y autoras que nos preceden.
A través de la escritura puedes hacer literatura, divulgación o ciencia, pero has de saber de antemano la calidad que hay en cada registro. Pasa lo mismo cuando te posicionas como lector.
Yo, por ejemplo, leo mucho Tolstói. He leído cuentos, novelas cortas, ensayos, etc., pero a día de hoy soy incapaz de enfrentarme a una “Ana Karenina” o “Los demonios” de Dostoyevski; es coger esos tomos y me entra ansiedad. Espero que dentro de cinco o diez años no sea así, pero ahora sé que intelectualmente no estoy preparado. Lo mismo debo plantearme cuando publico un libro y sopesar la mirada editorial que publica mi obra.
No hay mérito en publicar un libro hoy en día, pero sí en escribir y, sobre todo, escribir con honestidad y humildad. El oficio del escritor no es para desfilar en alfombras rojas ni acaparar un reconocimiento mundial, más bien podría ser para buscar amor, sentido y conexión con los otros. El escritor busca ser querido a través de lo que escribe, fomentar la reflexión individual, la crítica social y poner en cuestionamiento ciertos dogmas. Es una manifestación más de amor y de revolución. Ahora bien, esto no puede ser gratuito. Cuantos más libros de peor calidad haya en las librerías, más empobrecido será el nivel cultural de una sociedad.
Creo que el mercado de las editoriales, por no meterme con otros también culturales, debería pararse a reflexionar sobre este asunto. El oficio de la escritura, como cualquier disciplina artística, es un ejercicio de fondo. Publicar casi cualquier texto porque sabes que al menos los círculos más cercanos de quien lo haya escrito lo va a comprar tiene una repercusión sociocultural y de infravaloración individual de quienes intentamos hacer vida y oficio con este arte.