|
|
Por teléfono digo, a la señorita que habla. Ahora sabe que llamas tú, pero como pidas por uno de tus tres hijos, o alguien que no seas tú ni tu marido, empieza el lío.
Si la cita no es para ti, como digo, te ofrece, en segundo lugar, a tu pareja, a los hijos no. En ningún caso. Después de dos llamadas de ocho minutos, te informa de que va a pasarte con tu centro de salud. Pero el centro de salud se encuentra, en ese momento, sin ninguna línea libre. ¿Cómo te has quedado?
Por la tarde repites la jugada, pero la señorita se cansa y te corta la llamada a los tres minutos, momento en que te decides a probar si la app del móvil, esta vez, sí está operativa.
Después de unos cuantos dedazos sobre el icono de pedir cita, por fin se activa para dejarte, tras varias posposiciones de fechas, una cita a dieciocho días vista, cita, por cierto, telefónica.
No quiero averiguar, por no monopolizar mi vida con la cruzada de las citas, a qué mes se irá la cita presencial.
Y menos aún, en qué año será la cita para el especialista que nos dará, probablemente, la solución.
Las citas para la consulta privada tampoco es que vayan muy finas. En el primer centro, aún sin agenda abierta, la cita para el especialista se va al mes siguiente (y estamos a día trece) y no incluye, justamente, nuestro seguro. En el otro centro privado, nos dan cita en quince días a las cuatro de la tarde. Esta cita, justo con la que hemos dado en último lugar, es más o menos aceptable.
Pero no anularemos ninguna cita hasta que nos vea el facultativo, porque no es la primera vez que una cita privada, o cambia de fecha o se anula.
Más vale citas en persona, andando
Que hablar ciento con la señorita o la app colgando
Más vale comer sano, no fumar, no beber, amigos, ejercitarse a diario…
Que peregrinar por los centros suplicando
Ya lo decía Maslow
80% promoción y prevención
20% tratando
Cuando se siente la Gerencia a analizar estado
Por favor que inviertan
En nutrición, gimnasio, psicólogo, ergonomía, seguridad e higiene a diario
Desconexión, campo y coherencia existencial
Por favor que inviertan
Las pantallas por real con-tacto
Con mil médicos y hospitales más no lo hago, siempre se ha dicho:
Se trata de prevenir, no de curar
Noelia Cabestreo Moreno
|
|