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La compañera fisioterapeuta Marta hizo el grupo de antiguos alumnos a principios de año, justo un lunes, doce de enero de 2026, con la siguiente información: Quedada el 23 de Mayo en Soria, 25 años después de la graduación de la 9ª promoción.
No había normas si bien, la gente nos limitábamos a saludar y ampliar el listado de fisioterapeutas donde podíamos unirnos.
En mi caso, en ese mismo periodo de Enero a Mayo, estaba coordinando la III Marcha por la Paz en Aranda y Ribera. Dicho evento, pasaba por un momento crítico pues se tenía que registrar en la sede electrónica por un AMPA y, ninguno quería asumir, como es lógico, la responsabilidad de todos los participantes de la marcha. Así que, tras informarnos el registro que lo volviéramos a hacer a título individual si teníamos dificultades y, desde otra área del mismo ayuntamiento, que lo hiciéramos por el AMPA, cosa con la que coincidíamos pero que no parecía factible, Edu, del AMPA de Sandoval removió todas las AMPAs bajo el paraguas de FAMPA y, a él gracias, conseguimos registrarlo por ahí.
Así que fue desde Sallent, (con el móvil podía actualizar el cartel e incluso redactar la evaluación de riesgos de la marcha y el taller de arte), cuando “hubimos marcha”; en plena euforia de que saliera adelante y además, por la vía más lógica, reenvié el cartel a todo perro pichichi. Hasta lo puse en el susodicho grupo de los fisios. Pero, tal atrevimiento, me costó una regañina alegando ceñirse a usar el grupo exclusivamente para el reencuentro. Me enfadé bastante, y después de un comentario de que la paz era urgente o algo así (y acordarme para mí del chiste de los níscalos y los Rolex) me desapunté del reencuento y del grupo.
Como todo lo que me conmueve, tal sucesión de acontecimientos casi insignificantes, me dio para escribir este poema de “Política (radicalizada)”
Política
No soy ni de izquierdas, ni de derechas
Me he definido de tendencia, sin reservas, socialistaPero porque creo en la educación, en la sanidad
y en la vivienda y en la familia
No como un lujo
sino como derecho únicoY la inclusión, la igualdad
La libertad hasta el respeto de los demás
Como los poderes por los que luchar
A veces caigo un poco extrema, reconozco
En mi defensa de la pazSiempre hay margen para mejorar
Por suerte, mi ángel Sara, me rescató en el grupo y, a su vez, rescató el reencuentro para mí. Pedí disculpas a la persona que había hecho el comentario quien me dijo, más menos, que podía compartir lo que me diera la gana. Cuando nos vimos el sábado, nadie se acordó de la anécdota, ni falta que hacía.
Sin más percances, pasaron los cuatro primeros meses del año y las primeras semanas de mayo, hasta que el calendario anunció el día de autos: sábado 23.
Como sabía que me iba a pasar, me levanté con tiempo de escribir la primera parte de este relato, ver parte del segundo capítulo del curso de escritura y tomarme un café sin prisas, viendo a las golondrinas arandinas de mi balcón sus nidos a intentar colgar.
Jesús se levantó para despedirme y para retirar la tierra de la pared de la terraza; a las siete y cuarto de la mañana, una maleta, un bolso a juego de unas zapatillas blancas y un mono negro de fiesta, disimulado bajo un jersey de verano, nos fuimos rumbo a la cita con mis compañeros y compañeras fisioterapeutas.
El viaje se hizo genial, llegué a la primera al hospital Santa Bárbara.
Siempre está bien conocer las actualizaciones de la RCP, recordar atragantamientos y, urgencias en general. Ponerte de los nervios por tener que sacar a la profe de su aneurisma de aorta abdominal, evento –como los de la vida misma- disfrazado de lumbalgia de andar por casa.
Quería haber salido a la una de la formación, para reunirme lo antes posible con mis compañeros, y finalmente, salí a las dos y cinco. Para más inri, al salir, me entretengo con los paisajes y poemas de Antonio Machado y Gerardo Diego, que visten la pared de acceso al aula de formación.
Así que llegué a la última parte del vermú. Había un grupo grande de gente grande fuera del Loosers, en Los Pajaritos. Pensé que no estaba mal la comitiva de fisios reunida; pero, para mi grata sorpresa, dentro del local había otro tanto, casi más del doble de la gente que estaba reunida fuera. No creo que faltaran más de cinco u ocho personas del total de nuestra promoción.
De ahí fuimos andando a la estación de tren, lugar donde estaba prevista la música, la comida, la cena…
La estación de Soria también se encuentra al filo de lo imposible, sobrevive con un solo viaje diario Soria-Madrid. Además, supone unas tres horas que superan el tiempo tardado en coche de línea… ¡Como para esperar que la Valladolid-Ariza volviera a traernos a los Campos de Castilla de Machado desde la Estación Chelva de Aranda!
En sus tiempos mozos la podía ver, oír y sentir (igual que cómo se comprueba la respiración a una persona inconsciente) desde la habitación que compartía con mi hermana pequeña.
En la siguiente entrega, podréis ver, qué otros usos, importantes pero insuficientes, les damos a nuestros ferrocarriles.
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