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El lunes pasado, 11 de Mayo, escuché en “La ventana” hablar de la librería más vieja de España, que casualmente está en Burgos, y de la más nueva, ubicada en Barcelona, aún por abrir, solo de cultura Palestina.
Sentí la llamada, como canta Leiva, y cambié el rumbo del fin de semana: planté los planes frenéticos existentes en Aranda - II Jornadas Memorialistas y Taller de Desarrollo Personal (a los que previamente había descartado por indivisibilidad la Noche Blanca, el concierto de Temporal, el concierto de una Charanga organizado por la asociación artística VIRA, exposición de bonsais…)- por un viaje sola, sin mi familia, a la ciudad Condal.
Aunque el 9 de Mayo había acabado la III Marcha por la Paz (MplZ), no significaba descanso hasta la siguiente edición; quedaba la reunión con la Comisión de Convivencia, el planteamiento para el curso siguiente...
La apertura de Finestres Palestina, el 15 de Mayo, 78 aniversario de la Nakba, la catástrofe sobre la que se sigue construyendo el estado de Israel que implicó la expulsión masiva de los palestinos de sus tierras ancestrales, eran motivo suficiente para ir a conocer a quién, como nosotros, necesitaba, activarse por Palestina, significarse a su manera por la paz.
Así que me desperté el martes y fui directa al móvil a reservar billetes de tren para recorrer Calatayud-Barcelona. Consensuado en casa, en la agenda, junto con la librería, se fueron sumando otras actividades: visita al tío Gregorio en Mataró, formación en la Universidad La Blanquerna el sábado por la mañana, y, ya en Mataró, me entero por el Instagram de Francesca Albanese, que hay una manifestación proPalestina para ese mismo día, 16 de mayo, a las 18 de la tarde. Hasta los planes se amontonan también en Mataró. La comida con Gregorio y Víctor, un amigo-guardián del tío, se caen de la lista el sábado.
Todos los planes están estimulados por la magia y comodidad de viajar en tren: El AVE desde Calatayud, el cercanías y ferrocarril en Cataluña, que también serán protagonistas de anécdotas... Viajar en tren ha sido siempre para mí como montar en bici, no sé por qué, pero están asociados al recuerdo mágico de la infancia. Tan solo pensarlo, más revivirlo, me sigue rejuveneciendo.
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