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Por suerte seguí adelante con el plan, aunque todo se ponía en contra:
Salí de trabajar con ganas de boicotearlo.
Era la primera vez que iba a trabajar en coche y aparqué en un lugar inadecuado, así que libré quedarme sin coche y sin tiempo de maniobra para coger el tren.
Y, antes de Fresnillo, una china genera una grieta en la luna; tras valorar el riesgo, decido seguir a Calatayud. (Foto1. Estación Calatayud)
Cuando monto en el tren, en el vagón cinco, destino a Zaragoza, con los ojos cerrados y los auriculares puestos, está sentada, con la silla de ruedas delante y una cinta con los colores de la bandera de España atada a la estructura, la multicampeona paralímpica Teresa Perales.
A los pocos minutos, todavía no me había sentado, se oyeron lloros y Teresa abre los ojos. Momento que aprovecho para ir a saludarla, le digo , con la voz tomada por la emoción, que es un ejemplo, tantas cosas que decirla y salvo eso, que nos inspira, nada más ocurrente.
Ahora sí empieza ya, sin titubeos ni melindrades, el viaje. Intercalo cabezadas con la lectura de “Estado de malestar”, con una visita al vagón cafetería, con las vistas de paisajes deslizantes de viñas, tierras de labor, pueblos con iglesias y casas desparramadas, entre balcones y terrazas ordenadas. Pareciera una estampa hecha con escuadra y cartabón. Todo infinitamente verde.
El siguiente transbordo será a un Cercanías en Sants: Barcelona-Mataró. Tengo grabada a fuego la fecha de 1948 de la primera línea de España, Barcelona-Mataró, Línea 1. La 102 del tren directo, llegaría veinte años después. (Y, por cierto, lleva incomprensiblemente, quince largos años cerrada.)
Ahorro tiempos (y dinero) con respecto a las novatadas previas:
Esta vez ya sé que, con el billete de AVE, hay hasta cuatro horas para coger un cercanías. Además, aunque en el nombre de la línea en Sants no ponga el nombre del destino, si está en la ruta, también llega. Ya sabéis, es importante dar pasos, pero sobre todo en el sentido adecuado.
A las ocho estoy con el tío Gregorio en Mataró, por cierto, sus caracolas de panadería se quedaron en el tren. Es lo que tiene ser Teresa Perales.
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