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Sabía que no podía irme sin correr por la playa de Mataró. No pude hacer un todo incluido con chapuzón. Aunque me faltó poco, alguna ola me alcanzó de pleno. Mientras se desperezaba el tío, compuse su poema.
Gregorio
Es de armas tomar Gregorio
pero de las buenas, buenas
a todo el mundo conoce
a todo el mundo embelesa
Poco a poco va cruzando la mañana
Montse y Kari como guardianas
se levanta, se asea
mientras, a veces, Fina oírle canta
Un desayuno con galletas
hasta bajar a la Morera
donde Victor, los dueños Sergio y Alba
y su pequeño Hugo
o cualquier otro le esperan
Salió de su Castilla, Valdeande aldea,
y aunque la lleva en el alma
(el cuadro del salón del puente de Aranda)
MATARÓ y Cataluña le trataron tan bien
que siempre ha estado
como en su casa
¡Te queremos tío!

A las 11 salía el AVE. Llegué a Sants justa, hubo paradas por reparaciones en las vías; en el tren, me informaron que desde Adamuz, la regularidad de las competencias de Adif ha empeorado, no así el Ferrocarril de Cataluña dependiente de la Generalitat, lo cual había comprobado sin querer el día anterior.
En Sants el AVE también tuvo 45 minutos de retraso y en Delicias, ya en Zaragoza, el trasbordo fue, aunque ponía Renfe, a un autocar a Calatayud.
Escribiendo este relato he descubierto con qué asocio la bici y al tren de mi infancia: Verano Azul y La vuelta al mundo en ochenta días. ¿No oís el traqueteo de las ruedas de Tito y Piraña? ¿No oís el silbato del tren de vapor de Willy Fox?
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