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Los Torquemada y el señorío de Tórtoles

19/10/2023 8:53 | Miguel Ángel Marqués Sanz
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Al relacionar a esta distinguida familia con el señorío de Tórtoles a finales del siglo XII, inevitablemente nos viene a la mente el nombre de Gonzalo Pérez de Torquemada. Sabemos que este caballero fue un influyente cortesano al servicio del rey Alfonso VIII de Castilla, que aprovechó su buena relación con el monarca para que este le avalase el proyecto de su fundación monástica y la creación del nuevo señorío de abadengo; logros que marcarían el devenir histórico de la villa Tórtoles.

Hijo del hidalgo Pedro Rodríguez de Torquemada, heredaría un amplio patrimonio y el apellido de origen toponímico de esta población palentina situada a las orillas del río Pisuerga.

Según señala Pedro Salazar de Mendoza en su obra: Origen de las dignidades seglares de Castilla y León, pág. 50, publicado en Madrid en el año 1657 "Don Gonzalo Pérez tuvo señorío en las Behetrías, y en Torquemada, del Obispado de Palencia; por lo qual en algunos privilegios, es llamado de Torquemada. El y su mujer, doña María Ermíldez, el año de mil y ciento y noventa y quatro, dieron a la Orden de Calatrava un lugar llamado Huerta de Val de Caravanos, un molino en Aceca, y otros bienes.

Es fundador de el monasterio de Tórtoles, de monjas de San Benito ".

 

En el último tercio del siglo XII, don Gonzalo también gozaba de grandes heredades en Tórtoles, aunque la jurisdicción y los derechos señoriales venían perteneciendo a los Armíldez desde finales del siglo XI.

Con el vínculo matrimonial entre don Gonzalo Pérez y doña María Armíldez, el apellido Torquemada comienza a ganar protagonismo en el gobierno de la villa. Todo hacía suponer que tras esta unión surgiría un nuevo linaje con presencia en Toledo y en las cuencas del Duero y del Esgueva, pero la falta de descendencia iba a cambiar el curso de los acontecimientos. Probablemente este contratiempo iba a ser determinante para que los cónyuges tomasen la decisión de fundar un monasterio de monjas benedictinas en Tórtoles como lugar para su descanso eterno.

La construcción se llevó a cabo entre los años 1194 y 1199 sobre la antigua iglesia de Santa María (propiedad de la fundadora), ubicada en una pradera que hay en lo alto de la villa. El edificio quedaría cercado por un imponente muro de piedra, similar a la muralla que rodeaba la villa de Tórtoles.

 

 

Imágen, esta y la que figura en la parte superior) de la muralla del monasterio de Santa María la Real  de Tórtoles.

 

 

En el siglo XVI se va a acometer la reforma de una parte de la muralla de poniente y el tramo de la portada con sillería y rico ornamento, destacando en el frontal los escudos con las armas de los fundadores.

 

Portalada de la entrada al monasterio con los escudos de las armas de los fundadores

 

 

Extramuros del monasterio, también se hallaba un molino harinero, con su presa, (existente en la actualidad) alimentada por unos ricos manantiales que brotaban en la misma pradera.

 

Molino harinero que perteneció a los Armildez antes de la fundación monástica.

 

Este molino también pertenecía a doña María y pasaría a engrosar el acervo del monasterio. 

 

Los fundadores van a dotar a la fundación monástica con la villa de Tórtoles y sus términos, sus industrias (el molino y los batanes). Además, la jurisdicción sobre los vasallos y la potestad para nombrar alcaldes, merino, escribano y alguacil, así como los derechos sobre las cuatro portaladas, la infurción, la martiniega, los pastos, la pesca, la caza, la leña…

En lo que respecta al apartado político, como ya se ha señalado anteriormente, la cercanía de don Gonzalo Pérez al rey Alfonso VIII va a ser decisiva para la asignación de fueros municipales a la villa de Tórtoles (fuero de Peñafiel).

 

El fuero de peñafiel que don Gonzalo Pérez de Torquemada entregó a la villa de Tórtoles el año de 1199. Este fuero, como se puede apreciar, se aplicaba en casos de homicidio, violaciones, robos e impagos de impuestos. Los vasallos deberían trabajar ocho días al año para la abadesa, en la época de arada, siembra y recogida de frutos, también en la vendimia. De infurción los vasallos van a contribuir con determinades cantidades de especies al monasterio: trigo, cebada y vino.

 

 

Igualmente, se van a revalidar algunas exenciones y privilegios concedidos por Alfonso Vl al anterior señorío de solariego, como la inmunidad de la justicia real, la fonsadera o el yantar.

El fundador también procurará el amparo de la Santa Sede. En el año 1199 el papá Inocencio III le va a otorgar dos bulas apostólicas a la fundación monástica: la primera, excluía al monasterio de la intromisión y control del obispo de Burgos en asuntos de enajenación, ya que estaría bajo el amparo y defensa del Vaticano. La segunda, le facultaba al monasterio la potestad de poder elegir entre los prelados de otras diócesis cercanas como jueces delegados del papa para defender al monasterio y a su patrimonio.

En lo que respecta a los servicios realizados al monarca castellano, don Gonzalo junto a su hermano, García Pérez de Torquemada y una comisión de caballeros castellanos, asistirán como testigos de parte de Alfonso VIII en la carta de arras otorgada por el rey, Alfonso IX de León, en favor de su esposa, la reina doña Berenguela. Importantes también son las donaciones a la Orden de Calatrava para la causa de la reconquista.

Según deja anotado Serrano en un apéndice del archivo del monasterio, el rey Alfonso VIII mandó fundar un hospital de peregrinos a don Gonzalo y a doña María en el poblado desaparecido de Rubiales, hoy San Martín de Rubiales. Dicho hospital estaría obligado a mantener doce camas.

La muerte del fundador le iba a impedir completar la obra funeraria. Unas décadas más tarde otro Torquemada se encargaría de finalizar este proyecto.

En consonancia con su hermano, doña Urraca Pérez de Torquemada y la comunidad de monjas de San Benito, del convento de Frandovínez, se van a establecer en Tórtoles en el año 1197 aún sin estar terminadas las obras del monasterio. La intervención de doña Urraca como primera abadesa y señora de Tórtoles, también sería decisiva para la puesta en marcha del nuevo señorío de Abadengo. Ella, además de donar su patrimonio personal a la fundación monástica con heredades en Burgos, Celada y Frandovinez, también iba a ceder todas las propiedades y bienes raíces que poseía el antiguo monasterio en Frandovinez. En el gobierno de doña Urraca el hospital de Rubiales pasaría a depender del monasterio de Tórtoles. Apenas habían transcurrido diez años de su mandato, cuando la muerte le llegaría a doña Urraca.

Como sobrino y heredero del fundador, don Gonzalo García de Torquemada cerrará la terna de esta saga familiar en Tórtoles.

Este "rico home", según nos deja anotado Antonio Ballesteros en su obra Sevilla en el siglo XIII, pág. 15, figura entre los caballeros de Fernando III, que asistieron a la conquista de Sevilla, el 23 de noviembre de 1248, con el contingente que formaban los vasallos de la Merindad del Cerrato.

Del libro tercero de las Genealogías de la Casa de los Marqueses de Trocifal, de Antonio Suárez de Alarcón, publicado en Madrid, el año 1656, podemos extraer respetando la ortografía original del texto:

"Huvo deste apellido grandes Caballeros en Castilla, y ya usaban del antes que el Rei don Alonso el Sabio diesse el señorío de la villa de Torquemada, juntamente có otros bienes, a don Gonzalo García de Torquemada: La fecha desta donación es en el año de mil ducientos y cinquenta y ocho, y se la dió con condición,

«Que me tengades hi un home guifado de cavalo, è de armas de fust, è de fierro mientras fuere vuestro: 

33 archivo de Calatrava, caxon 13. n, 8,

Su mujer se llamo doña Vrraca García, como costa de una concordia 34 hecha con la Orden de Calatrava año de mil ducientos y cinquenta y ocho;

34 Archivo de Calatrava, caxon 18, n. 64,»

no se sabe si deste matrimonio quedò sucesion".

 

Él va a recibir el legado de su tío para dejar terminadas las construcciones funerarias del monasterio, la capilla funeraria de la Santísima Trinidad y la sala capitular, obras que se llevarían a cabo medio siglo después de la construcción del monasterio.

 

Capilla de la Santísima Trinidad. La capilla quedaría adosada a la iglesia, sobre dos arcosolios se dejarán depositados los sarcófagos de piedra de los fundadores. Don Gonzalo García y su mujer, Urraca García, dotarán a la comunidad con doscientos maravedíes por sostener una misa diaria en la capilla.

 

Sala capitular, que servía para el enterramiento de monjas.

 

Sarcófago del fundador ubicado en la capilla de la Santísima Trinidad. Esta foto pertenece a Rosa Cordero Losada, de su obra “La capilla funeraria de la Santísima Trinidad en el monasterio de Tórtoles de Esgueva”.

 

El mismo sarcófago en la cripta del monasterio de monjas benedictinas de Aranda de Duero.

 

(Nota aclaratoria: las citas y las transcripciones de los textos originales son literales).

 

 

Fuentes bibliográficas:

Biblioteca Nacional de España (BNE) Biblioteca de Madrid.

Archivo de la Real Chancillería de Valladolid.

Salazar de Mendoza, El origen de las Dignidades Seglares de Castilla y León. En Madrid, en la imprenta Real, año de 1657.

Antonio Suárez de Alarcón, Genealogías de la casa de la Casa de los Marqueses de Trocifal. Madrid 1656.

Luis de Salazar y Castro, Historia Genealógica de la Casa de Lara. Madrid en la Imprenta Real 1696.

Antonio Ballesteros y Beretta, Sevilla en el siglo XIII. Madrid 1913.

Boletín de la Real Academia de la Historia 1899, Índice de los Documentos de la Orden Militar de Calatrava.

Luciano Serrano, Los Armíldez de Toledo y el monasterio de Tórtoles. Madrid 1933.

 

 
 
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