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En tiempos de política encapsulada y algo casposa, de comunicados de despacho y actos institucionales milimétricos, hay algo profundamente diferenciador en quien decide estar cerca sin intereses electorales de por medio. No para cortar una cinta, no para posar ante la cámara, no para pasar lista de militantes y cuotas (que luego se gastan en menús y viajes), sino para hacer algo útil para la sociedad que le rodea. En Aranda de Duero, eso no ha sido siempre lo habitual. Y quizá por eso ahora empieza a llamarnos la atención.
Sentir Aranda ha entendido una idea que parte de la política parece haber olvidado: la cercanía no se proclama, se practica y no meses antes de las elecciones sino de forma continua. Estar con la gente no es solo acudir a los actos oficiales ni limitar la presencia pública a los periodos electorales. Estar con la gente es organizar actividades que no dan votos inmediatos, pero sí generan comunidad, empoderan y visibilizan a los vecinos.
Talleres abiertos, iniciativas formativas, propuestas familiares, mesas informativas en la calle, presencia constante en barrios y plazas… Acciones que no reparten promesas, sino herramientas. Que no buscan adhesión ideológica, sino implicación ciudadana. Y eso, en una ciudad acostumbrada durante años a cierta política rancia, esa “caspa” que confundía presencia con poder y militancia pagada con tonos de elitismo con participación, resulta, cuanto menos, refrescante e interesante como caso de estudio y análisis.
Porque durante demasiado tiempo se ha asumido que la política local se ejerce de puertas adentro, entre cargos, siglas y equilibrios orgánicos. Que el contacto con el vecino se reduce a las fiestas patronales, a los plenos retransmitidos (con muy mala calidad de imagen) o a la campaña electoral. Sin embargo, la experiencia demuestra que cuando se baja a la calle sin calculadora, cuando se escucha sin agenda y se actúa sin titular, la respuesta llega. También se demuestra lo que algunas personas ya pedimos en nuestras etapas políticas y no se nos dejó, cuando se nos tachó de “populistas y jóvenes insensatas”: que estar cerca de la población con actos interesantes y de servicio ayuda más que dípticos, fotos rancias y miles de euros invertidos en actos con políticos que durante un mes o dos dicen apoyar a Aranda de Duero para luego olvidarse del tren directo, la universidad, mejores dotaciones a los servicios sociales y las mejoras en las carreteras, etcétera.
No es casualidad que estas iniciativas estén sumando adeptos. No por marketing, sino por coherencia. La ciudadanía reconoce cuándo un proyecto político no aparece solo para pedir, sino también para ofrecer y compartir, cuando no trata a las personas como votantes potenciales, sino como protagonistas de su propia ciudad.
En Aranda de Duero, donde durante años se ha normalizado la distancia entre política y calle, este modelo empieza a marcar diferencias, no desde la confrontación, sino desde la utilidad social.
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