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El pasado Pleno del Ayuntamiento de Aranda de Duero dejó al descubierto una de esas contradicciones que revelan más de lo que parece. Una moción presentada por Podemos-Izquierda Unida pedía algo tan sencillo (y tan cargado de sentido) como que el consistorio mostrara su apoyo al pueblo palestino y a la ayuda humanitaria en Gaza. El texto fue rechazado por mayoría. Entre los argumentos escuchados, uno se repitió como escudo: la neutralidad institucional.
El concepto, tan solemne como ambiguo, se ha convertido en el refugio perfecto para el silencio político. Se invoca “neutralidad” para evitar pronunciarse, como si no decidir fuera una forma más elevada de gobernar. Pero no lo es. En política y especialmente en política municipal la neutralidad no consiste en mirar hacia otro lado, sino en actuar con imparcialidad dentro de las competencias propias. La diferencia es sustancial: ser imparcial es no servir a un partido; ser neutral, en cambio, no puede significar permanecer callado ante una causa humanitaria.
No hay norma que impida a un Ayuntamiento expresar solidaridad con las víctimas de una guerra o con una población sometida a un castigo colectivo. De hecho, los municipios españoles han mostrado históricamente su apoyo en situaciones parecidas: desde Ucrania hasta Marruecos, pasando por la pandemia o las catástrofes naturales.
¿Por qué, entonces, Aranda decide guardar silencio ante Gaza? ¿En qué punto la defensa de los derechos humanos se convirtió en materia “no local”?
Lo que ocurrió en el salón de plenos va más allá del debate sobre una bandera o una declaración. Revela una actitud: la de quienes prefieren abstenerse por miedo a ser señalados, a perder apoyos o a parecer ideológicos. Pero votar no, o abstenerse, también es una decisión política. No hay voto neutro. La neutralidad es una ficción cuando se utiliza para justificar la inacción.
El concejal Guillermo, único en votar a favor del texto, resumió con su gesto algo que trasciende el propio acuerdo: el valor de asumir una posición, aunque no sople a favor del viento, conjuntamente con él está la MARAVILLOSA intervención de Amparo Simón de PSOE Aranda de Duero.
Aranda, como cualquier ciudad, forma parte del mundo. Y sus instituciones, aunque locales, representan a ciudadanos que no viven aislados del dolor ajeno. Cuando un Ayuntamiento elige el silencio ante la injusticia, no está siendo neutral: está tomando partido por la comodidad.
La neutralidad institucional no puede ser la excusa para cerrar los ojos. Porque hay momentos en que callar es una forma de complicidad, y los plenos (aunque se desarrollen lejos de las bombas) también son escenarios donde se mide el coraje moral de quienes nos representan.
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