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“Es la UBU quien tiene que decidir sobre su extensión en Aranda.” Con esta frase, pronunciada por la consejera de Educación Rocío Lucas, se termina de confirmar lo que en Aranda muchos ya temían: el futuro del tan prometido grado de Enfermería en la ciudad está más en el aire que nunca. Y lo peor es que, entre líneas, todo huele a lo de siempre: inversión desigual, promesas a medio hacer, falta de voluntad política y, sobre todo, Aranda quedándose para el final… si es que llega.
La Universidad de Burgos (UBU) avanza a toda máquina con su flamante Facultad de Medicina. Las obras, según ha trascendido, marchan “viento en popa y a toda vela”, sin recortes ni retrasos. Y mientras en Burgos todo son planos, adjudicaciones y movimiento de tierras, en Aranda lo único que se mueve son las ilusiones. Porque la única novedad real ha sido que el Ayuntamiento ha tenido que habilitar un laboratorio de prácticas, necesario para recibir a los primeros estudiantes. Un laboratorio cuyo coste no es precisamente bajo, porque adaptar instalaciones de ciencias de la salud no es montar un aula cualquiera. Y lo peor es a estas alturas es que ni siquiera hay confirmación de que se vaya a usar.
Lo más preocupante de las palabras de la consejera no es lo que dice, sino lo que no dice. Ni una mención concreta al grado de Enfermería. Ni un compromiso de fechas. Ni una referencia al plan de estudios. Ni un gesto de presión a la UBU para que cumpla el “acuerdo de caballeros” que supuestamente se alcanzó con el anterior rector. Porque ese acuerdo no está escrito en ningún sitio, y eso lo convierte en papel mojado. Y el nuevo rector, por lo que se ve, no tiene muchas ganas de seguir adelante .
De hecho, lo lógico sería que a estas alturas del año se estuvieran elaborando los planes de estudio, licitaciones de material, diseño de aulas, contratos de profesorado... Pero nada. Cero movimiento. Ni un solo documento técnico redactado, ni un anuncio, ni un pliego. La única gestión visible ha sido la que ha tenido que hacer el propio Ayuntamiento para acondicionar un espacio sin garantías de uso.
Hay que decir que el alcalde de Aranda sí ha trasladado personalmente su malestar a la consejera Rocío Lucas. Lo ha dicho claro: no se entiende cómo después de tanto prometer, no se ha firmado nada. Pero aquí viene el problema de fondo: ningún equipo de gobierno —ni el actual ni los anteriores— dejó sellado con tinta y sello oficial este supuesto compromiso universitario. Todo ha sido palabra, promesas, fotos y más fotos.
Y Aranda, ya lo sentimos, empieza a cansarse de las palabrerías. Porque cuando no hay papeles, todo depende de la voluntad de quien venga después. Y la experiencia nos dice que cuando se trata de Aranda, la voluntad siempre flojea.
Incluso se rumorea con fuerza que, si finalmente la UBU no se establece en Aranda, el espacio se ofrecerá a empresas privadas de formación. Y esto ya no es solo una decepción, es una vergüenza institucional. ¿De verdad ese era el plan B? ¿Renegar a toda una comarca de su derecho a estudiar en la pública, después de haber prometido formación universitaria durante años? ¿Habilitar espacios públicos, gastar en equipamiento con dinero de todos, para que luego lo gestione una entidad privada?
Cuesta creerlo. Pero aún cuesta más entender cómo, tras tanto tiempo hablando de “compromisos firmes”, no hay ni un solo convenio oficial firmado entre la UBU y el Ayuntamiento. Ni un papel que garantice nada. Solo buenas intenciones y titulares vacíos.
Y cada vez es más difícil no pensar que aquí hay algo más. Que no se trata solo de dejadez, sino de un plan —velado o no— para que Aranda de Duero no progrese, para que no despunte, para que no crezca como nodo universitario. No vaya a ser que alguien en Burgos pierda protagonismo. No vaya a ser que Aranda deje de ser esa ciudad intermedia, sin tren, sin campus, sin capitalidad, sin “peligro”. Porque el progreso de Aranda da miedo, eso lo sabemos desde hace tiempo.
Personalmente, dudo mucho que lleguemos al curso 2027/2028 con formación universitaria pública real de la UBU en Aranda. Y creo sinceramente que, si esta universidad no tiene voluntad de cumplir, se debería abrir la puerta a otras universidades de Castilla y León que sí quieran comprometerse con esta comarca sin mirar solo su propio ombligo institucional.
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