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¿QUIÉN DIJO MIEDO?

07/03/2018 0:09 | Virginia Pecharromán
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Todos tenemos miedos y necesitamos reconocerlos para enfrentarnos a ellos.

Quiero que hoy reflexionemos sobre nuestras vidas, cuántas cosas dejamos de hacer y decir, por vergüenza o por el qué dirán. Las personas tenemos  muchos prejuicios y pensamos que nos juzgarán los demás a cada paso que damos. En parte es cierto, los demás nos juzgan y nos critican, en la misma medida que nosotros también lo hacemos. Está claro, que hay personas más criticonas que otras, y también algunas se meten más en la vida del vecino que en la suya propia. Pero todo esto no debe coartar nuestra propia vida y no podemos dejar de hacer las cosas que queremos hacer. 

En la misma línea, nos puede pasar que dejamos de hacer o decir cosas porque nos cuesta, como por ejemplo, empezar una nueva actividad, hablar con nuestro jefe, decir algo que va a enfadar a un amigo o ser querido... Tenemos que pararnos a pensar qué estamos dejando de hacer, qué cosas siempre evitamos y dejamos para lo último. Esas cosas nos crean ansiedad, nervios o simplemente malestar y de ahí que no queramos hacerlas, y  enseguida las posponemos. Esto puede llegar a causar que siempre abandonemos cosas importantes que íbamos a ejecutar y  que se quedan por el camino. Reflexionemos, pensemos cosas que siempre hemos querido hacer y todavía no hemos hecho y después pensad, qué es lo que me impide llevarlas a cabo. Actualmente, este hecho se traduce en el término conocido como procrastinación, que es retrasar las obligaciones y postergarlas.

Una vez visto todo este asunto, siento deciros que la clave está en el miedo, en realidad todas aquellas cosas que no hemos llevado a cabo  en nuestra vida, es porque en nuestro interior actúa en mecanismo del miedo. Alguno dirá: "yo no tengo miedo". Y es cierto, porque tenemos la palabra miedo catalogada como algo que nos da pavor o terror, como algo más grave. Sin embargo, el miedo es esa sensación de malestar que sentimos cuando algo nos incomoda, y al evitarlo se crea una sensación cada vez más fuerte que tendemos a evitar. Cuando le estamos dando más importancia al qué pensarán, que al hacer lo que realmente quiero hacer, estamos hablando de un problema del que ni somos conscientes y que podríamos catalogar de miedo  social. Pensamos que los demás se enfadarán o nos retirarán el saludo, o simplemente nos pondrán mala cara,  y por eso no hacemos tal o cual cosa. Finalmente, podemos convertirlo en una fobia, cuando generalizamos a más situaciones  y por miedo o ansiedad, cada vez acotamos más nuestra vida hasta reducirla a un pequeño sector de rutinas de las que uno no sale  para no sentirme mal.

Es muy cómodo vivir sin malestar, sin salirnos de las cuatro cosas que hacemos a diario para no tener imprevistos y así controlar que todo vaya bien. Es nuestra zona de confort, en la que estamos tan a gusto. Pero esto, señores, no es vivir. Por esta cuestión es tan importante saltarnos las rutinas de vez en cuando, viajar, conocer gente nueva... Si siempre hacemos lo mismo y no nos salimos de ahí cualquier novedad nos supondrá ansiedad. Algo que las personas intentamos evitar a toda costa. Si en alguna ocasión empezamos a evitar situaciones como no ir a ciertos sitios o no enfentarme a ciertas situaciones, puede llegar un momento en el que cada vez nos cueste más y nos vayamos aislando sin darnos cuenta. Sin querer, al sentirnos incómodos con unas personas o con otras y evitarlas, uno se va quedando solo. Sí uno puede sentirse cómodo, pero estará desarrollando un problema de fobia social. 

El miedo es algo que va creciendo sin darnos cuenta, por eso al principio ni lo catalogamos de miedo, sino que es un simple malestar. Por eso, ¡Ojo! ¡Enfréntate a tus malestares diario para no crear fobias futuras!. Es mejor pasar un mal rato, que posponer y posponer, evitar y evitar, y así, generar un problema mayor. En el día a día, se nos plantean situaciones complicadas, pero que si no nos enfrentamos a ellas en el momento, se complican cada vez más. Por lo que es mejor quitárselo de en medio cuanto antes. Hay que experimentar las situaciones que llamamos problemas,  como retos a superar. Estos retos nos ponen a prueba, pero además nos hacen crecer y mejorar como personas. 

Dicen que el MIEDO es libre, todo el mundo tiene miedo, y aunque no lo reconozcamos como tal, es aquello que nos limita nuestra vida y nos impide hacer todo aquello que queremos. Hay que tener en cuenta que si nos enfrentamos a él, lo superaremos, pero no es tan fácil como se dice. Primero, es necesario ser consciente, y no negarlo, ni huir de aquello que nos perturba. Normalmente, somos dados a poner muchas excusas y explicarnos a nosotros mismos las múltiples razones por las que no hacemos algo y así es como dejamos de hacer muchas cosas que nos importan. Esto también es una gran pista para reconocer nuestros miedos. En segundo lugar, los miedos no deben convertirse en nuestros enemigos, porque es así como crecen y se hacen tan grandes que nos superan. Si los vemos como un aliado, nuestros miedos nos darán información sobre las cosas que nos importan. El miedo es una emoción y como tal nos sirve para actuar, nos dice qué es lo que tememos y nos hace conocernos a nosotros mismos y nuestras limitaciones. Finalmente, hay que enfrentarse al miedo, es la única manera de vencerlo. Solemos enfentarnos a cosas que nos importan y una vez que lo pasamos, nos damos cuenta de que no era para tanto. Esto sólo lo sabemos después, una vez superada la situación. Si generamos un estado en el que dejamos crecer los miedos, se llega a conseguir tener miedo al propio miedo. Esto no es algo banal, muchas personas pasan su día a día en las paredes de casa, por miedo a salir. En realidad es miedo a enfrentarse a situaciones que se crean en la calle y con las demás personas. Todos generamos a veces inquietud en lugares donde hay mucha gente y nos gusta ir cuando no hay nadie. Esa situación que evito, me puede generar un futuro problema de fobia social. Por eso, no dejen de ir de concierto, de inundarse de vez en cuando de una gran multitud. La soledad en exceso no nos conviene, somos seres sociales y es nuestro oxígeno para sobrevivir.

Os animo a enfrentar pequeños retos diarios y algún miedo inconfesable, para mejorar vuestras vidas. El miedo nos acompañará, pero siempre es mejor que limitarnos. Si lo enfrentamos, ese miedo será una pequeña molestia que pasará desapercibida enseguida. Sin embargo si lo evitamos, la ansiedad crecerá tanto, que terminará por ganarnos el terreno a nosotros mismos.

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