
Manuel Muñoz es el presidente del barrio de La Estación de Aranda de Duero y hoy queremos hablar con él para saber más de la situación de esta zona de la ciudad
- ¿Desde cuándo vives en el barrio y desde cuándo perteneces a la asociación?
- Llevo 41 años en el barrio, después de 16 años viviendo en el del Polígono. Me pasé al barrio de La Estación en 1984 y en 1995 entré en la asociación. De presidente llevo unos 20 años.
- Este lunes 24 de noviembre, a las 20:30 horas, celebráis una asamblea. ¿Hay visos de que vaya a haber renovación?
- No, y es una pena porque hay poca gente que quiera colaborar, aunque sí que quieren que se hagan cosas. Pongo un ejemplo, hace unos meses vino un señor y me dijo que había que reclamar al Ayuntamiento aparatos para que los niños jugaran. Yo le dije que me venía estupendamente, porque el martes venía gente del Ayuntamiento a reunirse con nosotros, así que nos ayudaría. Pero él me dijo que no, que no tenía tiempo. Nos pide que reclamemos nosotros, pero él no está por la labor de dar apoyo.
- ¿Cuántos socios tiene el barrio y cuántas familias viven aproximadamente?
- Unas 250 familias son socias y calculamos que viven unas 1.300 familias en el barrio.
- ¿Echas en falta más personas que colaboren en la asociación?
- Estaría bien que hubiese más, pero estoy contento con el trabajo que hacen los que sí lo hacen, sean o no de la junta directiva. Tenemos gente joven, como dos señoras que, aun teniendo sus trabajos y familia, están ahí al pie del cañón. Ahora están pintando para hacer el Belén que dentro de unos días tienen que poner. También hay una pareja de jóvenes, Félix y Lidia, que lo dan todo.
- ¿Te gustaría dejar la presidencia?
- Yo de momento me encuentro bien, pero reconozco que ahora no tengo la ilusión que tenía cuando empecé. A veces tienes la sensación de que no te escucha nadie y que les importa tres pepinos.
- ¿Te llegan críticas?
- Sí, por ejemplo este año me han dicho que las fiestas no eran como las de antes. Y es verdad, antes había dinero porque se cobraban las actividades, había más socios, y traíamos hasta seis hinchables, un toro mecánico, un futbolín humano y hasta un tren que recorría todo el barrio. Ahora no hay dinero y hay que pagar limpieza, teléfono…
- ¿Fue negativo para la asociación la prohibición de realizar actividades cobrando?
- Sí, aquí de golpe se me marcharon 80 familias socias. Y lo más gracioso de todo es que se me presentaron algunas mujeres diciendo que les tenía que devolver la parte proporcional de los seis euros que pagaron ese año por ser socios, porque esto ocurrió en marzo y ellas habían pagado hasta diciembre.
- Pero las actividades siguen existiendo…
- Menos, pero sí, y con la colaboración de personas que lo hacen gratis. Tenemos clases de guitarra, viene a ensayar una coral, se dan clases de apoyo a niños y también juegos. La sede está abierta todas las tardes y algunos grupos de señoras vienen a jugar a las cartas. Me gustaría que viniese más gente.
- ¿Cómo es la relación con el Ayuntamiento?
- Con el alcalde me he reunido solo una vez porque le vi y le pedí una reunión. Con quien más relación tengo es con la concejalía de Medio Ambiente, aunque en un momento me dijeron que no podía ir más porque tenían mucho trabajo y no me podían atender. También hablo con el concejal de Barrios. Antes teníamos más contacto con el Ayuntamiento y nos citaban a más reuniones.
- Háblanos de las carencias del barrio.
- Sobre todo en mantenimiento. No nos cansamos de ver baldosas huecas; calculo que el 80% de las baldosas están sueltas. Hacen falta bancos, y me dicen que los han pedido.

La recogida de hojas para evitar caídas es otra de las carencias del barrio./ DR
- Al barrio de La Estación llegará el nuevo hospital. ¿Cómo crees que va a repercutir?
- Es algo muy positivo porque conseguiremos que en el barrio se cierre del todo. Junto al hospital está prevista la construcción de viviendas, y eso quiere decir que seremos más gente. A ver si así mejoran los servicios, porque tenemos cuatro bares, pero no hay supermercados ni casi tiendas, han ido cerrando. La gente no puede comprar aquí y se va al centro.
- Hablemos del edificio Orfeón Arandino.
- Nunca he tenido problemas con las familias gitanas que viven allí. Eso sí, espero que con la puesta en marcha del hospital se solucione el aparcamiento que hay en esa calle, que es uno de los problemas que tenemos.
- ¿Es un barrio seguro?
- Mucho. No suelen suceder muchas cosas por aquí. Además, es un barrio muy amplio donde los padres pueden estar tranquilos cuando sus hijos juegan; no hay apenas accidentes de tráfico. Mejor no puede estar. Lo que pasa es que está un poco abandonado.
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