
Si la calidad del aire en el último año en Aranda de Duero ha sido en su mayoría buena o razonablemente buena, hoy lunes la situación es distinta. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a través de su índice nacional de calidad del aire, califica como “desfavorable” la atmósfera que se respira en la capital ribereña, advirtiendo de posibles efectos negativos sobre la salud, especialmente graves en los grupos de riesgo.
¿La causa? Un fenómeno cada vez más frecuente: la intrusión de polvo procedente del desierto del Sáhara, que en esta ocasión llega con mayor intensidad. Porque a ello se añaden los niveles elevados de partículas que llegan a consecuencia de los incendios que afectan a la comunidad, Galicia y Portugal.
Los datos recogidos a mediodía en la estación de control de Aranda muestran un repunte de las partículas PM10, es decir, pequeñas partículas sólidas o líquidas en suspensión con un diámetro inferior a 10 micrómetros. Aunque son invisibles al ojo humano, se inhalan fácilmente y pueden provocar molestias como tos, irritación ocular o dolor de garganta. En personas con problemas respiratorios o cardiovasculares, así como en niños y mayores, sus efectos pueden ser más severos. En concreto, frente al límite de 50 µg/m³, la medición alcanzó los 62,4 µg/m³.
El resto de contaminantes se mantienen en valores aceptables: el dióxido de nitrógeno se sitúa en 8 µg/m³, muy por debajo del límite europeo (40 µg/m³ anual y 200 µg/m³ horario), mientras que el ozono marca 51,6 µg/m³ sobre un máximo de 120. En cuanto a las partículas más finas (PM2.5), los niveles se encuentran en el límite de la normativa europea y por encima de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud, que advierte de sus posibles efectos en personas sensibles.
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