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En busca del reconocimiento internacional de las Bajadas del Ángel en España

Aranda de Duero impulsa un grupo de trabajo de ciudades que celebran esta tradición

24/10/2022 8:27 | DR
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El Ayuntamiento de Aranda de Duero ha impulsado un encuentro de localidades en las que se celebra la ‘Bajada del Ángel’ con la intención de crear un grupo de trabajo en el que compartir experiencias y estudios sobre esta peculiar celebración. De esta manera, se espera sentar las bases que puedan llevar a solicitar a la creación de una ruta cultural por las localidades que celebran la ‘Bajada’ o un reconocimiento “nacional o, incluso, internacional” de este particular evento que tiene lugar cada Domingo de Pascua.

“Podemos buscar coincidencias y diferencias de cada ‘Bajada del Ángel’ de nuestras localidades de forma que algún estudioso pueda encontrar algún punto de coincidencia y que en un futuro se pueda declarar que todas nuestras ciudades tienen algún valor con esta celebración”, ha señalado la alcaldesa de Aranda, Raquel González.

La primera toma de contacto ha sido en Aranda de Duero y ha contado con la participación de Roberto Díez, alcalde de Peñafiel (Valladolid) e Inés Monteagudo, regidora de Muros (La Coruña). También se había cursado invitación a los ayuntamientos de Tudela (Navarra), Ariza (Zaragoza) y Alfarrasí (Valencia).

Un encuentro en el que se ha constatado la similitud del evento que, independientemente de su duración, básicamente consiste en que un niño-ángel descienda, sirviéndose de un meticuloso juego de cuerdas y poleas, y retire el velo de luto a una imagen de la Virgen, a modo de anuncio de que su hijo ha resucitado.

También se ha apreciado el diferente grado de protección del acto, ya que mientras el de Muros no cuenta con ningún reconocimiento, aunque trabaja en conseguir el regional, el de Aranda de Duero está declarado ‘Fiesta de Interés Turístico Regional’ y el de Peñafiel, Nacional.

“Hay un interés importante por las tradiciones y hay que ponerlas en valor. Hablamos de la España vaciada y de las dificultades económicas que tenemos. Creo que el patrimonio, y el patrimonio inmaterial puede ser un ejemplo de poner en valor y generar riqueza y vida en el medio rural”, ha subrayado Roberto Díez.

 

 

La cita ha sido toda una oportunidad para disfrutar, seis meses después de su cita habitual, de la ‘Bajada del Ángel’ de la capital ribereña. Como es habitual, numeroso público se ha dado cita en la plaza de Santa María para contemplar cómo, con la misma pericia que lo hizo el Domingo de Resurrección, la pequeña Ana Maté, de apenas cinco años, ha descendido desde el globo colgado a varios metros sobre el suelo y ha retirado el velo de luto de la imagen de la Virgen de la Misericordia.

La ‘Bajada del Ángel’, nombre con que se conoce esta procesión en Aranda de Duero, Tudela y Peñafiel, pero que también adopta otras designaciones, como ‘La Palomita’ en Muros o ‘Angelet de la Cordá’ en Alfarrasí, es una representación singular que se ha conservado en apenas media docena de localidades españolas.

Sin tener muy claro su origen, que algunas voces sitúan en la Edad Media y otras la retrasan hasta hacerlo coincidir con los autos sacramentales propios del Barroco, lo que sí que parece estar claro es que, como subraya el historiador arandino Fernando Lázaro, nació “como «una representación de carácter religioso popular, para favorecer el acercamiento de creyentes a actos de culto» ya que en ese momento era más fácil llegar al sentimiento de los fieles a través de los sentidos.

Su celebración en el exterior, ha recordado la regidora arandina, podría estar vinculada a la prohibición en el Concilio de 1473 de llevar a cabo este tipo de representaciones en el interior de los templos, lo que obligó a trasladarlas a la vía pública. Se da la circunstancia de que uno de los principales valores de la Bajada arandina radica, precisamente, en el escenario en que se lleva a cabo, frente a la espléndida fachada gótica isabelina de la iglesia de Santa María.

La carencia de datos sobre esta representación podría estar relacionada con la prohibición de este tipo de eventos en el siglo XVIII, que sin embargo se retomaron con fuerza en el siglo XIX hasta llegar a nuestros días.

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