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Cuando los árboles no dejan ver el bosque. Esa es la frase que resume lo que voy a intentar explicar en estas líneas. Significa enfocarse en los detalles o aspectos pequeños de una situación perdiendo la perspectiva del panorama general o de lo que es verdaderamente importante. Pues eso, a grandes rasgos, es lo que sucede en este Ayuntamiento, en una práctica que intenta arrastrarnos a todos a las pequeñas minucias frente a las grandes necesidades.
Es llamativo que haya un mayor interés en trabajar para que los plenos duren menos que para llevar a ellos asuntos de calado, o para desviar la atención en un mail fantasma que para intentar resolver el asunto y aprobar la Relación de Puestos de Trabajo. O poner el foco de la transparencia en las fotos y currículum (que deben estar), pero no en ser cristalinos con la información y los expedientes. De presentar vehículos, estatuas, y folclores variados, pero no hablar (o comunicar) de los temas importantes, esos que se supone hay que priorizar. En qué punto está la ronda interna, qué pasa con la ampliación del polígono industrial, qué pasos se están dando para que se corte la cinta de la empresa municipal de servicios el próximo mes de octubre, o cómo se va a pedir una moratoria para la ARU si ni tan siquiera está la adjudicación en marcha. Parecía, por ejemplo, que se iba a detener el mundo cuando no se aprobó la ampliación de contrato del servicio de mantenimiento de parques y jardines hace un par de meses y, ahora, no pasa nada. Se pagan las facturas y dentro de diez meses, bofetón de realidad. Y mientras tanto, las hojas como pavimento en este momento del año son el fiel reflejo de la situación.
Lo del manual de buenas intenciones y maneras sobre los plenos, merece un capítulo aparte. La verdad, suena a chiste. Lo primero porque de buenas intenciones, maneras y relaciones carecen en demasía esas sesiones plenarias. Ahora, en un pequeño oasis de ‘flower power’ acuerdan (de intenciones, pero me temo que no de ejecuciones) que los plenos no van a durar más de dos horas y media, para que todos ‘conciliemos’. Qué generosidad. Por un lado, poca credibilidad se presupone cuando no va a ser vinculante y hace algo más de un año, desde la oposición se apuntaba a alargar los turnos de intervención y el número de ruegos y preguntas de los munícipes. Que los plenos son un tostón es evidente, lo sabemos todos los que los ‘sufrimos’, pero de ahí a que se quiera escurrir el bulto de la responsabilidad, hay un trecho. Habrá que poner el contador para comprobar cuánto duran estas intenciones y si el tiempo perdido en el debate y en la votación sirvió para algo, o fue una simple forma de perder el tiempo (estilo paripé). El reglamento municipal está por encima, y ese dice que las sesiones se pueden prolongar hasta las doce de la noche. Antes de la aprobación de ese reglamento, incluso nos llegaron a dar las tres de la mañana. En eso, los tiempos sí han mejorado.
PD: El cambio de la imagen institucional, sin duda, era necesario. La nueva versión, me gusta, siempre que se tenga en cuenta que la imagen de una ciudad no se puede limitar solo en un diseño o un ‘logotipo’.
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