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Aranda

Paco Santamaría: "La fotografía es un instante muy pequeño congelado que de otra forma te puede pasar desapercibido"

No le gusta que le hagan fotos, pero en su faceta de detrás de la cámara acaba de ser nominado a los Goya de fotografía por tercera vez

27/01/2019 7:38 | Begoña Cisneros
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Foto Noticia

El burgalés Paco Santamaría llegó a Aranda de Duero hace 24 años por motivos profesionales y en la capital ribereña es donde se ha forjado la vida también en lo personal. Recaló como fotógrafo de prensa, pero a eso se unió la apertura de un estudio que ha ido creciendo en el tiempo. Tras tres traslados, EspacioPS  se ha convertido en un lugar único donde se conjugan salón de exposiciones, creación de ideas, arte y, sobre todo, mucha fotografía. La calidad de sus trabajos queda patente para todos los que los conocemos. Pero por si hay alguna duda, acaba de ser por tercera vez nominado a los premios Goya de fotografía, un certamen al que concurren los mejores profesionales. Con él desayunamos este domingo en su estudio de la calle San Gregorio, ante una taza de café y un estupendo cruasán.

-Me han contado que te gusta mucho la pintura

-La pintura es algo que me ha gustado desde siempre. A los 8 años gané un concurso cuando estaba con mis padres en un pueblo. Me acuerdo también que me presenté a un concurso de pintura rápida que había en Burgos y como no tenía dinero hice un bastidor con unas tablas y un lienzo con una toalla de mi casa de esas de rayas de colores que clavé sin decir nada a mi madre. Me presenté con ello al concurso y pinté sobre la toalla una especie de retrato cubista de una flamenca. Lo seleccionaron y yo no me lo podía creer, a veces pienso que quizás fue por la toalla más que por el cuadro. La pintura me encanta pero nunca he sido buen dibujante ni buen pintor. Yo voy al Prado cada vez que puedo y me quedo horas viendo cuadros, incluso a veces como allí.

-¿Y por eso te iniciaste en la fotografía? ¿Porque no eras buen pintor?

- Quizás pensé que si hacía fotos era más fácil, y empecé a interesarme por la fotografía. Tenía un primo que estudiaba Bellas Artes que tenía acceso a cámaras y con él empecé a hacer fotos, a ayudarle a hacer sus prácticas de la Universidad. Fueron unos tiempos muy locos y una excusa fenomenal. Yo soy del barrio de Gamonal y muchos amigos de los que tenía acabaron mal. Mi situación familiar era buena, pero éramos chicos de barrio, muchos de ellos de familias desestructuradas, que estábamos en la calle todo el día. Siempre pasaba algo, uno desaparecía, el padre de uno se ahorcó, otro acabó en un centro de drogadicción…  Y agarrarme a la fotografía fue algo que me ayudó a abrirme y a salir.

-¿Y pensaste en hacerte fotógrafo?

- A mí me ha gustado la fotografía desde siempre, yo siempre he querido ser fotógrafo, lo tenía claro a pesar de que mi madre quería que hiciese una carrera. Comencé Ingeniería en Valladolid, luego Telecomunicaciones en Burgos, pero dije que no, que lo que yo quería era hacer fotos. Así que me matriculé en la escuela de imagen de Burgos. Y estudiando comencé a  trabajar en  Foto Villafranca donde aprendí un montón. Era una tienda pequeña pero se hacía de todo, bodas, bautizos, comuniones, foto de producto, revelábamos carretes, revelábamos fotos en blanco  negro a mano… También se hacían fotos de prensa para diferentes agencias y medios. Así entablé amistad con Félix Ordóñez , que fue la persona que me introdujo más. Le acompañaba los fines de semana a fotografiar partidos de fútbol y me lo pasaba bomba.

-Llegaste a Aranda precisamente como fotógrafo de prensa…

-Estuve un mes en Burgos trabajando en Diario en Burgos y me ofrecieron el puesto en Aranda. Me pintaba todo muy bien excepto las condiciones económicas, y he estado unos 20 años trabajando en la Ribera con ellos. Había veranos que hacía 2.000 kilómetros de pueblo en pueblo. El diario comenzó a presionar, más horas y menos dinero, y eso terminó reventando. Pero no he dejado la prensa porque siempre me ha encantado, sigo trabajando para la agencia EFE porque, a pesar de lo que paga, es como una especie de vinculación de amor hacia la prensa.

-¿Y decidiste a abrir tu negocio en Aranda, no?

-Me ofrecieron el negocio que había en Carrequemada y decidimos cogerlo, pero era un edificio muy viejo de adobe que se caía. De ahí pasamos a un local en la calle Josefina Arias de Miranda donde he estado diez años.

-Pero hace un par de años te trasladas a la calle San Gregorio…

-Siendo sincero, la razón fundamental del cambio es la económica. El negocio va bajando porque hay más competencia y a eso se une que en Aranda se pagan alquileres brutales por un local  y los negocios no los pueden soportar. Alguien debería preocuparse por lo que está ocurriendo, porque es el comercio el que da la vida a un pueblo y si cierra la gente ya no va a ir por la calle. Tuve la opción de comprar este local y me puse a hacer números. Con lo que ha costado la compra y la obra pago lo mismo que lo que pagaba de alquiler. Aunque es estrecho tiene mucha altura y vi que tenía muchas posibilidades, entra luz natural y empezé a hacer un proyecto con un amigo mío. Todavía está sin acabar, hay cosas que espero que se vayan haciendo poco a poco. Es un sitio en el cual me encuentro muy a gusto y eso me favorece creativamente.

-¿Se ven cosas en las fotografías que al natural no se perciben?

-Sobre todo en el retrato. Me encanta hacer retrato e interactuar con las personas. Siempre descubres una mirada… Y no soy ningún analista, pero hay cosas que pueden buscarse y se pueden provocar. La fotografía es un instante muy pequeño que congela y lo que haces es  observar ese pequeño instante que de otra forma te puede pasar desapercibido. Nosotros vivimos muchos instantes seguidos y hacemos una media visual, pero captar ese instante es lo que se consigue con una fotografía. El truco está en saber en qué momento tienes que congelarlo dependiendo de lo que quieras contar.

-Retrato, la foto de prensa, imagen comercial… ¿con cuál te quedas?

-Me gusta mucho el retrato, también prensa y las dos son compatibles. Lo que me gusta de la fotografía de prensa es estar en sitios que de otra manera no estaría, y conocer gente que  no conocería.  Y encima poder fotografiarla, es como ser un voyager de la vida. Me encantaría hacer proyectos, como cuando hicimos ‘Factory’,  que estuvimos durante dos años fotografiando y viendo cómo evoluciona el trabajo. Pero no se puede vivir de eso, tengo que tener los pies en la tierra.

-Pero nunca has dejado de hacer fotos de carnet, doy fe…

-Claro,  si alguien viene a hacerse una foto para el carnet la hago, que para eso estoy aquí, y si viene una persona a revelar desde el móvil la foto de su nieto la atiendo. Estás en una localidad pequeña y tienes que dar un servicio,  y hay que ser amable y ayudar en lo que se pueda sin pensar en que da más o menos dinero, porque al fin y al cabo todo suma.

-¿En qué estás trabajando ahora?

-Tengo varias cosas abiertas pero no sé dónde acabarán. Lo más inmediato es que acabamos de recoger la exposición de la azucarera de Madrid y la queremos llevar hacia el Norte, a Pamplona de momento porque  hay gente interesada en ella. También tengo varios proyectos personales, pero no digo nada por si acaso no salen. Muchas veces los proyectos no dependen de mí sino de otras muchas personas.

-¿Te gusta estar frente a la cámara y no sólo detrás?

-No me gusta nada. Entiendo que alguien se sienta mal cuando le hacen una foto, estar haciendo una foto es como robar una intimidad, una invasión y me siento incómodo. Lo que sí que sé es decir a la gente cómo tiene que posar para que la imagen salga bien. Cuando me han hecho fotos a mí, mi cara tiene que ser un poema de gesticulaciones, pero eso es fruto de que todos somos presumidos y queremos salir guapos.

-Has dirigido varios cursos de verano. ¿Seguirás?

-Han sido cinco años en los que hemos desarrollado diversos cursos  y mi intención sería la de continuar porque están teniendo mucho éxito.

- También realizas cursos de fotografía durante el año. ¿Hay interés en Aranda y la comarca por la fotografía?

-Hay interés por saber, pero no una continuidad. Mucha gente a la que he dado clases lo ha dejado por falta de tiempo, porque no le llama la atención o porque se frustra al no poder sacar una foto. Se piensan que la tecnología les va a hacer la foto, y los cursos que doy van encaminados a pensar que con un móvil puedes hacer una foto estupenda porque lo que se trata es de capturar una imagen. Lo importante es saber porqué la hago, qué quiero hacer, qué luz tengo, cuándo puedo hacerlo y cuando no. Si tengo una cámara que tiene ciertas posibilidades la exploto, y si no tiene no me molesto en buscar esas posibilidades y me concentro en otras porque se pueden hacer cosas muy interesantes también. Hay gente que se compra una cámara y luego hace un curso de fotografía cuando mi recomendación es la contraria, primero obtener algún conocimiento y luego comprarte la cámara que más se adapte al tipo de fotos que quieres hacer.

-Hablemos de los Goya de fotografía, has sido nominado tres veces de la  cuatro que te has presentado…

-Es una buena media, sí. La primera vez que me presenté no tenía ninguna esperanza, era cuando estábamos haciendo el proyecto de la azucarera y llevábamos más de un año con él. Llegó un momento en el que no sabía si lo que hacíamos era bueno o era una paranoia nuestra, entonces decidí presentarme para buscar una calificación profesional. Se mandó para ver qué pasaba y cuando lo nominaron me quedó claro que estábamos trabajando bien. Yo sé cómo califican ahí, hay un examen muy exhaustivo y es una vara de medir que me parece muy interesante. No vale cualquier cosa. La segunda vez me presenté con un montaje para ver si la segunda parte del proyecto funcionaba, la parte humana de la primera parte funcionaba pero la segunda nominación me demostró que la parte industrial y de publicidad también funcionaba.

-En esta ocasión hay dos protagonistas de la familia, tú y tu hija pequeña

- Envié cuatro retratos. Tres del ámbito de la moda y este, que me decidí a presentarlo porque veía algo. No sabía si es que me estaba dejando influir por el hecho de que es una de mis hijas, sabía que la imagen tenía algo y no sabía qué. Hay gente a la que le da paz, hay gente que le da relajación, hay gente que ve misterio, así que es una fotografía que provoca en el espectador ciertos estados de ánimo. Me hizo doblemente ilusión: porque fui seleccionado y porque además era por un retrato tan importante para mí.

-¿Qué haces en tus ratos libres?

-Fotos (ríe). Me gusta mucho estar con gente, hablar e intercambiar opiniones de todos los temas. Tengo la suerte de trabajar en lo que me gusta y ganarme la vida con ello. Me ha costado, pero lo he conseguido. El otro día me preguntaron cuántas horas trabajo y creo que realmente una cuatro horas al día, las que dedico a limpiar el estudio, acondicionarlo, a hacer una campaña de márketing en mis redes sociales que odio, y esa serie de cosas que no me gusta hacer. Luego me pongo a hacer o a retocar fotos. Es verdad que me pagan por ello, pero me reconforta y por eso no me importa estar doce horas trabajando. Mi madre me dijo que la fotografía la haría como hobby, pero he logrado que mi trabajo sea mi hobby.

-¿Estás contento de vivir y trabajar en Aranda?

-Estoy encantado porque hay mucha calidad de vida. Si algo echo de menos es tener cerca el mar, pero al mar no vas todo el tiempo y sigo yendo a menudo. Tengo Madrid al lado y en el día puedes ir y venir. Tengo Burgos y Valladolid cerca, y en la Ribera hay paisajes impresionantes. Encima, lo mejor, es que tiene una gente estupenda.

 
1 Comentario
 
 
 
Usuario  
#1   opino 27/01/2019 20:40:33
 
Enhorabuena, a la tercera va la vencida. Si es tu deseo espero que te lo lleves
 
 
 
 
 
 
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