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Agricultores y ganaderos hacen un balance del año

Un 2019 marcado por la sequía y la criminalización del sector por parte de la sociedad que le culpabiliza del cambio climático

25/12/2019 8:58 | DR
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La Alianza UPA-COAG hace, a punto de finalizar el año, un balance de lo que ha sido el 2019 en el sector agrario y ganadero. Un año, apuntan, en el que el sector ha sido especialmente criticado por parte de determinadas asociaciones, colectivos, instituciones y también políticos, “con argumentos simplistas y carentes de razón, responsabilizándolas de un sinfín de males, incluido el cambio climático”. Frente a estas infundadas críticas, desde la Alianza UPA-COAG reivindican “el papel fundamental que desempeñamos los agricultores y ganaderos en la lucha contra la crisis climática y contra el despoblamiento rural”.

Un año, el 2019 en el que no se ha abandonado la reivindicación de precios justos para los productos agrarios, “porque con unos altísimos costes de producción y un mercado desregulado que se inunda con producciones de terceros países que no utilizan los exigentes estándares productivos con los que trabajamos aquí, las explotaciones no alcanzan niveles de rentabilidad suficientemente remuneradores”, algo que provoca el cierre y la falta de incentivo para que los jóvenes se incorporen a la actividad.

Y en cuanto a la climatología, la sequía que se ha sufrido en 2019 ha sido dura, afectando a todo el territorio regional, y más severamente a la zona sur de la Comunidad, dejando una producción muy inferior a la media de los últimos 25 años reduciendo la renta agraria y provocando un importante aumento de costes en la alimentación del ganado.

Ha sido también, prosiguen, un año marcado por la ruptura unilateral del Acuerdo Marco Interprofesional por parte de Azucarera, lo que ha obligado a UPA y COAG a emprender medidas legales acudiendo a la Corte de Arbitraje para que sea este órgano de mediación en conflictos el que obligue a esta empresa de origen británico a cumplir los acuerdos firmados en el año 2014. También en el año 2019 el trabajo realizado por la Alianza UPA-COAG en los tribunales ha dado sus frutos y los remolacheros han cobrado las ayudas de 3 euros por tonelada que la Consejería les quitó en 2011. Y donde los tribunales han sancionado a nueve empresas lácteas por realizar conductas ilícitas contra los ganaderos.

El daño provocado por la fauna salvaje, apuntan, se ha intensificado este año. Los datos oficiales del 2019 apuntan que los ataques de lobos han disminuido respecto al 2018 pero la realidad apunta a que los ganaderos extensivos han visto incrementados los daños un año más, lo que demuestra la expansión descontrolada de la especie. Los daños de jabalís, buitres, ciervos, corzos y otras especies crecen.

Y ha sido también un año más en el que los datos poblacionales, de activos agrarios y de otros parámetros sociales “vuelven a demostrar la inacción de las administraciones para atajar el despoblamiento rural”.

 

Criminalización de la actividad

El sector agrícola y el ganadero, además de sufrir la dura sequía, se ha visto obligado a defenderse por el “posicionamiento irresponsable” de una parte de la sociedad, sobre todo de determinados colectivos animalistas, ecologistas ultras y radicales, asociaciones y plataformas de todo tipo, instituciones e incluso responsables políticos, que se han ocupado de lanzar ataques furibundos contra todo lo que representa el sector agrario. “Consideramos una autentica aberración escuchar argumentos como que las vacas son más culpables del cambio climático que los aviones o las industrias, ante lo cual denunciamos el interés manipulador que hay detrás de falacias de este tamaño. En este contexto, hemos sido un altavoz social para reivindicar la dignidad del trabajo de agricultores y ganaderos, y para seguir en la lucha por la defensa de un futuro mejor, sin discriminaciones ni falsas imágenes distorsionadas de la realidad”.

“En España, al sector agrario y ganadero nos han asignado el 12 por ciento de las emisiones, y éstas se reparten al 50% entre la ganadería y la agricultura. Se nos considera el segundo sector en emisiones, por detrás del transporte, pero nada se habla de nuestra contribución en la absorción de gases de efecto invernadero. Las plantas y árboles que cultivamos y gestionamos los agricultores convierten el CO2 en energía a través de la fotosíntesis. La ganadería extensiva previene incendios y evita más emisiones de CO2. Si se tuviera en cuenta lo que emitimos y lo que absorbemos, veríamos que el sector agrario es uno de los que menos contribuye al calentamiento global”, terminan diciendo.

 
 
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