
El historiador y divulgador de Arauzo de Miel Alfonso Benito Rica ofreció ayer sábado una charla en Peñaranda de Duero, dentro del proyecto ‘¿Te enseño mi pueblo?’, impulsado por la ADRI Ribera del Duero, en la que abordó la figura del cura Merino, su relación con la comarca y los mitos que han rodeado su trayectoria.
Aunque nació en Madrid, su pueblo es Arauzo de Miel, a donde regresa con asiduidad. Historiador, investigador y recreador histórico, lleva décadas recopilando información sobre la historia de su localidad y de su entorno. Su interés por el cura Merino se consolidó a raíz de las recreaciones históricas organizadas con motivo del bicentenario de la Guerra de la Independencia, especialmente las celebradas en Aranda de Duero, Peñaranda de Duero y Hontoria de Valdearados.
En esta entrevista explica quién fue realmente el cura Merino, qué papel desempeñó en la Guerra de la Independencia, cómo se construyó su leyenda y qué relación mantuvo con localidades como Aranda, Peñaranda, Hontoria de Valdearados, Baños de Valdearados y Lerma.
- ¿Cuál es tu vinculación con el proyecto ‘¿Te enseño mi pueblo?’ de la ADRI Ribera del Duero?
- Soy un arauzeño nacido en Madrid. El proyecto ‘¿Te enseño mi pueblo?’ se puso en marcha en el año 2018, aunque en 2017 se hicieron dos experiencias piloto. La primera fue en Zazuar, con Agustín, y después se desarrolló otra en Arauzo de Miel con dos voluntarias que han estado durante muchísimo tiempo, Feli y Dolores. En aquella época, entre 2015 y 2019, yo era concejal de Cultura en Arauzo de Miel. Cuando Héctor, a través de la ADRI, comunicó a los diferentes pueblos de la Ribera la puesta en marcha de este proyecto, me entusiasmó la idea y pensé que, por mi parte, podía salir adelante.
- ¿Tuviste apoyos?
- Se lo planteé a mis compañeros de corporación y me dijeron: “Si lo vas a hacer tú, si te lo vas a echar encima tú, pues hazlo tú”. Y así se puso en marcha. Arauzo de Miel fue uno de los primeros pueblos que se incorporaron al proyecto en 2018. Desde entonces, ha tenido mucho éxito desde el punto de vista turístico y cultural. Es una iniciativa muy interesante porque permite que los propios vecinos sean quienes enseñen su localidad, sus paisajes, su patrimonio y su historia.
- ¿Cómo surgió su interés por investigar la figura del cura Merino?
- Mi interés por la historia de Arauzo de Miel comenzó hace unos 30 o 35 años. Yo tenía la ilusión de escribir un libro sobre Arauzo, sobre sus orígenes, sus gentes y los acontecimientos que habían ocurrido en el municipio y que, con el paso del tiempo, habían quedado totalmente desapercibidos para la población actual. Quería investigar tanto cuestiones muy antiguas, incluso de la época de los dinosaurios, como acontecimientos mucho más recientes. Mi intención era ir recopilando información sin prisas y sin una fecha concreta para publicar el libro.
De esta manera llegamos a 2018, cuando ya tenía el trabajo prácticamente escrito. Sin embargo, me di cuenta de que no tenía un libro, sino un auténtico tomo que podía alcanzar las mil páginas. Para una publicación era demasiado. Entonces pensé que, donde unos podían ver un problema, yo podía encontrar una oportunidad. En lugar de reducir el contenido, decidí dividirlo en dos libros. Uno se publicó en 2018 y el segundo, en 2019.
Durante esa investigación aparecieron personajes que no eran necesariamente de Arauzo de Miel, pero que tenían interés desde el punto de vista geográfico, comarcal, regional o nacional. Entre ellos estaban El Empecinado y el cura Merino.
- Te metiste de lleno en las recreaciones históricas también…
- En el año 2008 se pusieron en marcha diferentes iniciativas con motivo del segundo centenario de la Guerra de la Independencia contra los franceses. En Burgos se organizaron recreaciones históricas con la Asociación de Amigos del Museo Histórico Militar de Burgos. En ellas se representaban combates de la época napoleónica, con uniformes de las tropas del cura Merino, del regimiento de Las Lanzas, de los Húsares Voluntarios de Burgos y de las tropas francesas que estaban acantonadas en Aranda y Burgos.
Poco a poco fuimos reuniendo uniformes y elementos que daban mucho realismo a las recreaciones. Las tres que más interés despertaron fueron las de Aranda de Duero, Peñaranda de Duero y Hontoria de Valdearados. En este último caso se recreó la emboscada del 15 de abril de 1812.
- ¿Participaste como francés o español?
- Dependiendo del año, podía estar vestido de francés o de español, porque nos intercambiábamos los papeles. Éramos un grupo de entre 70 y 80 personas, al que se sumaban voluntarios de los pueblos que se vestían con ropas de la época napoleónica, de Carlos IV o de Fernando VII. A partir de aquellas experiencias comenzó a crecer mi interés por el cura Merino. Recopilé toda la información que pude sobre las ocasiones en las que había estado en Arauzo de Miel y utilicé ese material para mi libro.
Pero después me di cuenta de que el cura Merino tenía una dimensión que iba mucho más allá del personaje histórico. Esa dimensión era el mito.
- ¿Qué diferencia hay entre el cura Merino histórico y el personaje legendario que ha llegado hasta nuestros días?
- Esa es precisamente la cuestión sobre la que giró la conferencia. Hay que diferenciar entre el mito y el personaje histórico. El mito puede construirse alrededor de una persona que realmente existió, pero a la que se atribuyen acontecimientos que nunca sucedieron. En otros casos, los hechos sí ocurrieron, pero se han distorsionado tanto que terminan siendo irreconocibles respecto a lo que vivió realmente el personaje.
El mito es muy atractivo porque suele recoger aquello que más llama la atención de la gente. Sin embargo, el trabajo del historiador consiste en investigar para separar esa leyenda de los hechos documentados: qué ocurrió realmente, dónde estuvo el personaje y cuáles fueron sus decisiones.
En el caso del cura Merino, nos encontramos con una figura histórica real, con actuaciones concretas, pero también con una enorme cantidad de relatos que se han ido transmitiendo y modificando con el paso del tiempo.

- Comencemos por el personaje histórico. ¿Quién fue el cura Merino y qué relación tuvo con la comarca ribereña?
- El cura Merino comenzó siendo un burgalés normal. Por circunstancias de la vida tomó los hábitos eclesiásticos y pasó a ejercer como párroco de Villoviado, su localidad natal. Ahora es una entidad menor de Lerma. Su vida, en principio, no tenía nada de extraordinario. Era el sacerdote del pueblo: celebraba misas, enterraba a los difuntos, casaba, bautizaba y atendía a sus feligreses desde el punto de vista de la doctrina católica. Todo cambió con la invasión de las tropas de Napoleón. Por razones personales que todavía no están suficientemente explicadas, decidió tomar las armas y luchar contra los franceses.
- ¿Qué pasó?
- Sobre el motivo de esa decisión existen varias versiones. Una de ellas sostiene que los franceses violaron a su hermana pequeña. Otra, mucho más pintoresca, cuenta que durante una requisa de alimentos en Villoviado le obligaron a transportar a cuestas el bombo de una banda de música hasta la ermita, algo que le habría enfadado enormemente. Pero esas historias forman parte del mito. Él no las contó y tampoco tenemos testimonios de personas que lo conocieran y que hubieran vivido esos hechos.
- ¿De dónde salen esos relatos?
- Aparecen mucho más tarde y algunas fueron utilizadas por sus detractores políticos para denigrarlo. El cura Merino tomó partido entre 1820 y 1823 por el sector conservador contrario al Trienio Liberal y, posteriormente, apoyó a los carlistas en la guerra por la sucesión de Fernando VII.
En mi opinión, sus adversarios políticos buscaron desacreditarlo mediante relatos cómicos o aparentemente verosímiles. Es una forma de convertir en gracioso algo que, en realidad, fue trágico: la decisión de un sacerdote de abandonar su vida anterior, echarse al monte y luchar con el riesgo de morir.
- ¿Cómo comenzó su trayectoria militar durante la Guerra de la Independencia?
- Entre 1808 y 1814, el cura Merino inició su actividad militar con una partida conocida como la de la Cruz Roja. No tenía ninguna relación con la Cruz Roja actual. El nombre hacía referencia a la cruz de San Andrés, un aspa de color rojo que identificaba a los combatientes nacionales que luchaban contra los franceses.
Numerosos civiles se organizaron en partidas armadas siguiendo el decreto de la Junta Suprema de Sevilla, que hasta 1810 representaba el poder de la parte borbónica del Estado. El cura Merino participó en diferentes combates, con mayor o menor fortuna, pero siempre bajo las armas y las banderas de la parte nacional. Primero actuó bajo la autoridad de la Junta Superior de Sevilla y, después de 1810, del Consejo de Regencia, cuando la invasión francesa se extendió por Andalucía. No fue simplemente un guerrillero al margen de cualquier autoridad.
En ese periodo comenzó a construirse una parte importante de su leyenda, especialmente a raíz de la emboscada de Hontoria de Valdearados, en abril de 1812.
- ¿Qué ocurrió en la emboscada de Hontoria de Valdearados?
- Las fuerzas del cura Merino se enfrentaron al segundo batallón del cuarto regimiento de la Legión del Vístula, formado principalmente por soldados polacos. Ese batallón sucumbió ante las tropas del cura Merino.
La emboscada tuvo una enorme repercusión y fue uno de los hechos que contribuyeron a consolidar su leyenda. Sin embargo, alrededor de ella se han construido diversos mitos que es necesario revisar a través de la documentación de la época.

Francesada en Hontoria de Valdearados./ @La Francesada
- Cuéntanos alguno de esos mitos
- Uno de ellos es que todos los soldados que participaron eran polacos. En realidad, también había 26 soldados franceses, pertenecientes al regimiento de Lanceros de Berg y a un regimiento de caballería. Eran pocos, pero estaban allí. Algunos de los que sobrevivieron consiguieron huir a caballo hasta Aranda de Duero para evitar ser apresados. Los que no lograron llegar a la localidad fallecieron durante el combate.
En total, el cura Merino reconoce que murieron 64 hombres durante la emboscada. No sabemos exactamente qué ocurrió con todos esos cadáveres. Sí sabemos que fueron recogidos en el lugar del combate, pero la documentación no explica qué sucedió después con ellos.
- ¿Qué papel desempeñó Aranda de Duero en aquellos acontecimientos?
- Aranda tuvo una relación directa con la emboscada de Hontoria de Valdearados. Las tropas derrotadas por el cura Merino habían partido de Aranda y formaban parte de la guarnición que se encontraba en la localidad.
Por eso, los hechos no deben analizarse únicamente desde el punto de vista de Hontoria o de Peñaranda. También afectaron directamente a Aranda y a toda la comarca.
Algunos de los soldados que consiguieron escapar de la emboscada huyeron precisamente hacia Aranda. La localidad constituía un punto de referencia militar importante en aquella zona y estaba vinculada a los movimientos de las tropas francesas.
- Uno de los aspectos más polémicos es el destino de los soldados polacos capturados. ¿Qué ocurrió realmente?
- Existe el mito de que el cura Merino fusiló a 110 polacos después de la emboscada. Pero, según la documentación consultada, no los fusiló, sino que ordenó degollarlos.
Hay que situar el hecho en el contexto de la época. No se trata de justificarlo, sino de entender cómo se desarrollaban las represalias durante la Guerra de la Independencia. Se evitaba gastar munición y se recurría a ejecuciones con armas blancas.
El cura Merino actuó como represalia por el ahorcamiento de miembros de la Junta Superior de Burgos y de soldados españoles. Un mes antes, a principios de abril de 1812, se había producido el ajusticiamiento de miembros de esa Junta en Soria. Los cuerpos habían sido colocados en horcas y expuestos, según los relatos de la época, hasta quedar a merced de las alimañas. Era una situación de enorme violencia y generaba un deseo de venganza entre los combatientes españoles.
El cura Merino decidió ejecutar esa represalia de acuerdo con sus oficiales. Además, no ocultó lo que había hecho: comunicó por escrito la actuación a sus superiores, al VII Ejército español y a la Junta Superior de Burgos, que en ese momento se encontraba escondida en la zona de la Sierra de Burgos y Soria.
En el documento se explica que se ejecutaron veinte soldados por cada uno de los miembros de la Junta y otros diez por cada uno de los soldados que, según creían, habían sido ahorcados en Aranda de Duero. En realidad, algunos de esos soldados habían conseguido escapar, pero el cura Merino y sus hombres no lo sabían. Ellos pensaban que también habían sido ejecutados.
Es un episodio muy duro, pero forma parte de la historia y debe analizarse a través de las fuentes y del contexto. No podemos juzgarlo exclusivamente desde la mentalidad actual, sin tener en cuenta la violencia y las circunstancias de la época.
- ¿Se puede decir que el cura Merino tenía fama de cruel y sanguinario en su tiempo?
- No exactamente. Esa imagen de personaje cruel y sanguinario se extendió especialmente a finales del siglo XIX y durante el siglo XX. Esa fama salió, principalmente, de quienes eran sus contrincantes políticos, que fueron muchos y muy distintos. Hay que tener en cuenta que el cura Merino tuvo diferentes posicionamientos a lo largo de su vida y terminó enfrentándose a sectores políticos que contribuyeron a difundir una imagen negativa de él.
- ¿Qué papel desempeñó Pío Baroja en la construcción de esa imagen del cura Merino?
- Pío Baroja fue uno de sus grandes detractores. En su novela “El escuadrón del brigante”, que es una obra magnífica para entretenerse, relata lo que pudo ser una partida de guerrilleros, aunque no debe confundirse una novela histórica con un libro de historia. Baroja calificó al cura Merino como un “cura de misa y olla”, una expresión que contribuía a ridiculizarlo. Su posición anticlerical también influyó en la imagen que transmitió del personaje.
A través de esa novela se difundió una representación del cura Merino como alguien sucio, desarrapado y sin escrúpulos. Pero debemos recordar que estamos ante una obra literaria, no ante una investigación histórica.
- Entonces, ¿la imagen que tenemos actualmente del cura Merino está muy condicionada por la literatura y la propaganda política?
- Sí. Con el paso del tiempo, el personaje histórico y el mito se han mezclado. Algunas actuaciones reales se han exagerado y otras se han transformado. El trabajo de los investigadores consiste en acudir a los documentos de la época y comprobar qué sucedió realmente. En el caso de la emboscada de Hontoria de Valdearados, por ejemplo, existen fuentes que permiten revisar la versión que se ha transmitido durante generaciones.
No se trata de presentar al cura Merino como un héroe sin matices, ni tampoco de convertirlo en un personaje completamente negativo. Hay que estudiar sus decisiones, sus actuaciones y las circunstancias en las que vivió.
- También existe una confusión entre el cura Merino y el sacerdote conocido como el regicida. ¿De dónde procede ese error?
- El cura Merino nació en 1769 y falleció en Alençon, en Francia, en 1844. Sin embargo, cuando uno busca en internet “cura Merino”, en muchas ocasiones aparece la figura del cura Merino regicida. Entonces se produce una confusión: parece que el cura Merino intentó asesinar a Isabel II. Pero eso no es correcto.
El sacerdote que intentó asesinar a Isabel II fue Martín Merino, párroco de Arnedo, que vivía en Madrid. El cura Merino del que estamos hablando, Jerónimo Merino Cob, ya había fallecido y estaba enterrado en Alençon. Eran dos sacerdotes diferentes. No tenían relación entre sí y ni siquiera llegaron a conocerse.
Este es un ejemplo muy claro de cómo se construye un bulo. La información incorrecta se repite, se transmite y termina creciendo como una bola de nieve. Con el tiempo, el mito acaba sustituyendo a la realidad histórica.
- La vida del cura Merino estuvo marcada por varias etapas políticas y militares. ¿Cómo evolucionó su trayectoria después de la Guerra de la Independencia?
- Podemos hablar de tres grandes etapas. La primera corresponde a la Guerra de la Independencia, entre 1808 y 1814, cuando luchó contra las tropas napoleónicas.
La segunda se desarrolló entre 1820 y 1823, durante el Trienio Liberal. En ese momento tomó partido por los sectores conservadores contrarios a la Constitución de Cádiz de 1812. La Constitución planteaba un sistema parlamentario, mientras que el cura Merino defendía el regreso al antiguo régimen, con instituciones como el Consejo de Castilla y el Consejo de la Corona de Aragón.
- ¿Y la tercera?
- La guerra carlista. Tras el Trienio Liberal se recuperó el absolutismo y se abolió de nuevo la Constitución de Cádiz. Pero después murió Fernando VII y heredó el trono su hija, Isabel II. Algunos sectores no aceptaban que una mujer pudiera heredar la Corona española y apoyaron a Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII y tío de Isabel II. Estos partidarios terminaron siendo conocidos como carlistas.
- Pero al finalizar se exilió a Francia…
- Ganó Isabel II. En 1839 se produjo el Convenio de Vergara, que supuso un acuerdo y una amnistía para muchos carlistas. Se les permitió integrarse y se les perdonaron las actuaciones que habían llevado a cabo durante la guerra. Sin embargo, hubo sectores que no aceptaron el acuerdo y decidieron continuar la lucha o marcharse al exilio. Uno de ellos fue el cura Merino.
- ¿Cómo fueron sus últimos años en Francia?
- El cura Merino marchó al exilio a finales de 1839 o comienzos de 1840. El Gobierno francés lo confinó en Alençon, una localidad francesa de la que no podía salir. Allí permaneció hasta su muerte, en 1844. Con él se trasladaron algunos familiares y personas que habían combatido a su lado. Era un grupo reducido, de aproximadamente una docena de personas, aunque el número pudo variar.
El Estado francés les proporcionaba una cantidad de dinero mensual para que pudieran subsistir, de acuerdo con un convenio establecido con España.
- Murió en Alençon y allí fue enterrado inicialmente, pero sus restos regresaron a su tierra…
- El traslado se produjo gracias a diferentes iniciativas impulsadas en el siglo XX, especialmente por José María Codón, historiador, investigador y abogado burgalés.
Codón se puso en contacto con los descendientes de algunos de los hermanos del cura Merino y fueron ellos quienes reclamaron sus restos mortales para que pudiera ser enterrado. Se encuentran en Lerma, en una plaza situada entre el actual Ayuntamiento y el antiguo convento de las Clarisas.
- ¿En qué investigación está trabajando actualmente?
- Además de mi colaboración quincenal con Tu Voz en Pinares, estoy escribiendo una biografía de un personaje que conoció al cura Merino: Martín González de Navas. Fue un sacerdote arauceño que estuvo relacionado con las Cortes de Cádiz, aunque no como diputado, sino como asesor en algunas comisiones. También participó en la vida política del Trienio Liberal, entre 1820 y 1823. Lo interesante es que, aunque ambos eran sacerdotes, sus posiciones políticas eran diferentes. Martín González de Navas era liberal, mientras que el cura Merino defendía el sector conservador.
También he investigado a Juan Ángel González de Navas, que fue el primer alcalde constitucional de Aranda de Duero entre 1820 y 1821. Publiqué su biografía en la revista Biblioteca, hace aproximadamente seis o siete años.
Los cuatro personajes - el cura Merino, Martín González de Navas, Juan Ángel González de Navas y El Empecinado- se conocieron entre sí. Durante la primera etapa de la Guerra de la Independencia fueron aliados y amigos. Más tarde, durante el Trienio Liberal, se convirtieron en contrincantes políticos, y volvieron a enfrentarse durante la guerra por la sucesión de Fernando VII.
Es una historia muy interesante porque permite comprobar cómo las relaciones personales y políticas pueden cambiar a lo largo del tiempo. Los que en un momento fueron aliados, después pudieron convertirse en adversarios.
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