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"Me encanta enseñar mi casa cueva y los que vienen se quedan muy sorprendidos de lo que ven"

Hablamos con Inda, el único habitante de una de las casas cuevas de Torregalindo

26/06/2022 7:32 | Begoña Cisneros
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Nació en Torregalindo pero a los 13 años se marchó a vivir a Madrid con sus padres regresando al pueblo sólo durante las vacaciones. Pero ahora, ya jubilado desde hace años tras trabajar como camionero, puede presumir de que es la única persona que habita en el lugar donde los primeros moradores de la zona pudieron asentarse aprovechando las oquedades de la ladera de una montaña orientada al sur, en una casa cueva. Su nombre: Indalecio Martín, aunque quienes le conocen le llaman “Inda” desde siempre. Con él, y dentro de su casa cueva, charlamos este domingo.

Pero antes, situémonos. Para llegar a la casa cueva de Inda se entra por un merendero, que es el único espacio que no está bajo tierra, y desde él se accede a la zona excavada en la roca. En el interior la casa cuenta con tres habitaciones, un taller, un espacio para la bodega y un asador que se sirve de la zarcera a modo de chimenea.

-Eres el único habitante de una casa cueva en Torregalindo y me cuentan que todo fue por amor.

-Sí, hace 12 años conocí a la que es mi compañera, Chus. Ella vive en San Sebastián y yo vivía en Madrid, pero nos veíamos todos los fines de semana en el pueblo. Y por ella nació todo. Una noche que estábamos en la bodega nos dieron las seis de la mañana. Hacía muchísimo frío y nos daba pereza bajar a casa. Comentó que si tuviese una cama allí se quedaría a dormir. Se lo pregunté una vez y varias veces más y continuó diciendo que sí, así que a partir de ahí yo me lie para adecentarlo todo.

- Me imagino que el trabajo fue intenso.

- Muchísimo, porque lo que quería era poder estar de pie por todo el espacio y tuve que picar hacia varias direcciones. También arreglé el piso e incluso quité un pedrusco muy grande que soportaba una cuba de vino. Me dijo mi hijo que no la quitase porque suponía mucho trabajo. Y yo en principio dije que no lo quitaba, pero en cuanto se fue me puse a ello.

- Y luego llegaron las ampliaciones…

-Sí. La primera me llegó de una herencia familiar por parte de mi tía. La segunda la conseguí por una casualidad, porque picando me pasé un poco hacia la otra bodega. Se lo dije a mi padre porque estaba muy disgustado por lo que había hecho y él me preguntó que si la quería. Y seguido yo le contesté que, si me la vendía por supuesto que sí. Así que él habló con el propietario que era amigo suyo y consiguió que me la vendiera. Luego llegó la tercera, y ahora he comprado otra parte que es la que quiero unir, así que me tengo que poner a desescombrarla y arreglarla.

- ¿Es fácil comprar bodegas?

- No es nada fácil porque la mayoría tiene muchos propietarios y nadie quiere vender, así que con eso sólo se consigue que las bodegas este medio hundidas porque tampoco hacen nada en ellas. Es de todos y no es de nadie.

 

 

-  Las visitas guiadas que los ribelizadores hacen en Torregalindo añaden la visita a la casa cueva en su recorrido.

- Ven todo el pueblo y cuando pasan por mi merendero entran y no tengo ningún problema. A mí me encanta enseñarlo y se quedan muy sorprendidos de lo que ven.

- Es un verdadero atractivo turístico que podía potenciarse más si más gente optase por arreglarlas. ¿Cómo crees que debería actuar el Ayuntamiento para evitar su deterioro?

-Somos un poco malos porque no te vende nadie una bodega para arreglarla. Es un poco como el perro del hortelano que ni come ni deja comer… Yo creo que la lucha para el mantenimiento de estas casas cueva iría por aprobar una ordenanza que obligase a los propietarios a arreglarla, a no dejarla caer.  Entonces, si un propietario o un grupo de propietarios no hace nada por ella, que la bodega revirtiese al ayuntamiento. Así pienso que las arreglarían o si no las venderían para que alguien lo hiciese.

- ¿Qué dicen tus nietas cuando vienen a verte?

-Ellas se lo pasan de lujo. Son pequeñas y cuando vienen se meten dentro para jugar con sus amigas. De repente nos juntamos con un montón de chicos a merendar y eso nos encanta.

- ¿Cómo es la ventilación de una casa que está bajo la tierra?

- La de esta está muy bien aunque no haya ventanas, porque las zarceras hacen su función y consiguen que la casa esté aireada y que no haya nada de humedad. La zarcera era de una bodega de las que compré y estaba toda obstruida. Allí he sufrido lo que no sabe nadie para quitar todo lo que había. Se había metido la tierra para dentro y era muy difícil de quitar tanto por arriba como por abajo.

- ¿Y la temperatura? Me imagino que es un sitio fabuloso porque en invierno no hará mucho frío y en verano se estará muy fresco.

-Pues mira, en cualquier casa para la cama hay ropa de verano y de invierno. Yo aquí tengo puesta la sábana, la manta y el edredón todos los días del año. La temperatura es la misma tanto en invierno como en verano, entre 14 y 15º, y es una gozada dormir aquí, además sin ningún ruido, se descansa muchísimo.

- ¿Cuándo se jubile tu compañera dejará San Sebastián y se vendrá a vivir al interior de la tierra?

-Si mi mujer estuviera jubilada ya, sería la más feliz del mundo allí viviendo en la cueva todo el tiempo. Yo me fui pequeño de Torregalindo y cuando venía a de vacaciones no me gustaba ir al campo. En cambio, Chus me ha animado. Ella fue también la que me propuso poner un huerto.

 
 
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