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"No sabía dónde estaba ni qué hacía allí, pensaba que era una broma pesada pero pasaba el tiempo y seguía atada"

Ha vencido al COVID y de la lucha se lleva el agradecimiento a los que la han cuidado

29/07/2021 11:04 | Begoña Cisneros
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Desde este miércoles se encuentra por fin en su casa de Valdeande, pero lleva en su espalda un periplo de más de un mes luchando contra la COVID. Esther ha vivido durante todo este tiempo una experiencia muy dura, pero afronta el futuro con mucho optimismo. Y se lleva algo muy bueno de lo que ha pasado: la profesionalidad de las personas que trabajan en los hospitales y el agradecimiento por el trato tan humano que ha recibido.

El primero en ingresar en el hospital Santos Reyes de Aranda de Duero fue su hijo, que con 21 años y tras pasar unos días confinado con fiebre llegó al centro comarcal para hacerse una prueba y decidieron subirle a una habitación para recibir tratamiento. Tres días más tarde ingresaba la madre. “No creía que estaba tan mal, porque aunque llevaba unos días sintiéndome algo rara no me preocupé ya que en las pruebas daba negativo, pero comencé a inquietarme cuando después de ducharme me di cuenta de que no olía al jabón que utilizaba”, nos cuenta.

La trajeron al hospital de Aranda y directamente fue hospitalizada, pero la cosa fue a peor y dos días después viajaba en una ambulancia camino del HUBU. Tras dos días ingresaba en la UCI. Allí pasó 22 días y se sintió perdida. “No sabía dónde estaba ni qué hacía allí, pensaba que era una broma pesada pero pasaba el tiempo y seguía atada”, relata Esther.

Pero hay algo que no olvidará, una mano que de vez en cuando tomaba la suya dándole un cariño que necesitaba y unas palabras de aliento que le aportaban esperanza. “Además de hacer bien su trabajo han sido como mi familia. Me ha emocionado mucho que no sólo se comporten con profesionalidad, sino también que me hayan dado un trato humano impresionante”, comenta la ribereña, que muestra su agradecimiento a todos los trabajadores. “Y cuando digo todos quiero decir todos, desde los cocineros, hasta los de la limpieza, las enfermeras o los médicos”, apunta agradecida.

También, aunque sin poder moverse, ha podido tener algún contacto con sus hijos y su marido. “Tenían una tablet disponible para realizar videoconferencias y era la única forma de verlos”, recuerda Esther, asegurando que es algo que le ha tranquilizado mucho y por lo que también siente gratitud.

Del hospital pasó a una habitación donde ha estado recuperándose 10 días. Ayer miércoles recibía el alta y regresó a Valdeande. Y aunque confinada puede estar más cerca de su familia y salir al patio “para que me dé el aire, porque es algo que necesito mucho después de haber estado tanto tiempo encerrada”. Eso sí, respirando con la ayuda de una máquina de oxígeno que espera dejar de utilizar en breve para retomar su vida, aunque sea lentamente, pero sintiéndose muy querida y cuidada también por los suyos.

 
 
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