
El yacimiento celtíbero de Klounioq, situado en la localidad ribereña de Quintanarraya, se ha convertido este verano en un aula al aire libre para tres jóvenes universitarios que participan en la actual campaña arqueológica dentro del programa Campus Rural, impulsado por el Gobierno de España.
Los estudiantes, procedentes de Castilla y León y La Rioja, están completando su formación práctica en un proyecto que les permite conocer de primera mano todas las fases de una excavación arqueológica, al tiempo que se integran en la vida cotidiana de el pequeño municipio ribereño.
El equipo lo forman Muna Robles, natural de León y estudiante del Máster de Arqueología de la Universidad de Granada; Roberto González, de Valladolid y alumno del Grado en Historia de la Universidad de Valladolid; y Gonzalo Sodupe, riojano que cursa Geografía e Historia en la Universidad de La Rioja.
Durante las mañanas trabajan directamente sobre el terreno, retirando estratos, delimitando estructuras y documentando cada hallazgo. Por las tardes, la labor continúa en el laboratorio, donde limpian, dibujan y catalogan las piezas recuperadas para incorporarlas al registro científico de la excavación.
Primeros resultados prometedores
Aunque la campaña apenas supera la primera semana de trabajo, los arqueólogos ya han recuperado materiales que refuerzan las hipótesis planteadas por el proyecto de investigación.
Entre los descubrimientos más destacados figuran restos relacionados con actividades metalúrgicas, como evidencias de fundición, además de abundantes fragmentos cerámicos, restos óseos de animales y diversas piezas metálicas.
Para los jóvenes investigadores, la experiencia está resultando especialmente enriquecedora. En el caso de Roberto González, que participa por primera vez en una excavación, cada hallazgo supone un aprendizaje. "Todo lo que aparece resulta emocionante cuando es la primera campaña en la que participas", reconoce.
Arqueología y vida rural
La estancia en Quintanarraya también está permitiendo a los estudiantes conocer de cerca la realidad del medio rural. La implicación de los vecinos ha sido constante desde su llegada, facilitando su día a día y mostrando una estrecha colaboración con el equipo arqueológico.
Los propios participantes destacan gestos como la ayuda de los habitantes del pueblo para realizar la compra o la rápida solución a pequeños problemas cotidianos, como la reparación de una fuente situada junto al albergue donde se alojan.
Fuera del horario de excavación y del trabajo de laboratorio, los jóvenes aprovechan para recorrer el municipio y compartir tiempo con los vecinos, una convivencia que consideran parte fundamental de la experiencia.
La campaña de Klounioq no sólo contribuye al conocimiento de la antigua cultura de los arévacos, sino que también ofrece a los futuros arqueólogos una visión práctica del papel que puede desempeñar esta disciplina en la conservación del patrimonio y en la dinamización de los pequeños municipios.
Imagen: @ Proyecto Klounioq
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