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"En Linares no dejaron solo el pasado, sino todo aquello que pensaban que legarían a sus hijos y a sus nietos"

Hablamos con la escritora Montserrat Iglesias, que se adentra en la historia de Linares del Arroyo con su libro ‘La marca del agua'

02/01/2022 8:16 | Begoña Cisneros
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No cabe duda de que uno de los libros estrella para los ribereños en 2021 ha sido La marca del agua de la escritora Montserrat Iglesias publicada por la editorial Lumen. Trata de un tema cercano que toca la fibra a todas aquellas personas que de alguna manera están relacionadas con Linares del Arroyo, un pueblo que quedó anegado por el agua por la construcción de un embalse en cuyo interior se concentran miles de historias. Con su autora queremos hablar de recuerdos, pero también mirando hacia adelante.

-Decidiste que tu primer libro estuviese dedicado al recuerdo de los tuyos. ¿Por qué?

-En primer lugar, porque los temas sobre los que escribo son siempre la familia y la muerte, y de eso habla, más que de cualquier otra cosa, La marca del agua. Y, en segundo lugar, porque era un acto de justicia. Nosotros somos la última generación que hemos oído de la boca de sus antiguos habitantes las historias de aquel Linares y creía que era necesario que la esencia de esas historias no se perdiese para siempre.

-Imagino que habrás vivido momentos intensos escribiéndolo, ¿has pasado ratos amargos?

-Claro que se pasan momentos difíciles. Es maravilloso cuando un lector se te acerca o te escribe diciéndote que le ha gustado tanto la obra que se la ha leído en dos tardes. Pero, a la vez, pienso: “Madre mía, ¡con los cientos de horas de trabajo que he dedicado a estas páginas!”. Es como cuando te pasas toda una mañana cocinando y todo desaparece de la mesa en diez minutos. Escribir, al menos para mí, es un trabajo arduo, lento, muy solitario, y la mayor parte de las veces voy a ciegas. Ahora todo el mundo me habla de la naturalidad con la que se expresa Marcos, el narrador y protagonista, pero nadie sabe lo que me costó que sonara bien esa voz. Creo que fue lo más complicado todo y no me avergüenza decir que la frustración me hizo llorar muchas veces.

-Las historias de tu abuelo son la marca que quedó en el agua y que a ti te han inspirado para escribir la novela. ¿Fue muy duro para los que tuvieron que abandonar el pueblo donde habían nacido?

-Para que se entienda lo que supuso para mis antepasados linarenses trasladarse a La Vid o marcharse a localidades y ciudades mucho más lejanas, siempre cuento una anécdota de mis padres. Mi padre es de Linares y se fue a La Vid con su familia siendo un niño, y mi madre es de San Esteban de Gormaz. No hay ni veinticinco kilómetros entre las dos localidades, pero ninguno de los dos conocía el pueblo del otro hasta después de casados, y ¡estamos hablando ya casi de los años 70! Así que nos podemos imaginar lo pequeño que era el mundo de una población rural a finales de los 40. Para ellos fue terrible saber que tenían que marcharse de su casa, que había sido la casa de su familia durante generaciones, abandonar su sustento, sus costumbres y tradiciones, dejar a sus muertos debajo del agua. En realidad, no dejaban solo el pasado, sino todo aquello que pensaban que legarían a sus hijos y a sus nietos. Sentían también que se les arrebataba la seguridad de un futuro.

 

 

Imágenes cedidas por Montserrat Iglesias

 

-Ya has podido comprobar las reacciones de muchas personas que han leído el libro. ¿Son buenas?

-No puedo estar más agradecida a los lectores. Me imagino que solo se dirigen a ti aquellos a los que les ha gustado la novela, pero es tanta la alegría y la extrañeza que te produce cuando te hablan con esa pasión de algo que has escrito. Y no solo las personas de mi entorno o aquellas que sienten esta historia mucho más cercana, como aquí en la Ribera o en las Hoces del Río Riaza, donde la acogida no ha podido ser mejor, sino en muchos otros sitios. Hay historias maravillosas, como una mujer que me dijo en una presentación de Madrid que el libro le había ayudado, pues su hermano se había suicidado el verano pasado; o un señor muy mayor de Segovia que compuso un soneto después de la lectura de La marca del agua y me lo envió; o ayer mismo me escribió un hombre de Aragón por Instagram y me dio las gracias “por existir”. Eso no hay dinero que lo pague ni corazón tan grande que lo consiga agradecer como se merece.

 

- La portada del libro es la imagen de un caballo blanco. ¿Por qué se ha elegido?

-La portada es todo un hallazgo de la directora literaria de Lumen y Alfaguara, María Fasce. Desde que vio la foto de Isabel Muñoz en El País Semanal supo que era la portada del libro y no descansó hasta conseguirla. Creo que es uno de los mayores aciertos de la edición, pues Noble, el caballo de Marcos, es el que lleva a los personajes en el carro desde Hontanar (el nombre de Linares en la novela) al pueblo nuevo, y tiene con ellos una relación muy particular, sobre todo con Marcos, del que se convierteen su alter ego. Noble es un macho de trabajo, así que no se parece en nada a este caballo blanco, pero es como si lo hubiésemos espiritualizado para la portada. Me encanta.

-Es la primera novela tuya pero no lo primero que escribes. Lograste el primer premio Alma Negra Ediciones por la novela corta El terraplén y una beca para el máster de Narrativa de la Escuela de Escritores. ¿Desde cuándo escribes?

-Mi caso es un poco especial. Contaba historias desde que me enseñaron a sostener el lápiz. Recuerdo mi primer cuento, a lo mejor no tenía ni seis años, de unos guisantes que hablaban.Tres años después de la muerte de mi abuelo, a los dieciséis, intenté escribir un cuento, titulado El pantano, en el que ya aparecía la historia de la familia. Por supuesto, no fui capaz y fue tal mi desencanto que dejé de escribir casi hasta los cuarenta. Ahora que ya he conseguido sacar adelante esta historia, no quiero abandonar de nuevo la escritura, así que estoy con un nuevo proyecto.

-Profesora de Lengua y Literatura en un instituto de Secundaria, ¿dónde te sientes más feliz? ¿En el aula con tus alumnos o frente a una hoja en blanco?

-El aula es mi auténtica vocación y me lo paso realmente bien, mientras que la escritura, cuando hablas de algo que de verdad te importa, hay que extraerla de un pozo muy hondo, por lo que muchas veces es dolorosa. Por lo tanto, la respuesta está clara: soy más feliz con mis chicos. No obstante, escribir es finalmente maravilloso porque vas más allá de ti mismo. Cuando relees lo que has escrito tiempo después, te preguntas: “Pero ¿esto de verdad lo he hecho yo?”. Y hay una sensación de estar trascendiendo que no te lo da ninguna otra cosa en la vida. Quizás ocurra lo mismo con los hijos… ¡Pero un libro da mucha menos guerra después de que has conseguido, al fin, ponerlo en el mundo!

 

 

 

 

 
3 Comentarios
 
 
 
Usuario  
#1   el aguijon 02/01/2022 17:00:50
 
me ha gustado el libro a pesar de su triste historia, leer como se obliga a todo un pueblo a abandonar su vida y sus raices es muy penoso, menos mal que eso lo hicieron lo ejecutaron los catolicos y no las personas sin corazon y materialistas.
mi enhorabuena y agradecimiento por el libro, nos permite conocer mejor el pasado de nuestros pueblos y gentes.
 
 
 
 
 
 
Usuario  
#2   opino 02/01/2022 19:59:10
 
Lo tengo, todavía no he tenido tiempo para leerlo. Pero me está interesando cada vez más .

Contar una historia real, como es la inundación de un pueblo, con una mezcla de historias ficticias mezcladas con hechos reales, es una de las cosas que mas me atraen de este tipo de libros.

Lástima que mas personas de las que hablan tanto, y se creen poseedoras de la verdad, no lean, porque según ellas no lo necesitan. Y luego cuentan su verdad.
 
 
 
 
 
 
Usuario  
#3   Bocadelaverita 03/01/2022 4:14:11
 
Yo lo.leí hace un par de meses. Me encantó, en todos los sentidos: conocer este trozo de nuestra Historia tan silenciado y que ocurrió aquí al lado; además, la manera de narrar de la escritora es magnífica, un estilo con mucha escuela detrás con algunos fragmentos poéticos, con unos personajes y una trama ficticios muy bien construidos. LITERATURA DE LA DE VERDAD.
 
 
 
 
 
 
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