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Cultura

"España está a falta de cultura"

El pianista Mario López Santos hace una reflexión sobre la situación cultural actual

26/11/2017 10:14 | Raquel Carcedo
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Aunque no pueda acarrear su piano allá donde él viaje, siempre tiene hueco para llevar a Aranda en su maleta. Mario López Santos es un enamorado de su ciudad natal. Y de la cultura. Y de la música. Temas de los que habla en su entrevista para Diario de la Ribera.

 

¿Cuál fue la primera obra que recuerda haber interpretado?

La primera obra que recuerdo se llama El caballero del bosque, de Robert Schumann. Fue la primera pieza que mi profesora, Mariví Renedo, puso en mis manos.

 

El piano es uno de los instrumentos más bonitos. Pero también de los más incómodos a la hora de transportarlo. ¿Cómo hace para practicar cada vez que viaja?

Evidentemente, cuando viajas no puedes llevar el piano contigo, aunque existen teclados desplegables que no he utilizado nunca personalmente. Al lugar que vas, o tienen un piano cerca donde poder ejercitarte o, si no, tampoco pasa mucho porque el trabajo ya está hecho. Yo, con llegar un par de horas antes del recital me es más que suficiente para calentar un poco los dedos y conocernos el piano y yo para iniciar nuestra particular relación.

 

¿Puede pasar más de un día o más de dos sin tocarlo?

No debería, pero desde luego que sí. Sí que es verdad que tres días que pases sin practicar son dos semanas que has perdido de agilidad, pero también conviene alejarse de vez en cuando de algo que, de lo contrario, podría convertirse en una obsesión.

 

¿Con quién le gustaría compartir teclado?

Hay cuatro músicos que han marcado mi vida.

El primero es Nacho Cano. Más que un ídolo de juventud, significó un asidero en el que apoyarme cuando las horas de estudio de piano clásico podían conmigo. Me ponía a tocar canciones de Mecano -especialmente de las de Nacho- y me aliviaba todos los males.

El segundo es George Winston. Con diecisiete años, un amigo me regaló un disco de este pianista y compositor y se me hizo la luz. En su música encontré el formato perfecto, entre lo clásico y el pop, que yo tenía en mi cabeza para la música que yo quería hacer y que no acababa de darle forma.

El tercero es Ivo Pogorelich. Es un inmenso pianista clásico, un poco outsider dentro de los cánones de ese rancio mundo y que me enseñó el camino del pianista clásico, fiel a la partitura, pero osado y arriesgado en su interpretación.

El cuarto es Brad Mehldau, un auténtico genio del jazz. Quizás el mejor dotado técnicamente que yo haya visto nunca y con una capacidad creativa fuera de toda lógica académica. Una bestia con dos manos que se multiplican por diez cuando improvisa.

 

Si no fuera pianista, ¿en qué sector se ve?

Por desgracia, mi sustento de vida no es el piano, me dedico a la docencia. Desde hace veinte años soy profesor de secundaria en las asignaturas de Música y Geografía e Historia en La Salle, en Madrid. Aterricé por casualidad en la educación y se convirtió en un disfrute desde el primer momento. A día de hoy, sigo disfrutando como el primer día que entré en una clase y pensé ‘esto me va a gustar…’.

Más allá de las circunstancias, si no hubiera estudiado música, seguro que hubiese tenido algún tipo de acercamiento a cualquier otra disciplina artística no plástica.

 

¿Cree que hoy en día se escucha buena música?

El que quiere, sí. Aquel que quiere encontrar algo más allá de lo que le viene impuesto por el mainstream lo tiene más fácil que nunca. Hoy en día se encuentra toda la música existente a lo largo de la historia con solo abrir una aplicación. No es cuestión de que a la gente le guste más o menos una música u otra, o un programa de televisión u otro. Es cuestión de comodidad y de no tener capacidad de criterio para elegir lo que quiero o lo que me viene impuesto. Me repugna lo fácil, la falta de interés por salirse de lo convencional.

 

Usted… ¿es más de música en directo o de disfrutar en soledad de una buena grabación realizada en un buen estudio, con su correspondiente postproducción?

Todo tiene sus momentos, pero la vibración -incluso física- que produce la música en directo, ese piel con piel frente al creador, no la tiene un disco que escuches en tu casa. Aunque en ese momento también puedes saborear otros detalles o matices que un directo no te puede ofrecer.

 

¿Cree que la cultura española está a falta de música en directo?

Creo más bien que España está a falta de cultura, en general. Yo llevo siendo profesor durante veinte años y he percibido cómo en los últimos años se producía en los adolescentes un brutal empobrecimiento de los valores y los criterios estéticos, morales e ideológicos. Sin duda, el desprestigio que de la cultura y los artistas se ha hecho desde muchas instituciones, ha fomentado este empobrecimiento y aborregamiento generalizado del personal, posiblemente de manera intencionada.

 

¿Qué escucha Mario López Santos? Confiésenos el título de alguna de sus listas de reproducción en Spotify…

Escucho, fundamentalmente, aquello que, por un lado me emociona y, por otro lado, me causa cierto interés musical. En mi lista no faltarían un buen puñado de piezas clásicas -sobre todo de piano-, alguna canción de Mecano, algo de George Winston o Brad Mehldau, quizás Radiohead, Héroes del Silencio, Kepa Junquera, Ismael Serrano, Vetusta Morla -el grupo más interesante a nivel musical e instrumental que ha surgido en España en los últimos veinte años- y alguna que otra banda sonora. Por ejemplo, de la última versión cinematográfica de Los Miserables.

 

Algunos mientras cocinan, otros cuando leen, incluso hay quien lo hace en la ducha. ¿Y usted?, ¿cuándo escucha música?

Principalmente, supongo que, como todos, en el coche y en casa, ya que es cuando puedo elegir lo que me apetece oír en cada momento. Si salgo a cenar o a tomar una copa, no me queda más remedio que adaptarme a lo que pongan en el garito de turno, aunque suelo escoger aquellos que sé que me pueden ofrecer algo de mi gusto.

 

¿Y cuándo canta?

En sentido figurado, muchas veces. En el sentido más literal, reconozco que tengo una voz muy fea para cantar, pero entono con bastante gusto. Aún así, procuro limitar bastante mis actuaciones vocales en público… por lo que pueda pasar.

 

 
 
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