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"Mientras existan personas entusiastas que luchen por mantener la tradición, ésta seguirá viva"

El músico Alfredo Blanco del Val acaba de escribir un libro sobre el dulzainero Teófilo Arroyo y con él nos adentramos en su vida

18/10/2020 7:58 | Begoña Cisneros
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Alfredo Blanco del Val ha sido el encargado de elaborar el libro que sobre el músico y dulzainero de Sotillo de la Ribera, Teófilo Arroyo Callejo, acaba de editar la Diputación de Burgos. No es el único estudio que hace sobre este compositor ribereño y sobre su figura queremos hablar con él. Alfredo es vallisoletano y allí vive, pero tiene ascendencia y lazos ribereños. Su abuelo materno nació en el Monasterio de La Vid donde su padre trabajaba como molinero, su primer destino profesional de larga duración como pediatra fue la Ribera de Duero, aquí recibió enseñanzas de dulzaina con el maestro José Requejo, y de Aranda procede su compañera de viaje.

 

-¿Quién fue Teófilo Arroyo?

-Teófilo Arroyo Callejo nació un 04 de Julio de 1909 en Sotillo de la Ribera (Burgos). Fue un excelente músico, compositor, arreglista y dulzainero. Empezó a estudiar música a los nueve años siendo su maestro su padre y su primera actuación en público la realizó con 15-16 años en Roa. Desde entonces acompañó a su padre por los pueblos castellanos hasta que tuvo que acudir al servicio militar, donde perteneció a la Banda de Música del Regimiento de San Marcial. Tras su licenciatura se dedicó por completo a la dulzaina en compañía de sus hermanos, formando una agrupación de dos dulzainas y caja, alternando este trabajo con el cultivo de la tierra. Al estallar la Guerra Civil en 1936, estuvo integrado en la Banda de Música de la Falange en Burgos como primer clarinete, hasta el año 1938 que fue trasladado a los distintos escenarios de la Guerra Civil Española; volviendo a la dulzaina una vez terminado el conflicto, sobre los años 40, pero esta vez en compañía de su padre. Teófilo por imperativo de los nuevos tiempos que corrían, se despegó de la música tradicional para poder seguir trabajando, retomando de nuevo la dulzaina al comprar en 1959 una construida por su abuelo.

En 1968 participó en el Certamen Nacional de Dulzaineros celebrado en Palencia; obteniendo el primer premio, galardón que volvió a ganar de nuevo con posterioridad.

Teófilo Arroyo Callejo fue un notable y valiente compositor, que nos ha legado un repertorio de hermosas melodías a dos voces, ritmos de baile “modernos” popularizados por la radio y los discos, tales como pasodobles, valses, fox-polkas, habaneras, tangos, sambas y mazurcas, abriendo uno de los caminos posibles para la pervivencia de un instrumento que estaba experimentado un declive importante. Igualmente, Teófilo fue impulsor, profesor y director de la Escuela Municipal de Dulzaina de Burgos; a quien la Ciudad otorgó el título de Hijo Adoptivo en reconocimiento a su lucha por mantener viva la dulzaina en Castilla y por lograr el resurgir de ésta en Burgos.

-¿Cómo llegaste a él?

-Empecé a conocer el nombre de Teófilo Arroyo Callejo cuando, desde bien temprano, empecé a tocar con la dulzaina sus piezas, el pasodoble “Empieza la Fiesta”, el vals “Angelito”, el tango “Con sentimiento” o la jota “¿Cuándo vendrá?”. Posteriormente, mi paso profesional por la ciudad de Burgos me permitió estudiar la figura de los dulzaineros burgaleses y darme cuenta que había un nombre que se repetía de forma continua: Teófilo Arroyo Callejo. Mi inquietud y curiosidad me llevó a profundizar en la figura del maestro de Sotillo de la Ribera, descubriendo en él un referente como músico, compositor, arreglista y sobre todo como persona.

-Pero no solo era él, sino que su padre y su abuelo le iniciaron para tocar en las dulzainas castellanas que ellos construían. ¿La dulzaina actual no sería igual sin esta familia?

-Teófilo nació en el seno de una de las más afamadas e importantes sagas de dulzaineros y constructores de dulzainas de Castilla, conocidos en la Ribera del Duero como “Los Pollos”; tanto su padre Victorino, como su abuelo paterno Hipólito fueron prestigiosos constructores y dulzaineros, grandes artífices y pioneros que han mantenido viva la dulzaina cuando todos la daban ya por muerta en Castilla. Inicialmente, las dulzainas castellanas carecían de llaves, siendo instrumentos diatónicos; “Los Arroyo” fueron unos de los primeros artesanos que añadieron las llaves a la dulzaina, pasando ésta a ser un instrumento cromático, con lo que aumentaban sus posibilidades interpretativas; esta mejora la realizaron en la misma época que también la desarrollaron los vallisoletanos Ángel Velasco (que realizó una patente en 1906) y Bruno Ontoria y la palentina saga de los Adrián. Estamos hablando de principios del siglo XX, esas dulzainas con llaves fueron una revolución y han sido la base de las dulzainas actuales, que han continuado evolucionando y mejorando, gracias al trabajo de constructores como Lorenzo Sancho de Carbonero el Mayor (Segovia)

-Y además creó la Escuela Municipal de Dulzaina de Burgos. ¿Crees que se hubiera perdido el folklore de la provincia sin su labor pedagógica?

-Realmente la Escuela Municipal de Dulzaina de Burgos empieza a gestarse cuando la Comisión de Festejos y Cultura Popular, el 30 de abril de 1977. En Sesión Plenaria del Excelentísimo Ayuntamiento de Burgos, hace un llamamiento en defensa y promoción de las costumbres populares, y en especial de la dulzaina cuyo eco, refiere, se hace cada día más difícil de percibir debido al desarraigo e indiferencia de las generaciones actuales, proponiendo la creación de una Escuela Municipal de Dulzaina. Esa comisión estaba presidida por Antonio García Martín y entre sus vocales había personas muy relevantes en el mundo de la cultura tradicional burgalesa como Concepción Madorrán o Justo del Río. La escuela no empezó su andadura hasta el año 1979, y en desde un principio se pensó en Teófilo Arroyo Callejo como profesor de ella, labor que desarrolló magistralmente, llegando a ser nombrado director de la misma.

Como recoge Jaime L. Valdivielso Arce en su artículo “Crisis, decadencia y recuperación de la dulzaina y otros instrumentos de música popular en la provincia de Burgos”, en el año 1974 el periodista Vicente Ruiz de Mencia realizó una entrevista al maestro Justo del Río, en el diario burgalés La voz de Castilla que llevaba por título “La dulzaina se muere”. En él el maestro afirmaba que no quedaban más que ocho músicos dulzaineros: tres en la capital y cinco en la provincia. La Escuela Municipal de Dulzaina ha sido fundamental para la recuperación del instrumento tanto en la Ciudad de Burgos como en la provincia, labor que siguen desarrollando hoy en día junto con otras escuelas en la provincia como la Escuela Municipal de Folklore de Aranda de Duero.

La provincia de Burgos es muy rica en folklore y actualmente gracias al esfuerzo de muchas personas mantiene viva sus tradiciones, las escuelas de folklore, han sido y son, garantes del mantenimiento de las tradiciones locales.

 

Portada del libro

 

-No solo te has dedicado a escribir sobre él, sino que incluyes en el trabajo una reproducción de las partituras manuscritas que se conservan y un audio con interpretaciones suyas. ¿Cuánto tiempo has estado trabajando en el proyecto?

-Empezó a rondarme la idea a medida que iba descubriendo datos sobre el maestro sotillano, uno de los hallazgos fundamentales fue encontrar en el Archivo Municipal de Burgos los originales manuscritos por Teófilo Arroyo Callejo de los diez temas, a dos voces, que compusieron el librito “Música popular castellana para dulzaina” que apareció en 1982, a raíz de su nombramiento como Hijo Adoptivo de la Ciudad de Burgos. Ya intenté hacer una publicación en el año 2013 con motivo de la cercanía de los 25 años de su fallecimiento. Posteriormente tuve la gran suerte de contactar con la familia Arroyo, en concreto con su nieta Irache, y gracias a ellos encontramos las grabaciones inéditas del Maestro, acompañado por otros grandes músicos tradicionales burgaleses. Estas grabaciones existen gracias a su hijo Ángel, que fue quién las realizó en los años 80 del siglo pasado. A lo largo del año 2019 se realizó la convocatoria de publicaciones burgalesas de la Excma. Diputación de Burgos, con los nuevos hallazgos puede presentar este proyecto, siendo seleccionado y pudiendo verlo hecho realidad.

-¿Se toca la música de Teófilo Arroyo en la actualidad tal y como él la concibió o se cometen muchas variaciones?

-Como he comentado, sus temas forman parte habitual del repertorio de los dulzaineros castellanos. Para mi maestro, Rafael Cubillo, forman parte importante del repertorio que enseña a sus alumnos, siendo fieles a la tradición interpretando la partitura original. Gracias a que la dulzaina es un instrumento vivo y a que tenemos grandes intérpretes de dicho instrumento, los temas compuestos por Teófilo, que en su día ya fueron muy modernos en su momento, continúan adaptándose e interpretándose con dulzaina acompañada por otros instrumentos modernos. Ejemplos claros los tenemos en las grabaciones de los grupos Atabal, La Musgaña, Divertimento Folk, Hexacorde, la Asociación Cultural Plaza de Castilla o Cira Q.

-Tocas la dulzaina… ¿sobre todo música de Arroyo?

-Llevo más de veinte años tocando y continúo aprendiendo, el ensayo y el estudio diario es fundamental para poder ir avanzando, como en todo en esta vida. Como ya he comentado, desde bien temprano empecé a aprender piezas de Teófilo Arroyo Callejo y forman parte de mi repertorio habitual: Empieza la fiesta, A la Orilla del Río, Con Sentimiento, ¿Cuándo vendrá?, A mi nieta Irache, En la Plaza, Con Amor, Recuerdos de Ayer…alguna me falta aún por aprender.

-¿Tendrá algo que ver la procedencia de Teófilo Arroyo para que en la Ribera del Duero exista tanta tradición a la dulzaina, o es algo que ocurre en todas partes?

-La tradición de tocar la dulzaina en la Ribera del Duero es antigua, se extiende por tierras de Valladolid, Burgos y Soria. Era habitual que los dulzaineros se moviesen siguiendo el río Duero para acompañar en fiestas y otros eventos, no siendo raro encontrar músicos vallisoletanos como “los Pichilines” o José Bernabé “Taratatí” tocando en la provincia de Burgos o Soria, o arandinos como los hermanos Zapatero en tierras sorianas. De hecho, en los años de la decadencia de la dulzaina, el núcleo donde más se conservó la tradición fue en la confluencia de las provincias de Segovia, Valladolid y Burgos, con grandísimos intérpretes. Creo que el secreto de tanta tradición está en el carácter alegre de las gentes de la Ribera del Duero.

-En Aranda tenemos un músico que ha convertido la dulzaina castellana en una dulzaina flamenca, Samuel Brogeras. ¿Qué te parece ese desarrollo musical con un instrumento totalmente castellano?

-En Aranda de Duero hay grandes virtuosos de la dulzaina. Samuel Brogeras en su álbum Masdar demuestra la versatilidad de un instrumento como la dulzaina, interpretando ritmos distintos de los tradicionales castellanos y obteniendo un sonido al alcance de muy pocos. Teófilo Arroyo Callejo tuvo el valor de crear música para dulzaina ajustándola a los ritmos de moda de la época, el vals, la mazurka, el tango o la samba, demostrando que la con la dulzaina se puede tocar todo tipo de piezas musicales. En estos momentos, hay grandes dulzaineros en Castilla y León, Madrid o Guadalajara, que continúan componiendo y adaptando temas para dulzaina, innovando y acercando al gran público un instrumento que no solo está hecho para jotas y procesiones. Gracias a todos ellos mi entusiasmo por el instrumento no deja de crecer.

- ¿Qué cualidades son las que más te gustan de la dulzaina en comparación con otros instrumentos?

-Me encanta su potencia, aunque esto haga que tengamos problemas para encontrar un lugar adecuado para ensayar; me encanta su sonoridad y afinación en Fa sostenido, aunque dificulte tocar acompañado de otros instrumentos; me encanta, que un dulzainero y un redoblante, sean suficientes para dar vida a las fiestas de un pueblo, desde la procesión al baile; me encanta poder disfrutar tocando acompañado de tantos amigos que he conocido gracias a ella y poder compartir con ellos el tercer tiempo.

-¿Morirá la música y la danza tradicional tal y como hoy la conocemos?

-Sinceramente, espero que no. Mientras existan personas entusiastas que luchen por mantener la tradición, ésta seguirá viva en la música, en la danza y en la indumentaria, en la artesanía y en la arquitectura popular, etc. Nadie sabe, a ciencia cierta, hacia donde evolucionaremos y menos con el Coronavirus entre nosotros, cosas impensables en tiempos de nuestros abuelos hoy son realidad y desconocemos lo que generaciones venideras verán con sus ojos…, pero si se siembra el conocimiento de la tradición, ésta continuará.

Imagen del entrevistado: Pilar Busnadiego Burgoa

 

 
 
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