
El Villa de Aranda acaricia la permanencia en ASOBAL cuando apenas restan dos jornadas para bajar el telón a la temporada. El conjunto ribereño ha dado un golpe casi definitivo sobre la mesa tras su victoria del pasado fin de semana en el Santiago Manguán, un triunfo que ha cambiado por completo el panorama de un equipo que hace apenas un mes parecía condenado a sufrir hasta el último segundo.
La clasificación empieza ahora a sonreír a los de Javi Márquez. Con 21 puntos en su casillero y varios de sus rivales directos obligados a enfrentarse entre sí, el equipo arandino tiene la salvación mucho más cerca de lo que muchos imaginaban hace unas semanas. La reacción del Villa de Aranda en este tramo final de campeonato ha llegado en el momento exacto.
El calendario tampoco parece el peor escenario posible para los ribereños. El próximo compromiso será ante Puente Genil, otro de los conjuntos que pelea por escapar de la zona peligrosa. Un partido de esos que valen más de dos puntos y en el que el Villa de Aranda podría dejar prácticamente cerrada la permanencia si consigue sacar algo positivo. Después llegará el cierre liguero frente al Ademar León, ya con la esperanza de que el trabajo esté hecho antes de la última jornada.
Las cuentas empiezan a salir en Aranda. Una sola victoria más podría bastar para asegurar matemáticamente la continuidad en la máxima categoría del balonmano español. Incluso perdiendo ambos encuentros, las opciones seguirían siendo importantes debido a los cruces directos entre los equipos de abajo. Por eso, en el entorno del club ya se empieza a hablar abiertamente de “salvación virtual”.
Pero más allá de los números, hay algo que ha cambiado en las últimas jornadas y que quizá explica mejor la situación actual del equipo: las sensaciones. El Villa de Aranda vuelve a competir con intensidad, ha recuperado firmeza defensiva y, sobre todo, ha reencontrado la conexión con una afición que volvió a responder en el Santiago Manguán como en las grandes tardes.
La victoria ante Ciudad Real dejó una imagen muy significativa al término del encuentro. Jugadores y grada celebrando juntos algo más que dos puntos. Porque en Aranda todos son conscientes de lo que supondría mantener otro año más al equipo en ASOBAL.
Todavía no hay nada cerrado. El balonmano ya ha demostrado demasiadas veces que no entiende de confianzas. Pero a falta de dos jornadas, el Villa de Aranda depende de sí mismo y tiene la permanencia mucho más cerca que hace apenas unas semanas. Y eso, ahora mismo, ya es muchísimo
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