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Las comunidades de regantes del Canal de Guma, Cabecera del Río Riaza y San Isidro de Tórtoles de Esgueva están ultimando estos días la puesta en marcha de distintos proyectos de modernización y digitalización del regadío financiados a través del segundo PERTE del ciclo del agua.
Las actuaciones, impulsadas con fondos europeos Next Generation dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, han supuesto una inversión conjunta superior a los 1,2 millones de euros.
El objetivo principal de estos proyectos pasa por mejorar la eficiencia en el uso del agua mediante herramientas tecnológicas que permitan controlar mejor el riego, reducir consumos energéticos y optimizar los recursos hídricos.
Entre las mejoras implantadas destacan sistemas de telecontrol, sensores de humedad en el suelo, monitorización en tiempo real, herramientas cartográficas GIS y sistemas inteligentes de control hidráulico y fertirrigación.
La mayor inversión corresponde a la Comunidad de Regantes del Canal de Guma, que ha ejecutado actuaciones por valor de más de 714.000 euros. El proyecto incluye control digital del volumen de agua utilizado, monitorización del estado hídrico del suelo y sistemas para controlar retornos de riego y posibles filtraciones a aguas subterráneas.
Además, esta comunidad ya había desarrollado previamente otra fase de digitalización gracias a la primera convocatoria del PERTE, con actuaciones valoradas en más de 437.000 euros.
Por su parte, la Comunidad de Regantes Cabecera del Río Riaza ha destinado cerca de 396.000 euros a implantar inventarios digitales, servicios GIS y sistemas avanzados de control y seguimiento del riego.
En el caso de San Isidro de Tórtoles de Esgueva, las actuaciones han contado con una financiación superior a 92.000 euros y han permitido desarrollar aplicaciones de gestión electrónica, herramientas cartográficas y soluciones de apoyo al telecontrol y eficiencia energética.
Gracias a estas nuevas tecnologías, las comunidades podrán disponer de información en tiempo real sobre las necesidades de agua de los cultivos y el funcionamiento de las infraestructuras de riego. Esto permitirá ajustar mejor los aportes de agua a cada parcela, reducir pérdidas y mejorar la rentabilidad de las explotaciones agrícolas.
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