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Entrevistas DR

"Desde niño me sentí muy atraído por descubrir el funcionamiento de la naturaleza y usarlo para crear nuevas realidades"

David Martínez Martín es un biofísico arandino que desarrolla su actividad laboral en Basilea, Suiza

08/04/2018 10:12 | Raquel Carcedo
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Del instituto arandino Sandoval y Rojas a investigador en la Universidad Politécnica Federal de Zurich en su departamento de Basilea. David Martínez Martín es un biofísico arandino que a sus treinta y seis años ya cuenta con una larga trayectoria que le ha llevado a pasar por Universidades como la de Columbia (Nueva York), la de Berkeley (California) o la de Regensburg (Alemania).

Uno de sus logros recientes ha sido la fabricación de un dispositivo que sirve para medir el peso de las células vivas. En la entrevista que ha concedido a Diario de la Ribera, Martínez Martín explica las aplicaciones de su invento a la vida diaria.

 

¿Qué hace un biofísico arandino en Basilea?

En 2012 tuve la gran oportunidad de entrar a formar parte de la Universidad Politécnica Federal de Zurich (ETH Zurich), en su departamento de Basilea. Llevo aquí desde entonces, trabajando como investigador científico en uno de los grupos de investigación más relevantes en biofísica a nivel internacional. Y, ciertamente, estoy muy feliz.

 

Uno de tus trabajos más relevantes es el dispositivo que has fabricado junto a un grupo de investigadores de la ETH Zurich que sirve para medir el peso de las células vivas. Pero, ¿qué aplicaciones tiene esto en "la vida real"?

Las células son capaces de controlar su masa, es decir, de controlar su crecimiento. Son las unidades más elementales de vida y son capaces de formar organismos altamente complejos. Fíjate en las células que forman nuestro organismo, de alguna manera saben cuánto tienen que crecer y cómo tienen que desarrollarse para formar nuestros ojos, corazón, manos… Sin embargo, debido a la falta de instrumentación adecuada, todavía desconocemos cómo lo hacen, qué mecanismos utilizan. Descubrir esos mecanismos es fundamental, pues muchas enfermedades, como por ejemplo cánceres o hipertrofias, están relacionadas con problemas en la regulación de la masa de las células. Ahora, gracias a esta nueva tecnología, podemos comenzar a estudiar estos procesos.

Además, nuestra tecnología puede ser utilizada en otros contextos, por ejemplo, para desarrollar antibiogramas muy rápidos. Los antibiogramas son pruebas microbiológicas particularmente útiles para evaluar qué antibiótico debe ser suministrado a un paciente con una infección bacteriana. La tecnología de uso común necesita entre 24 y 48 horas para producir el resultado. Sin embargo, nuestra tecnología podría reducir ese tiempo de espera a menos de treinta minutos, lo que tendría importantísimos beneficios.

 

Cuentas en tu haber con varios reconocimientos a tu labor, ¿qué te inspira?, ¿qué pretendes alcanzar?

Uno de mis grandes objetivos es poder contribuir a generar la innovación necesaria que nos permita desarrollar una sociedad con mayor bienestar. Para mí es importante poder sentir que el trabajo que realizo puede tener aplicaciones a corto y medio plazo. La investigación, como otras actividades, requiere de grandes dosis de pasión y esfuerzo. Ponerme estos objetivos me estimula y ayuda a superar las dificultades a las que nos enfrentamos en el mundo de la ciencia.

 

Esta curiosidad que demuestras con tu trabajo, ¿de dónde viene?

La curiosidad es intrínseca al ser humano y gracias a ella evolucionamos. Aunque también es cierto que no todos experimentamos la misma curiosidad ni con la misma intensidad. En mi caso particular, desde niño me sentí muy fuertemente atraído por descubrir el funcionamiento de la naturaleza y por poder utilizar ese conocimiento para crear e inventar nuevas realidades. Es uno de los rasgos de mi personalidad.

 

¿Qué dificultades has encontrado en España para desarrollar tus inquietudes?

Las cosas no son fáciles en ningún sitio. España es un país con grandes posibilidades, con buenos centros de investigación y científicos de gran talento. Me gustaría señalar, que desde mi punto de vista, la movilidad es muy importante en investigación. La ciencia es una actividad global y es muy beneficioso poder trabajar en el entorno más adecuado a cada proyecto. Los proyectos que realizo requieren una financiación muy importante y no todos los países tienen la misma capacidad económica y flexibilidad organizativa.

Por otro lado, vivir en el extranjero, al menos por un tiempo, es una experiencia que recomendaría a todo el mundo, te permite descubrir nuevas perspectivas, te hace más abierto. Finalmente, y en beneficio de todos, los científicos que trabajamos fuera de España debemos realizar una labor de diplomacia científica que ayude a mejorar y potenciar la imagen de España en el exterior.

 

Y, ¿por qué este destino y no otro?, ¿qué te llevó hasta Suiza?

Tuve la suerte de poder elegir entre diferentes opciones y tomar la decisión no fue fácil. Opté por Suiza porque quería desarrollarme en el área de biofísica, física e ingeniería biomédica. Basilea es una de las ciudades más importantes del mundo en biotecnología. Es sede de grandes farmacéuticas y también aloja un gran número de empresas nuevas en el sector de alta tecnología. En esta misma ciudad se encuentra también uno de los departamentos de la ETH Zurich, que está considerada entre las diez mejores universidades del mundo. Suiza cuenta, además, con un sistema científico muy robusto y competitivo. Este país dispone de una gran calidad de vida y una naturaleza espectacular, así que me decidí a venir.

 

Pregunta obligada... ¿piensas volver a tu tierra en un futuro?

Como te comentaba anteriormente, creo que es importante poder trabajar en el mejor entorno para cada proyecto. Siguiendo este principio, estoy abierto a cualquier posibilidad…

 

¿Qué es lo que más echas de menos de Aranda?

Aranda de Duero es un lugar magnífico. Allí pasé los primeros diecisiete años de mi vida y vuelvo siempre que puedo. Echo de menos varias cosas; lo que más, a mi familia. Me gustaría disfrutar de más tiempo con ellos, aunque la distancia no lo permite. Sin embargo, la distancia también me ha enseñado a valorar y cuidar mucho más cada segundo que paso con ellos, a que sea tiempo de calidad. También añoro la intensa vida de las calles de Aranda, el buen ambiente de sus peñas y bodegas, su gran tradición de tapas y pinchos, de buenos vinos y lechazo. Y por supuesto, el carácter alegre y simpático de su gente.

 

 
 
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