
La artesana y maestra de taller especializada en repujado y marroquinería, Pilar Manso, dirige Artencuero desde Tubilla del Lago. Defiende el valor de los oficios tradicionales, la personalización de cada pieza y el emprendimiento en el medio rural. Este año ha llevado por primera vez sus creaciones a Sonorama Ribera.
- ¿Cómo descubriste que querías dedicarte a trabajar el cuero?
- Fue por casualidad. Entré en la Escuela de Artes con la idea de hacer Diseño de Interiores, que era lo que realmente me apetecía. Los dos primeros años eran comunes y allí cogí el taller de cuero, primero y segundo. Me gustó tanto que decidí quedarme en Burgos haciendo la especialidad de repujado en cuero.
- ¿Cómo nació Artencuero?
- Cuando terminé los estudios empecé a ir a ferias y mercados. Después hice un parón porque me dediqué a ser madre. Cuando mis hijos ya eran un poco más mayores retomé el proyecto.
Al principio tenía el taller en un antiguo palomar, que era un sitio muy bonito, pero se me quedó pequeño porque empecé a impartir clases. Entonces restauré el taller donde trabajo ahora, me di de alta como autónoma y desde entonces sigo peleando con el cuero.
- Además de artesana eres maestra de taller especializada en repujado en cuero. ¿Qué tiene este material para que siga enamorándote después de tantos años?
- Tiene alma. Me parece un material especial, un material que tiene vida. Lo que más me gusta es cómo envejece. Cualquier otro material con el paso de los años se estropea, se aja o se pone feo. El cuero es justo al revés: cuanto más lo usas, más bonito se vuelve y más tuyo lo haces. Un bolso nuevo todavía no tiene encanto. Cuando ya lo has usado, cuando tiene sus marcas y forma parte de tu vida, es cuando realmente se vuelve bonito.
- ¿Por qué apostaste por el cuero frente a otros materiales?
- Porque es muy versátil y se trabaja muy bien. Además, me gusta mucho cómo envejece y me parece un material muy sostenible. Al final es un producto procedente de la industria cárnica que, si no se aprovechara, habría que desechar. Utilizarlo es darle una segunda vida. Además, dura muchísimo tiempo y el curtido vegetal deja una huella de carbono mucho menor que otros materiales. Es un material muy ecológico.
- Cada creación es prácticamente única. ¿Qué importancia tiene el diseño personalizado?
- Muchísima. Si quieres hacer un regalo cualquiera puedes comprar un bolso o una carpeta en cualquier tienda. Pero cuando buscas algo especial quieres que tenga un significado. Si alguien trabaja en el mundo del vino y quieres regalarle una funda para un cuaderno, es mucho más bonito decorarla con un racimo de uvas que entregar una pieza cualquiera.

En el taller hacemos justo eso: escuchar a la persona y crear algo que realmente le identifique. Son piezas con identidad propia y creo que eso cada vez gusta más.
- ¿Cuál ha sido la pieza más especial o más complicada que has realizado?
- Es difícil elegir una. Recuerdo con mucho cariño una funda para un acordeón porque era una pieza muy grande y poco habitual. También hice una funda para trompeta que servía al mismo tiempo como mochila y bolsa, y me pareció un proyecto muy bonito.
Otra de las piezas diferentes que he realizado son cabeceros de cama. El cuero permite hacer casi cualquier cosa.
- ¿Crees que la artesanía vive un momento complicado?
- Ha sido complicado. Hemos vivido una época de mucho consumismo. En vez de comprar un buen bolso de cuero, la gente prefería tener tres bolsos baratos, uno de cada color. Pero creo que eso está cambiando. Cada vez más personas se cansan de llevar el mismo bolso de marca que todos, que además muchas veces ni siquiera es auténtico.
Aquí ocurre justo lo contrario. Cada persona decide la piel, la hebilla, el diseño... participa en la creación de su pieza y eso hace que sea única.
- ¿Qué te aporta enseñar?
- Sobre todo intentar que este oficio no desaparezca. Es una pena que los oficios artesanos se pierdan porque cada vez es más difícil vivir de ellos. Si consigo que la gente aprenda a trabajar el cuero, después valorará mucho más una pieza artesanal. Entenderá el tiempo y el trabajo que hay detrás. Y, quién sabe, quizá alguno descubra que realmente quiere dedicarse a ello.
- ¿Hay interés entre los jóvenes?
- Algo hay, pero debería haber mucho más. El año pasado terminé el ciclo de Complementos del Cuero en la Escuela de Artes de Burgos y empiezan bastantes alumnos, pero por el camino muchos lo dejan. Es una pena porque es un oficio precioso.
- Has decidido desarrollar tu proyecto en Tubilla del Lago. ¿Qué ventajas tiene?
- La principal es que resulta mucho más fácil disponer de un local que en una ciudad. Es más barato y más accesible. Además, existen ayudas para emprender en el medio rural, como las que ofrece ADRI Ribera del Duero Burgalesa, que facilitan mucho las cosas.
La parte más complicada es que aquí no tienes gente pasando continuamente por delante del taller. En una ciudad tienes clientes potenciales todos los días. En un pueblo tienes que conseguir que la gente venga a visitarte.

- Quien cruza la puerta de Artencuero, ¿qué se encuentra?
- Mucho cuero (ríe). Trabajo principalmente con dos tipos de piel: curtido vegetal y curtido al cromo. Y en cuanto a piezas, prácticamente de todo. Desde pulseras, llaveros y cinturones hasta carpetas, bolsos, cabeceros de cama o bolsos de viaje. Siempre digo que del cuero se puede hacer prácticamente cualquier cosa que puedas imaginar.
- Este año has estado presente por primera vez en Sonorama Ribera. ¿Qué han podido encontrar las personas que han visitado tu puesto?
- Para mí Sonorama ha sido un puente para dar a conocer mi trabajo. Cuando hice mi proyecto final del ciclo de cuero lo pensé precisamente alrededor del merchandising de Sonorama, porque un taller situado en un pueblo necesita buscar lugares donde haya mucha gente. Este primer año he llevado sobre todo piezas pequeñas: llaveros, fundas para AirTag, carteras, fundas para gafas, cinturones y riñoneras, que me parecen muy prácticas para un festival.
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