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Entrevistas DR

"El piropo más bonito que me dicen es que mi dulzaina habla"

Samuel Brogeras ha sabido unir de un modo muy sentimental la dulzaina con el flamenco

25/02/2018 10:18 | B.C. / R.C.
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La dulzaina de Samuel Brogeras Merino no es difícil de escuchar sin que haga falta acudir a una sala de conciertos. Por ejemplo, en un paseo por el centro de Aranda en algún momento “fiestero”, de esos que abundan en la capital ribereña. Su sonido es fácil de interpretar llamándote a disfrutar de un rato único con la música tradicional castellana.

Lo que muchos no conocen es la faceta de este arandino de cuarenta años en el mundo del flamenco. La dulzaina en la boca de Brogeras expresa los sentimientos y sensaciones del flamenco de una manera única. Y por si eso fuera poco, ahora nos sorprende con la salida al mercado de su primer disco ‘Dulzaina Flamenca-Masdar’.

 

Muchos estamos acostumbrados a disfrutar con tu dulzaina por las calles de Aranda, pero hace un par de años nos sorprendiste con conciertos propios y, encima, de flamenco. ¿Desde cuándo ese gusanillo por el flamenco?

Es algo que me preguntan con bastante asiduidad y no lo acabo de tener claro ni yo mismo. Reconozco que no tengo un apego especial a la cultura relacionada con el flamenco. Sin embargo, también es cierto que desde que empecé a tocar la dulzaina me ha atraído el encontrar la sensibilidad en la música y cuando, de repente, escuché flamenco e indagué en él, me di cuenta de que ahí hay un campo de trabajo tremendo para sentir y expresar.

Creo que ha sido eso lo que me ha enganchado de este estilo musical.

 

A priori, un ritmo del sur tocado con un instrumento tradicional de Castilla y León no es algo muy usual, ¿por qué esta fusión?

Mucha gente piensa que hacer flamenco con una dulzaina es un poco antagónico. El flamenco es la música del sur de España y la dulzaina es algo tradicional de Castilla y León y, aunque yo no lo sabía cuando empecé, resulta que están más relacionados de lo que parece. En realidad, la dulzaina es un instrumento árabe que llegó hasta la cultura de nuestro país, hasta Al-Ándalus, y con la expulsión de los árabes de este territorio se prohibió todo lo que tenía que ver con ellos. Así, al quedarse sin instrumento, todos los cantes se tuvieron que hacer con voz.

De este modo, nadie nos puede negar que en aquellos orígenes donde estaba la dulzaina se hicieran cosas que derivaran en el flamenco con dulzaina. Ahora resulta curioso, pero en realidad estamos todos mucho más vinculados de lo que parece y nuestras culturas tienen unas raíces muy mezcladas.

 

Bulerías, alegrías, tientos, fandangos… ¿es más fácil tocar con la dulzaina un tipo de flamenco que otro?, ¿hay algún palo que te guste más?

Todo el flamenco es bastante complicado, sobre todo desde una perspectiva de música dulzainera, la cual no tiene esos ritmos tan complejos.

A mí me tienen encantado prácticamente todos los palos del flamenco, pero cuando escucho a los cantaores interpretar soleá -considerada la madre de este estilo, el palo más puro, ancestral y originario- desgarrándose la voz, siento que quiero ser capaz de hacerlo yo también. Por eso, es el que más me obsesiona en mis trabajos y ensayos.

 

Hablando de ensayos, ¿cuánto tiempo le dedicas en tu día a día a la dulzaina?

Para mí, un ensayo está más relacionado con una búsqueda interior, es hacer una reflexión y sacarla a través de un instrumento. Con la dulzaina ensayo a diario; este instrumento tiene una parte, como todos los demás, técnica y otra física. Es muy duro de tocar, sobre todo si tenemos en cuenta los músculos respiratorios, por lo que tengo que hacer ensayos relativamente breves y divididos en el tiempo. Intento tocar una hora por la mañana, una al mediodía y otra por la noche.

 

 

Tu dulzaina expresa sentimiento a raudales, ¿te lo han dicho alguna vez?

El piropo más bonito que me dicen, sobre todo cuando escuchan el disco, es que mi dulzaina habla. Que canta. Esto me hace pensar que estoy logrando lo que busco.

Además, mis referentes siempre han sido vocalistas, nunca instrumentistas, pues el instrumento más grande y perfecto que existe es la voz humana y quiero fijarme en él y poder imitarlo.

 

Soleá Morente en tu primer disco, ¿cómo lo has conseguido?

Es anecdótico. Ha sido, sobre todo, la suerte de poder contactar con Javier Ajenjo y proponerle la idea de hacer flamenco con dulzaina. Mi solicitud fue bienvenida y, aparte de las colaboraciones que yo tenía pensadas, él me ayudó poniendo a mi disposición la amistad que le une con Soleá para proponerla que si le apetecía participar en este proyecto.

Estoy muy orgulloso por ello, al igual que por la colaboración del cantaor Miguel Lavi, del pianista Alfonso Aroca o de la de Isidro Hernández, quien canta el rap Soy gitano.

 

 

En Aranda y la comarca hemos podido ver actuaciones tuyas en las que estabas muy bien acompañado. El italiano Maurizio del Río a la guitarra, el jerezano Miguel Lavi con las palmas… ¿cómo conseguís ensayar cuando cada uno vive en un sitio diferente?

Es la magia del flamenco. Hay un lenguaje y cada uno sabe su papel. Cuando vamos a tocar, nos decimos en qué palo queremos hacerlo y usamos la nomenclatura tradicional para hablar del tono. Solo con eso cada uno sabe cuál es su papel y su momento, hay que escuchar mucho al otro y que él te escuche a ti. Es como un diálogo. Además, una misma canción nunca sale dos veces igual.

 

Aparte de músico,  eres emprendedor. Kinedomus es tu empresa y tu forma de vida, ¿no?

Yo llevaba diez años viviendo en Madrid, con una empresa de cierto éxito. Pero vi que ese no era el estilo de vida que quería llevar. Por ello, me planteé volver a mi tierra y puse en marcha este proyecto.

Se trata de un sitio particular. Es, a la vez, alojamiento, spa y un lugar de clases colectivas. Y, por supuesto, me sirve para desarrollar todas mis facetas, es donde más disfruto de mi música, pues la comparto con la gente que nos visita, quienes muchas veces se unen a mis ensayos y me cuentan su afición a la misma. Todo está muy unido, no concibo las cosas separadas.

 

¿Qué proyectos hay en un futuro no muy lejano para la dulzaina de Samuel Brogeras?

Me gustaría poder compartir esto de la dulzaina y el flamenco más con el exterior. Hasta ahora, este trabajo ha sido muy hacia adentro. He hecho pocos conciertos, dedicándome a comprobar qué era lo que yo quería contar y cómo quería expresarlo. Pero ahora es un buen momento para compartirlo, escuchar opiniones, para saber a quién le llega y por qué.

A partir de ahí, tomaré decisiones. No sé si me llevarán al flamenco o a otros estilo, pues hay tantos que me gustaría explorar…

 

 
 
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