
El ceramista y escultor arandino Miguel Ángel Martínez Delso repasa su trayectoria, su proyecto de Escuela y Museo municipal de Cerámica, su apuesta por los jóvenes creadores y las reivindicaciones que trasladó en su pregón de las fiestas de Aranda
- ¿Qué supuso para ti que te propusieran ser el pregonero de las fiestas de Aranda?
- La verdad es que no me lo esperaba. El concejal de Festejos, José Antonio Fuertes, empezó proponiéndome hacer el pin de fiestas con la escultura instalada en los Jardines, después me planteó hacer una exposición, que finalmente se hará en diciembre. Me parecía todo genial. Después llegó lo del pregón y ya me dio más miedo. Yo no soy una persona de hablar en público ante grupos grandes. Estoy acostumbrado a hablar para mi gente, para mis alumnos, en exposiciones o en situaciones que controlo un poco más, pero un pregón es diferente.
- Pero has cedido, lo que es una suerte para los arandinos…
- Para decir que sí pesó mucho la relación que he tenido durante tantos años con Juventud y con Festejos. Desde que empecé a trabajar he estado muy vinculado a Juventud. Siempre he tenido relación con sus responsables, he aportado ideas, he formado parte de jurados de concursos y he colaborado en todo lo que he podido. Primero dije: "Bueno, me lo voy a pensar". Y acabé aceptando. Para mí ha sido un orgullo que hayan pensado en mí.
- Opino que es un reconocimiento que te mereces.
- Desde el principio tuve claro que no quería que esto se entendiera solamente como un reconocimiento a mi persona. Yo soy una persona de trabajar en equipo. Siempre he considerado que yo solo no soy nada. Lo que ha hecho que yo esté aquí es todo el equipo, toda la gente de la escuela y todas las personas que han participado a lo largo de estos 30 años. Ellos tienen exactamente el mismo mérito que yo. Por eso también he vivido el pregón como un reconocimiento a toda esa gente que ha estado alrededor de los proyectos y que ha trabajado conmigo.
- Tu trayectoria está muy vinculada a la cerámica. ¿Cómo llegaste a este mundo?
- Yo tenía 22 o 23 años y siempre me había gustado hacer cosas con las manos. Empecé haciendo cerámica sin saber que estaba haciendo. Si estaba sentado hablando tomando un café, muchas veces estaba modelando algo al mismo tiempo con lo que encontraba a mano. Un día descubrí que los ladrillos árabes, cuando los metías en agua, se ablandaban y podían trabajarse con una navajita. Y empecé a hacer pequeñas cosas, casi como un juego, sin saber realmente dónde me podía llevar aquello.
- Te metiste de lleno…
-Descubrí la cerámica en Burgos. No sabía prácticamente nada, pero aquello me enganchó. A partir de ahí fueron años de muchísimo trabajo y de investigación. Y sigo exactamente igual en ese sentido. Soy muy consciente de que no sé gran cosa. Después de todos estos años sigo pensando que me queda muchísimo por aprender. La cerámica es un mundo enorme, especialmente cuando trabajas con fuego. El fuego es el que da vida a la pieza. Yo siempre lo he llevado un poco al extremo. No soy de hacer una hornada intentando que todo salga más o menos bien. Arriesgo continuamente.
Cuarenta años después sigo arriesgando. En la escuela soy mucho más prudente porque las piezas no son mías, son de los alumnos y de todos. Ahí quiero que las cosas salgan bien. Pero en mi trabajo personal necesito ese riesgo, esa incertidumbre de no saber exactamente qué va a ocurrir cuando abres el horno.
- Más de tres décadas al frente de la escuela y al museo de cerámica…
- Primero conseguimos una casa y después fuimos ampliando. Conseguir y poner todo en marcha llevó muchísimo tiempo. Fueron años de trabajo, de buscar soluciones y de ir construyendo el proyecto poco a poco. Las dos cosas se hicieron a la vez, aunque el museo tardó aproximadamente un año más en abrir porque había que lograr piezas.
- ¿En algún momento te planteaste simplemente dejarlo y dedicarte a otras cosas?
- No. Ha sido siempre un proyecto muy personal y también compartido con Reme (extrabajadora en la concejalía de Juventud). Ella ha sido fundamental, especialmente en toda la parte burocrática y en todas esas cosas que hay que hacer para que un proyecto pueda salir adelante. Yo soy más de lanzarme y ella ha estado ahí ayudando a que todo tuviera una estructura. Si algo he aprendido es que estas cosas necesitan mucho tiempo, mucha paciencia y mucho trabajo.
- Ahora afrontas una nueva etapa porque termina tu relación profesional con la escuela. ¿Temes que peligre su continuidad?
- Mi contrato termina a finales de año, y no temo para nada que el proyecto deje de funcionar. Sé que hay gente que quiere trabajar para que la escuela continúe, pero a partir de ese momento ya no voy a tener nada que ver con su funcionamiento. Podría haber seguido dando algunas clases o haciendo determinadas cosas, pero he preferido dejarlo completamente. Si necesitan mi ayuda, ahí estaré. Puedo ir como un voluntario más, echar una mano y ayudar en lo que pueda, pero creo que ha llegado el momento de apartarme de la gestión.
- ¿Y el futuro del museo?
- No creo que vaya a desaparecer. Es algo que tiene mucho valor con una colección de cerámica muy importante. De hecho, en algún momento el Museo estuvo cerca de convertirse en el Museo de Castilla y León, aunque acabó en Zamora.
- ¿Y qué pasa ahora con tu faceta artística? ¿dejas la cerámica y la escultura?
- No, claro que no. Yo no podría dejarlo todo. Una persona que escribe tiene que seguir escribiendo. No puedes decir: "Hasta aquí, se ha terminado". Mientras pueda seguiré trabajando como ceramista y escultor. Cuando ya haya llegado el final de tu vida será el momento de dejarlo.
- En los últimos años parece que la cerámica ha vuelto a ganar popularidad. ¿Cómo ves la situación de los ceramistas?
- La cerámica se ha puesto bastante de moda. Han aparecido muchos talleres y pequeñas escuelas, especialmente para niños o para personas que quieren acercarse a la cerámica como actividad. Creo que eso está ayudando a mantenerla. También funciona algo más la venta de cerámica que hace unos años, aunque ahora se complementa mucho con cursos y actividades.
- En el pregón has reivindicado especialmente otro proyecto que llevas muchos años defendiendo: el Centro de Arte Joven. ¿Qué debería ser para ti ese espacio?
- Llevo 15 años trabajando en ello y lo veo como un espacio polivalente en el que los jóvenes tengan cabida. Aranda tiene algo muy bueno y es que dentro del mundo del arte y la cultura tenemos muchísima gente y muchísimas disciplinas. Tenemos música, teatro, artes plásticas, cine, folklore... Hay de todo. Lo que necesitamos es un lugar donde todas esas personas puedan desarrollar sus proyectos. Por eso hablo de un espacio polivalente. Que se puedan hacer exposiciones, conferencias, conciertos pequeños, actividades, talleres... Lo que se nos ocurra. Tiene que ser un lugar abierto.
Y cuando digo Centro de Arte Joven no significa que las personas mayores no puedan utilizarlo. Evidentemente pueden tener cabida. Un artista de cualquier edad debería poder hacer allí una exposición o una actividad.
- ¿Por qué consideras tan importante que exista ese espacio?
- Porque tiene que convertirse en una especie de icono para Aranda. Tenemos el contenido: tenemos a los artistas, a los músicos, a los grupos de teatro, a los fotógrafos, a los ceramistas, a la gente del cine... Lo que falta es generar un lugar que pueda reunir todo eso. Yo voy a seguir peleando por ello. Lo he hecho durante muchos años y lo seguiré haciendo con los equipos que estén al frente. Espero que pueda hacerse cuanto antes.
- ¿Qué papel deberían jugar las administraciones con los jóvenes creadores?
- Creo que siempre se puede hacer más. Siempre. Nunca es suficiente. Estamos hablando de arte, de cultura y de educación, y ahí todavía tenemos un vacío. Nos faltan centros de arte, espacios adecuados y también determinadas posibilidades de formación. No todo puede depender de que los jóvenes tengan que marcharse. En algún momento la juventud desaparece de una ciudad si no encuentra posibilidades para quedarse.
- ¿Qué necesita Aranda para que esos jóvenes puedan quedarse?
- Necesitamos apostar de verdad por ellos. Y eso significa muchas cosas: cultura, educación, espacios, formación, oportunidades... También necesitamos mejores comunicaciones. Hay cuestiones que parecen ajenas al arte, pero que están directamente relacionadas con que una persona pueda decidir vivir aquí o marcharse. Por ejemplo, necesitamos un tren que nos conecte mejor. Todo forma parte de lo mismo. Si queremos que la gente joven pueda desarrollar aquí su vida y su trabajo, tenemos que darle posibilidades.
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