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"Escribir ha sido en muchos momentos de mi vida una necesidad"

Sale a la luz el poemario de Lorena Larrañaga con ilustraciones de Ángela Gavilán

16/05/2021 8:04 | Begoña Cisneros
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El último proyecto de la artista arandina de adopción Ángela Gavilán es conjunto y a dos manos. Porque ella se ha encargado de ilustrar los poemas de la escritora valenciana Lorena Larrañaga que incluye en su ópera prima ‘Piel de espera y lluvia’. El nexo de unión entre las dos ha sido el también arandino Carlos de la Villa. Con la autora de estos 35 poemas que ya se pueden leer gracias a la editorial Medulia que los ha editado queremos hablar este domingo.

-Sabemos que no te dedicas a la escritura profesionalmente. ¿Cómo ha sido tu amor por la escritura?

-Llevo trabajando toda la vida en el sector del alojamiento y en estos momentos estoy dirigiendo un hotel en Valencia. Aunque recuerdo escribir desde muy pequeña, primero como un juego, luego como afición y más tarde casi como una necesidad, no me dedico profesionalmente, aunque trato de invertir todo el tiempo que puedo a escribir. Por formación vengo de la rama de la gestión de empresa pero en estos momentos estoy estudiando Psicología, que compagino, como puedo, con el trabajo.

-‘Piel de espera y lluvia’ es tu primer poemario y acaba de ver la luz. ¿Estás contenta con el resultado?

-Sería imposible no estar contenta, porque esto ha supuesto cumplir un sueño de siempre. Hace muchos años que llevo publicando a través de Internet, en blogs y redes sociales, pero la aspiración de un escritor siempre es terminar publicando. Este poemario, recopilación de poemas ya publicados en Internet y de otros inéditos, llega en un momento personal muy bueno para mí, lo que me está haciendo disfrutarlo aún con más intensidad.

-¿Tiene mucho de autobiográfico? ¿Hasta qué punto?

-Los poetas siempre escribimos a partir de experiencias personales propias, nuestra materia prima somos nosotros mismos, nuestros afectos. En los poemas de amor esto se intensifica notablemente, convirtiéndose casi cada verso en un desnudo emocional. Es imposible escribir de amor sin haber amado, escribir del desamor, del deseo o del dolor sin haberlo sentido en algún momento. En este caso, ‘Piel de espera y lluvia’ supone el recorrido de una mujer por diferentes etapas de la vida, desde la juventud a la madurez, con el amor siempre como columna vertebral.

-Dice Carlos de la Villa en su prólogo que la primera imagen que se le vino a la mente leyendo tu poemario fue Afrodita emergiendo de las aguas. ¿Te sientes así? ¿Cómo si emergieras a algo nuevo?

-Sí, totalmente, pero no sólo por la novedad que supone la publicación de un poemario. Todo el proceso lo he vivido como un nacimiento y la totalidad de los poemas han sido revisados para esta edición. Algunos llevaban años escritos, así que enfrentarme de nuevo a ellos y reescribirlos casi por completo en algunos casos, ha sido la mejor parte de todo el proceso. Me he reconocido en muchos, pero curiosamente en otros me he reencontrado con aspectos de mí que tenía olvidados. Ha sido casi como ponerse frente a un espejo, después de mucho tiempo y mirarse, y redescubrirse, con canas, con arrugas y con todas las huellas que el paso del tiempo ha ido dejando durante años.

- Un poemario visual creado a cuatro manos: las tuyas y las de la ilustradora arandina Ángela Gavilán. ¿Cómo ha sido vuestra coordinación?

-Pues la idea de compartir este poemario con Ángela surgió en plena pandemia. Yo resido en Valencia, y Ángela en Aranda de Duero, pero es cierto que la tecnología nos ha ayudado mucho a comunicarnos en la distancia, y nosotras lo hemos estado haciendo por mensajes y por email sin ningún problema. No ha sido nada difícil, Ángela captó la esencia del poemario desde el primer momento.

- ¿Ha sabido ilustrar las emociones de la poeta a la primera?

-Desde el primer momento. En un principio Ángela iba a realizar sólo la ilustración para la portada del poemario, pero fue cuando me presentó un par de dibujos, que le planteé si quería colaborar e ilustrarlo entero. Creo que este poemario es tanto suyo como mío, las ilustraciones son exquisitas, algunas integran versos de poemas entre sus trazos y convierten realmente este poemario en una experiencia visual que va más allá de lo que mis poemas pudieran haber expresado.

- El nexo de unión es Carlos de la Villa, quien os puso en contacto y el encargado de elaborar el prólogo. ¿Crees que ha sido todo un acierto?

-A Carlos le conozco desde hace muchos años y es una persona con un gran conocimiento del mundo editorial, ya que él mismo tiene una pequeña editorial que publica libros sobre juegos y deportes tradicionales. Cuando le planteé que prologara el libro y le enseñé algunos de los poemas no lo dudó ni por un momento. Y no sólo eso, se echó toda la producción sobre su espalda. No es que haya sido un acierto, es que Carlos es el padre de este poemario y sin él no hubiese sido posible.

-Describes el agua de lluvia de muchas formas distintas. ¿Cae distinto porque las nubes son diferentes o porque la persona que se moja va cambiando?

-Ambos. Estos poemas representan parte de mi recorrido vital, casi desde los 30 años hasta los 47 que tengo actualmente. En estos años no sólo yo he ido cambiando, sino también las personas y las relaciones sobre las que he escrito. Pero lo verdaderamente bonito es darte cuenta de que, a pesar de que cambien las personas o de que yo misma me haya transformado, los sentimientos que se relacionan con el amor son muy similares a lo largo de nuestra vida. Cuesta pensar, cuando tienes 20 o 30 años, que con casi 50 puedes amar con la misma intensidad, porque mentalmente relacionamos el amor con la juventud, pero no es así. Es precisamente en la madurez cuando se aprende a amar, porque se hace de forma más entregada y generosa.

-Señalas en tu libro que “cada verso es un trozo de piel que te cubre que vas dejando caer al suelo” y que necesitas escribir para protegerte del frío. ¿Es la escritura una salvaguarda para ti?

-Escribir ha sido en muchos momentos de mi vida una necesidad, tanto en los buenos como en los complicados. Muchas veces he sentido dificultad para ordenar los pensamientos o los sentimientos y plasmarlos en un papel siempre me ha ayudado a separarme de ellos y a analizarlos con cierta perspectiva. Es mi forma de colocar cada situación o vivencia en el esquema de mi vida.

-Son muchos los escritores que coinciden diciendo que lo más complicado es escribir poesía. ¿Estás de acuerdo?

-Esa reflexión la he escuchado muchas veces antes y he de decir que no estoy tan de acuerdo. En mi forma de ver creo que la dificultad o no de cada género depende de la vocación de cada escritor. A mí la poesía no me resulta complicada, al final debes tratar de mantener la conexión con un lector durante poco más de tres o cuatro minutos, que es lo que suele durar la lectura de un poema. En el caso de una novela, la atención sobre el hilo narrativo se debe mantener durante días o incluso semanas según la avidez del lector. Además, la poesía en general y en particular la que habla de amor, se dirige directamente a los sentimientos, y es difícil que no te sientas identificado con un poema cuando lo estás leyendo, la conexión es muy fácil de establecer porque te van a contar algo que ya has sentido antes. En cambio, en la prosa debes crear una densa atmósfera para lograr que el lector se sumerja y se mantenga enganchado a la historia.

-¿Dónde escribes? ¿Lo haces cuando te llega la inspiración o eres de las que se sientan delante del escritorio en busca de la musa?

-Como dijo Picasso, “la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. En mi caso siempre voy tomando notas en mi teléfono móvil o en papel si tengo alguno a mano. Frases, palabras que me vienen a la cabeza, pero después hay un trabajo de sentarse y tirar de ese hilo hasta deshacer el nudo y convertirlo en poesía. Detrás de cada poema hay mucho trabajo, cuando escribes debes hacer que tenga sentimiento, musicalidad, narrativa y coherencia. Esas son las claves para mí que debe cumplir la poesía para emocionar.

 

 

 
 
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