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"Hay que mirar el pasado de frente, sin miedo y llamando a las cosas por su nombre"

Entrevistamos a Guillermo Galván, el autor de la novela ‘La Virgen de los huesos' ambientada en Aranda

19/07/2020 7:48 | Begoña Cisneros
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Con la última novela del valenciano Guillermo Galván ‘La Virgen de los Huesos’, el protagonista de la segunda entrega de esta saga ambientada en la posguerra, el policía republicano Carlos Lombardi, llega hasta Aranda de Duero para seguir el rastro de un joven desaparecido. La publicación, que se presentó en el mes de abril de forma online, se presenta físicamente con la presencia de su autor este jueves en la Casa de la Cultura, en un acto organizado por Todo Libro. Y llega acompañada de una gran iniciativa por parte del Ayuntamiento, la creación de una ruta literaria urbana con las localizaciones que refleja esta narración con imágenes antiguas y recientes de cada uno de los hitos.

-¿Por qué Aranda y la Ribera para ambientar la novela?

-Después de “Tiempo de siega”, que se desarrolla en un paisaje netamente urbano, el Madrid de 1941, me parecía de justicia reflejar también los duros tiempos de la primera posguerra en un ambiente rural, con características propias dentro del panorama global de la dictadura. A la hora de seleccionarlo podría haber optado por cualquiera de los territorios donde triunfó la sublevación militar desde el primer momento, pero hubo dos motivos que me decidieron por la comarca arandina. El primero, que Franco eligió Burgos como capital administrativa, y en esa provincia la represión de retaguardia alcanzó cotas escalofriantes; el segundo, que conozco la zona desde niño y sus paisajes me resultan cercanos desde el punto de vista narrativo.

-Conocías de antemano esta zona porque cuentas con una casa cercana, pero, ¿te has encontrado con muchos lugares que no habías visto ni oído hablar de ellos?

-Ya digo que el entorno me resultaba familiar; aunque, naturalmente, me he movido para completarlos: física e intelectualmente hablando, porque he leído mucho sobre esos años, especialmente trabajos académicos y periodísticos. Y en toda investigación siempre surgen sorpresas. En ocasiones encuentras lugares nuevos; otras, datos que desconocías sobre elementos que siempre han estado ahí. Por poner solo un ejemplo: descubrir que la popular estatua de don Diego salió del cincel de Emiliano Barral, un prometedor artista sepulvedano que, como anarquista, murió defendiendo Madrid el día siguiente de la muerte de Durruti y del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera.

-Los archivos de Máximo López y la Cartelera Arandina han sido cruciales para conocer el Aranda de 1942. ¿Te ha sido fácil acceder a ellos?

-Máximo ha soportado mis consultas con paciencia bíblica, casi todas especialmente referidas al nomenclátor callejero y la estructura urbana. Al archivo de Cartelera accedí a través de internet, y debo confesar que pasé horas deliciosas estudiando escenarios y tipos humanos: es una joya de la que pocas ciudades pueden presumir. También hubo otras ayudas personales, claro, como las de la biblioteca municipal, la propia librería Todo Libro y los testimonios de gente que vivió hechos cercanos a lo narrado.

-¿Ha cambiado mucho Aranda desde entonces? ¿Hay lugares que te parecen mejor ahora o peor que en las imágenes?

-A pesar de mi edad, sigo sin creerme que cualquier tiempo pasado fue mejor. Claro que ha cambiado. Aranda es hoy una ciudad moderna, en todos sus sentidos. En 1942 intentaba muy tímidamente salir de su condición pueblerina; había unas pocas industrias, derivadas de la producción agrícola, y servicios que le acercaban a los de una pequeña capital de provincias, pero era básicamente rural, sociológica y económicamente hablando. Dicho esto, me parece justo que los más añosos echen de menos aquel calmado ritmo de vida y paisajes desaparecidos, hoy idealizados. Yo mismo conocí Aranda con siete u ocho años y todavía, cada vez que paso por la calle Isilla, me parece ver los antiguos soportales y figones de mesas corridas, o la parada de autocares en una calle estrecha en pleno centro de la villa. La añoranza es una de las muchas formas de contemplar la historia.

-La novela nos hace reflexionar sobre la memoria histórica y sobre el mundo rural en tiempos de la guerra y bajo la dictadura. Muchos piensan que ya vale de ahondar en esas heridas y todo hace pensar que tú no estás en esa mayoría. ¿Es necesario luchar para que las historias de ese tiempo se conozcan y se recuerden?

-La memoria, queramos o no, forma parte del ser humano; en su sentido histórico, es uno de los elementos que nos diferencia de los animales. Sin memoria no existiría pasado, presente ni futuro, del mismo modo que un árbol no puede sobrevivir sin la referencia de sus raíces. Eso es tan válido para las personas individuales como para las sociedades. Vivimos tiempos muy difíciles y dolorosos con la pandemia, acabamos de sufrir miles de pérdidas, y nadie se rasga las vestiduras por el hecho de recordarlas a cada momento, sino al contrario: parece lo justo. Tampoco se deben olvidar las que hubo hace ochenta años por una pandemia de violencia. Profundizar en el pasado no es ahondar en heridas sino, por el contrario, intentar cerrarlas; cerrarlas definitivamente, no en falso como se ha venido haciendo hasta hace muy poco. Pero para conseguirlo hay que mirar a ese pasado de frente, sin miedo y llamando a las cosas por su nombre; eso es lo correcto desde el punto de vista de la salud histórica, no mantenerlo encerrado bajo siete llaves con el argumento de que puede hacer daño. Ese es mi punto de vista, e intento poner mi granito de arena, en este caso desde la novela negra.

-Uno de tus lectores me ha definido tu obra como una novela “que te deja sin aliento hasta que no finalizas su lectura, con una perfecta maquinaria y encaje de las coordenadas policíacas con una trama extraordinaria, históricas, sociales, espaciales, psicológicas con una estupenda construcción de los personajes y literarias”. ¿Qué opinas de esa definición?

-Ufff. Soy yo el que se queda sin aliento. Creo que es un punto de vista muy generoso. Ante estos cariños, el menos indicado para opinar es el autor, sobre todo si se trata de un hombre pudoroso, como es el caso. Valoraciones así solo te permiten abrir la boca para dar las gracias.

-¿Qué te ha parecido la idea de la ruta literaria sobre ‘La Virgen de los Huesos’? ¿Te esperabas algo así?

-Es una iniciativa asombrosa, que me llena de orgullo y gratitud. Cuando escribía la novela tenía mis dudas sobre cómo la recibiría la gente ribereña. Al fin y al cabo, toca asuntos duros, dolorosos, lamentables, que todavía están en la piel de muchos que podrían sentirse indirectamente aludidos, aunque todos los personajes principales son ficticios. Una vez concluida, me pareció que el resultado era sumamente respetuoso; que sin cerrar los ojos ni girar la cara ante los hechos, había escrito una historia humana, un tributo, como dice en su epígrafe, a una tierra y a una generación. Aunque en ningún caso imaginaba que iba a recibir un trato tan generoso.

-Nos ayudará a conocer la trama de la novela y a saber más de Aranda y su historia. ¿Crees que nos sorprenderá?

-Eso espero, aunque todavía no sé mucho al respecto. Mañana se presentará en el Ayuntamiento y creo que estaré en la rueda de prensa. Allí me enteraré de los detalles, pero sé que hay varios departamentos municipales y personas independientes trabajando en el proyecto, de modo que el esfuerzo es notable.

-Y como quien no quiere la cosa nuestro artista Nano Arribas plasma tu novela en su último mural…

-Es una muestra más del cariño con que Aranda ha acogido la novela. Tengo que decir que me abruma un poco el protagonismo que ha adquirido en tiempos muy difíciles, con las librerías cerradas y la gente confinada en casa. Para mí ha sido una sorpresa muy agradable, y nunca dejaré de estar agradecido a las personas que han contribuido a ese apoyo y difusión. Lo de Nano Arribas ha sido la guinda. Pensar en que “La Virgen de los huesos” perdurará durante años en un edificio es mucho más de lo que podía imaginarme cuando escribía los pormenores de la segunda investigación de Carlos Lombardi.

-¿Dónde está ambientada la tercera aventura de Lombardi? ¿Habrá una cuarta?

-La tercera transcurre íntegramente en Madrid y sus alrededores, tan negra como las anteriores, aunque con un trasfondo de espionaje. Ya está escrita, y en manos de HarperCollins. Espero que vea la luz durante el segundo trimestre del año próximo. En cuanto a la cuarta, aunque la estoy escribiendo ahora, ya veremos. Inicialmente, concebí la serie como una tetralogía, como un modesto homenaje a Leonardo Padura y sus cuatro estaciones en La Habana. “Tiempo de siega” se desarrolla en invierno, “La Virgen de los huesos” en verano, la tercera en otoño y la última en primavera. Ese es el plan, pero la vida de Carlos Lombardi no depende tanto de su autor como de los lectores. Si ellos quieren, si sus aventuras/desventuras siguen teniendo buena acogida, habrá Lombardi para rato.

 

 
 
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