
El presidente de la asociación ASORIDO relata su último proyecto solidario en Guatemala, una experiencia que define como “una de las más duras” y que refuerza su compromiso con las comunidades más vulnerables. Nos sentamos a hablar con Benja Hernando Arrabal.
- Acabas de regresar de Guatemala y es la primera vez que viajas allí, ¿qué te ha llevado hasta este país?
- Sí, es la primera vez que he estado en Guatemala. Y el motivo ha sido bastante concreto. En los últimos proyectos me he ido encontrando con situaciones complicadas para trabajar: en Etiopía hubo una erupción volcánica y además hay conflicto armado; en Ucrania directamente hay guerra; en Moldavia existe riesgo de invasión rusa y problemas en frontera; en Haití, según los datos que consulté, los secuestros a cooperantes han subido un 80% en los últimos dos años. Llegó un momento en el que no sabía muy bien dónde ir y una vecina mía, Rosa Alubilla, que trabaja en derechos humanos, llevaba tiempo diciéndome: “Benja, vete a Guatemala”. Al final, cuando tuve que decidir, lo hice. Y vengo muy contento, la verdad.
- ¿Cómo describirías la situación en Guatemala?
- Muy mala en términos generales. Hay gente que vive bien, como en todos los países, pero el problema es que una minoría tiene recursos y la mayoría no tiene prácticamente nada: ni oportunidades, ni acceso a cosas básicas. Hay mucha desnutrición, sobre todo en la zona del Quiché, mucha desnutrición infantil por falta de alimentos y recursos económicos. La alimentación es muy básica: arroz, frijoles y pollo. Apenas comen fruta, casi no hay pescado y la carne es muy limitada. Eso evidentemente pasa factura.
A nivel político se habla mucho de corrupción y de mala gestión, aunque tampoco he profundizado tanto en ese aspecto. Pero es un país con muchas dificultades estructurales, como otros países en esa situación.

- ¿Cómo ha sido tu experiencia?
- Yo diría que de las más duras. No sé si la que má, pero desde luego de las más duras. He visto cosas diferentes a otros países, pero aquí ha habido momentos especialmente impactantes.
- ¿Qué situaciones te han marcado más durante el viaje?
- Varias. Por ejemplo, visitamos una residencia de ancianos que me impactó muchísimo. Es una residencia que vive exclusivamente de la caridad, no tiene ningún tipo de ayuda del gobierno ni de instituciones. Es gente mayor que no tiene familia o que está completamente sola. Algo que me llamó muchísimo la atención es que me dijeron que cuando fallece alguien no va nadie al entierro. No tienen familia. Van los propios compañeros de la residencia y la gente que les ayuda.
También estuvimos en los basureros de Santa Cruz del Quiché. Allí llegan los camiones, descargan la basura, la queman, y alrededor de ese entorno hay familias viviendo en chabolas hechas con plástico, chapa, madera… lo que encuentran. Su trabajo diario es rebuscar entre la basura para reciclar. Incluso me comentaron que a veces llegan a comer lo que encuentran. Eso para mí ha sido lo más duro. Ya había visto cosas parecidas en Haití o en Etiopía, gente buscando en la basura, pero no a este nivel ni tan de cerca.
- ¿Cómo viviste ese momento en los basureros?
- Fue muy fuerte. El olor a basura quemada era muy intenso. Recuerdo perfectamente que me sentó mal físicamente. Esa noche no pude cenar y prácticamente no dormí. Fue de esas experiencias que te impactan mucho a nivel sensorial y emocional.

- ¿Qué tipo de ayuda pudisteis realizar allí?
- Fueron ayudas puntuales. Se reunió a las familias que vivían en la zona y se les entregaron bolsas grandes de alimentos, de comida básica. Allí lo llaman así. Evidentemente no es la solución al problema, pero es una ayuda inmediata en ese momento. Siempre es así en estos proyectos: visitas residencias, escuelas o familias en extrema pobreza y lo que más te piden es comida. ASORIDO no tiene capacidad económica para mantener proyectos a largo plazo, como construir escuelas o mantener estructuras estables, así que son ayudas puntuales con el dinero que se recauda.
- ¿Cómo se financia todo esto desde ASORIDO?
- Con ayuda de empresas de Aranda, amigos, familiares y gente que conoce el proyecto y decide colaborar. Hay personas que llevan conmigo desde el principio y siguen apoyando. Yo recaudo el dinero y lo utilizo íntegramente en destino. El viaje y la estancia me los pago yo.
- En otros proyectos has viajado incluso con furgoneta. Esta vez la has aparcado…
- No, esta vez he ido en avión. Antes sí he utilizado furgoneta como forma de llevar material que aquí ya no se usa y darlo una segunda vida allí. Es otra forma de ayuda también. Pero en este caso ha sido todo en avión, llevando el dinero conmigo y reinvirtiéndolo en los comercios y empresas de aquella zona.
- ¿Qué balance haces de esta experiencia en comparación con otros países?
- Muy positivo dentro de lo duro que es. La gente es increíble. Y además, para mí ha sido importante el poder comunicarme mejor. En otros países como Etiopía, Haití o Moldavia, aunque te defiendes con inglés o francés, no es lo mismo. Aquí el idioma ayuda muchísimo. Puedes hablar, profundizar, entender mejor las situaciones. Eso te permite sacar conclusiones más reales.

- ¿Te planteas volver a Guatemala?
- Sí, sin ninguna duda volveré. Me ha dejado muy buen recuerdo en cuanto a la gente, aunque la realidad sea dura. Lo que no sé es cuándo, porque también quiero seguir con otros proyectos en otros países.
- ¿Cómo llevas la parte personal de estos viajes, especialmente cuando vas solo?
- Bien. En este viaje estuve acompañado los primeros 10 o 12 días por Santiago Sancha, pero luego continué solo. No lo llevo mal porque estoy acostumbrado. De hecho, la mayoría de mis proyectos los he hecho solo, unos 18 de los 22.
- ¿Qué te aporta personalmente este trabajo?
- Es una pregunta que me hago mucho. Hay momentos buenos y momentos muy duros, es algo agridulce. Me aporta mucho, pero también me genera dudas. A veces pienso si lo hago por ellos o por mí. Es una cuestión que creo que nunca voy a terminar de resolver. Sigo adelante porque me gusta y lo necesito. Me hace sentir bien, aunque haya momentos muy duros. Y al final, aunque te hagas muchas preguntas, sigues.
- ¿Ya estás pensando en el siguiente proyecto?
- Sí, tengo ideas, pero es pronto para concretar. Dependerá del tiempo, del dinero y de mi situación laboral. Cada año intento hacer uno, pero no siempre es fácil organizarlo todo.
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