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José Ignacio Sánchez Rivera: "La protección del puente de San Roque la han hecho los vecinos a pulso y tiene mucho mérito"

Los puentes son la gran pasión de este profesor de Física Aplicada, que ha recorrido la Ribera del Duero para estudiarlos

21/04/2019 7:24 | Begoña Cisneros
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José Ignacio Sánchez Rivera es vallisoletano, profesor de Física Aplicada en la Escuela de Arquitectura de Valladolid. Su pasión es documentar el patrimonio que muchas veces está olvidado y con peligro de derrumbarse para dejar constancia de sus características e impulsar a su mantenimiento. Iglesias, edificios, torres y puentes. Y los puentes, los ribereños, son los que le hacen acercarse a nuestra comarca para su estudio. Concretamente sobre uno, el de San Roque de Castrillo de la Vega, hablará este lunes 22 de abril en la iglesia de esta localidad ribereña a partir de las 18:30 horas. Hoy queremos adentrarnos con él en el maravilloso mundo de los puentes de nuestra zona.

-¿Qué te une a la Ribera del Duero y a los puentes?

- Mi familia es de Pesquera de Duero (Valladolid). Allí tengo una casa y desde ahí he recorrido mucho toda la Ribera, siempre me he interesado desde niño por los puentes y me fui dando cuenta de que los puentes no se han estudiado mucho nunca, algo que ahora se está empezando a hacer un poco.

-No tenemos mucha documentación sobre puentes al contrario de lo que sucede con otros elementos patrimoniales como palacios o iglesias. ¿Por qué?

- Simplemente se usaban y cuando se dejaban de utilizar se tiraban o se dejaban olvidados. Se hacía una carretera, se sustituía el puente o incluso se ponía un tablero de hormigón encima en un puente que podía ser medieval. Es un patrimonio por el que hasta ahora no ha existido mucho respeto al contrario de lo que pasa con otros edificios. Los puentes se hicieron para ser utilizados y cuando se han dejado de usar se han olvidado y cuando se los ha llevado el río simplemente se ha hecho otro.

-¿No hay tanto interés en restaurarlos al igual que ocurre con otro tipo de monumentos?

-Es algo que está empezando a cambiar. Por ejemplo en Peñafiel se ha restaurado el puente medieval para el paso de la vía verde cuando yo lo daba por perdido porque tenía un arco medio caído. Es importante conservarlos, no pensaríamos hoy en España sin el puente romano de Alcántara, el de Salamanca o el acueducto de Segovia. Hay poblaciones que no se entienden sin la presencia del puente como es el caso de Salamanca, o el de Aranda.  En Valladolid el edificio más antiguo de la ciudad es su puente medieval que sigue utilizándose y mientras que a los edificios de esa época se les tiene todo el respeto, a los puentes no.

-Cuéntanos algo del puente de Aranda…

-Es un puente que tiene mil remiendos y con un tablero de hormigón encima que se puso en los años 60 para ensancharlo. Porque los puentes, aunque muy antiguos, soportan bien el peso de los camiones que pasan por él, pero antes se utilizaban carros y para ampliar la anchura lo que se hizo fue tirar los petriles y poner una losa de hormigón.

-Escribiste el libro ‘Los puentes de la Ribera Burgalesa’. ¿Tenemos muchos puentes en la comarca?

-Sí, la Ribera del Duero es una zona que ha estado muy poblada, sus pueblos han tenido muchos habitantes y una gran producción. Los cereales o el vino eran mercancías con valor para vender fuera. También había ovejas que pasaban por las cañadas y se transportaba su lana. Burgos se hizo en el siglo XVI a base de la lana que se esquilaba en Segovia y se llevaba a Burgos y para ello fueron necesarios los puentes. La Ribera tiene más o menos un puente por cada quince kilómetros y eso es mucho. Se empezaron a construir en el siglo XVI. Sobre el Duero tenemos el puente de Langa de Duero, en Soria, para el que se ha iniciado una campaña para su conservación. Seguimos con puentes en La Vid, Vadocondes, Aranda, Castrillo de la Vega, Roa, San Martín de Rubiales, Peñafiel, Quintanilla, Olivares, Peñalba, Tudela… En el trazado del Duero había unas comunicaciones enormes, nosotros lo único que hemos hecho es asfaltarlo. Bueno, en Aranda se construyó uno más para el paso del tráfico y otro para el ferrocarril, pero Roa ha mantenido todo el tiempo su único puente hasta que hace pocos años construyó un segundo para hacer una variante. Pero entre Roa y San Martín de Rubiales no se han puesto a hacer otro, entre San Martin y Peñafiel tampoco. El panorama de las comunicaciones ya estaba hecho y llevamos cinco siglos disfrutándolo.

-Este lunes vienes a Castrillo para hablarnos de su puente, el de San Roque que unía la localidad con La Ventosilla. ¿Con qué peculiaridades cuenta?

- Su principal peculiaridad es que se trata de un puente que no se llevó el río, sino que acabaron con él intencionadamente. Antiguamente los puentes eran privados, propiedad de alguna familia que se encargaba de su mantenimiento. No sabemos de quién era, posiblemente de un noble de los alrededores, el caso es que cuando la finca de La Ventosilla pasó a manos del duque de Lerma y se convirtió en una finca de recreo y cazadero real lo más seguro, porque hay muy poca documentación, es que la intención del propietario fue la de evitar que el tráfico pasara por mitad de La Ventosilla con el fin de no espantar la caza. Así, todo el que quería cruzar el río tenía que ir hasta Aranda. Es un caso particular. En la parte de Ventosilla no queda nada del puente, supongo que la piedra se la llevarían para otras construcciones, pero en el lado de Castrillo sí que conservó parte del puente, un arco y parte del arranque del puente de la calzada.

-Si eran puentes privados, ¿cómo se costeaba su mantenimiento?

-Los dueños cobraban un peaje y con el dinero reparaban el puente y así se iba conservando. En el siglo XVIII  el mantenimiento se hacía con la recaudación de todos los pueblos situados a una cierta distancia. En la Ribera del Duero ni Roa ni Aranda la pagaban porque a través de un privilegio les pertenecía el puente que había en la población y ya se encargaban de su conservación estando exentos de pagar el mantenimiento del resto. Existen un montón de pleitos porque se solicitaba un pago al que siempre recurrían basándose en el privilegio. Que Aranda era dueña de su puente lo podemos ver al comprobar la existencia de un puente en su escudo.

-En el caso de Castrillo el puente estuvo a punto de derrumbarse hace años y los vecinos consiguieron evitarlo…

 -Gracias a ellos de momento no se ha caído. El agua del río es muy dañina para los puentes, el pilar del puente de San Roque casi está en el agua y las crecidas hacían que se fuesen arrancando las piedras amenazando con venirse abajo. De hecho nosotros desde el departamento fuimos a hacer un levantamiento de urgencia pensando en obtener los planos antes de que el río se lo llevara para dejar un testimonio gráfico para el día de mañana. Pensaba que se iba a hundir en cuanto el río arrancara cuatro piedras más y de repente se vio el interés de la gente, cosas que suceden milagrosamente donde se empiezan a unir los del pueblo. Comenzaron a trabajar y protegieron los cimientos con unas cepas de hormigón, lo han hecho los vecinos a pulso y tiene mucho mérito, porque se han preocupado por un puente que se ve muy poco, decidieron salvarlo y han consolidado el pilar que corría más peligro, lo han limpiado de vegetación incluso y ahora es visitable, porque antes ibas y no lo encontrabas.

-¿Qué puente de la comarca es el que más te ha llamado la atención?

- Todos tienen algo interesante, son piezas históricas, lo que sucede es que estos puentes normalmente se han reparado a lo largo de todos los siglos y cada piedra es de una época. Continuamente reparaban porque los ríos no son como ahora que cuentan con embalses en la cabecera y el agua del cauce se mantiene. Antes los estiajes en verano eran tremendos, podías cruzar el Duero remangándote los pantalones y los puentes ahora sufren menos. Por ello cuando estudias un puente de estos ves arcos que son de épocas distintas. El puente de Peñafiel, por ejemplo, tiene unos arcos medievales, otros del siglo XVI y otros del XVIII.  Incluso en el puente de la Vid, que es el último que se construyó en el siglo XVI parece que los arcos son todos iguales pero no es así, porque se les cayó una pila y los dos arcos que sustentaba se vinieron abajo. El puente de San Martín de Rubiales tiene también un arco medieval muy parecido al de Castrillo, de la misma época,  luego tiene dos arcos del siglo XVI y tres del XVIII y eso es muy interesante, las circunstancias que han pasado durante su existencia se ven reflejadas en la construcción, es curioso de analizar, ver cómo construían en cada época. Todos tienen interés y casi el interés está en que todos son muy complejos y que cada piedra es de una reparación, si fuese todo homogéneo sería todo menos interesante.

-El próximo número de la revista Biblioteca contará con uno de tus últimos estudios, el del puente de Linares del Arroyo que se encuentra bajo el agua, en el embalse de Linares en la población de Maderuelo…

-Sí, hemos podido hacer las mediciones gracias a la gigantesca sequía que hubo en 2017. Bajó tanto el agua que se llegó a ver el puente medieval, se podía bajar al cauce y dar la vuelta al puente. Hicimos un levantamiento para sacar los planos porque no sabemos si la próxima vez que baje el embalse el puente va a estar ahí o se ha hundido. Son tres arcos y cada uno de un siglo, del XV, del XVIII y un tercero que parece una reparación del XIX. No hay documentos, pero sí que cuenta con unos escudos, lo que significa que tenía propietarios y que cobraban por su paso. Tenía casi 100 metros y todo indica que contaba con una torre que se tiró en su momento porque se dejó de utilizar.

 
 
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