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Suco (guitarra), Missis (batería), Mónica (voz) y Gus (bajo) son los componentes del grupo The Wild Onion. Ayer sábado pudimos disfrutar de su música en el parque de La Huerta y pudimos conocer por primera vez en vivo el contenido de su ópera prima, el álbum “Hear me... Hate me... Eat me!". El viernes 26 volveremos a hacerlo en el mismo espacio, dentro del programa “Music Festival a las 21:30 horas. Pero hoy hablamos con ellos para conocerles mejor.
- ¿Qué es The Wild Onion?
- La formación que existe hoy es relativamente reciente. Los componentes actuales llevamos juntos aproximadamente tres años y medio y es ahora cuando realmente sentimos que el proyecto se ha consolidado. Hemos grabado un disco, hemos lanzado un videoclip profesional y hemos dado un paso adelante importante. Por eso decimos que, aunque el grupo tenga una historia anterior, The Wild Onion tal y como existe ahora prácticamente acaba de nacer.
- ¿Qué os aporta formar parte de The Wild Onion?
- Muchísimo. Para algunos de nosotros la música va mucho más allá de una afición. Hay quien viene de trabajar profesionalmente en la música y que durante años había cobrado por cantar en orquestas. Entrar en un grupo de rock supone cambiar completamente la perspectiva porque aquí no se gana dinero; al contrario, muchas veces hay que invertirlo. Hay que pagar locales de ensayo, grabaciones, desplazamientos, material, promoción y muchas otras cosas. Sin embargo, la recompensa llega por otro lado. La música aporta ilusión, energía y motivación.
En algunos casos incluso se ha convertido en una herramienta fundamental para afrontar enfermedades importantes. Hay miembros del grupo que convivimos con patologías crónicas desde hace años y la música nos ha ayudado a recuperar ganas de hacer cosas, de salir de casa y de afrontar el día a día de una manera distinta. Literalmente, la música es vida.
Además del aspecto emocional, está el humano. Los ensayos son momentos para compartir tiempo, reírse y desconectar. Todos tenemos trabajos, horarios complicados y obligaciones, por lo que cuando conseguimos reunirnos se convierte en un momento especial.
- Acabáis de publicar vuestro primer disco “Hear me... Hate me... Eat me!". ¿Qué supone para vosotros este lanzamiento?
- Es el resultado de varios años de trabajo. Presentamos el disco el mismo día que estrenamos el videoclip, el pasado 22 de mayo, en El Callejón del Gato Negro. Fue una presentación diferente porque no se trató de un concierto al uso, sino de un acto para mostrar el trabajo realizado y compartirlo con la gente.
- ¿Cómo ha sido la acogida?
- Muy buena. Nos sorprendió especialmente la respuesta hacia el formato físico. Vivimos en una época en la que casi toda la música se consume a través de plataformas digitales y aun así decidimos fabricar cien copias del disco porque queríamos tener algo tangible, algo que quedara para nosotros y para quienes quisieran apoyarnos. Nuestra sorpresa fue enorme cuando comprobamos que se vendió más de la mitad de la tirada en muy poco tiempo. La gente nos transmitió comentarios muy positivos tanto sobre las canciones como sobre el videoclip, y eso nos anima a seguir trabajando.
- ¿Qué va a encontrar el público cuando lo escuche?
- Se va a encontrar doce canciones muy diferentes entre sí. Hay temas que hablan de amor, otros sobre relaciones tóxicas, algunos sobre sexo, otros sobre drogas y rock and roll y también canciones que abordan cuestiones más profundas o más oscuras. La muerte, por ejemplo, es un tema que aparece en varias composiciones porque es una cuestión que siempre ha generado interés y reflexión dentro del grupo. Pero el disco no gira alrededor de una única temática. Hay muchas historias distintas y muchas emociones diferentes. Cada canción tiene personalidad propia.
- ¿Cómo definiríais vuestro sonido?
-Es complicado porque, aunque todo parte del rock, cada canción tiene matices muy distintos. Hay influencias de rock clásico, de hard rock, de rock sureño y de otros estilos que se van mezclando de forma natural. No creemos que sea un disco fácil de encasillar porque cada tema tiene su propia identidad. Hay canciones mucho más melódicas y otras más contundentes. Algunas tienen una clara influencia americana y otras son más directas y agresivas. Lo mejor es escucharlo sin prejuicios y dejarse sorprender.
- ¿Con qué os gustaría que se quedara quien escuche The Wild Onion por primera vez?
- Con la sensación de que detrás de estas canciones hay mucho trabajo, mucha ilusión y mucha verdad. Que escuche el disco completo, que descubra sus diferentes matices y que encuentre alguna canción con la que identificarse. Y, sobre todo, que perciba algo que para nosotros es fundamental: que la música sigue siendo una de las mejores formas de disfrutar, emocionarse y sentirse vivo.
- ¿Cómo es el proceso de creación de las canciones?
- Normalmente el punto de partida suele llegar desde la guitarra. Aparece un riff, una progresión o una idea básica y a partir de ahí comienza un trabajo colectivo. Sobre esa base se desarrollan las melodías vocales, las líneas de bajo, la batería y los arreglos. Musicalmente todo se construye entre los cuatro. Cada uno aporta su visión y sus ideas hasta que la canción adquiere una forma definitiva. Es un proceso bastante colaborativo y creemos que, precisamente por eso, las canciones tienen tanta personalidad.

- Un disco grabado en un estudio arandino, The Groove House Studio. ¿Cómo ha sido esa experiencia?
- Espectacular y también muy exigente. Para algunos de nosotros era la primera vez que grabábamos en un estudio de estas características y descubrimos que el trabajo de estudio es mucho más complejo de lo que parece desde fuera. Javier Peña, responsable de The Groove House Studio, tuvo un papel fundamental. No se limitó a grabar el disco, sino que ejerció también como productor. Nos ayudó a detectar detalles que podían mejorar las canciones y nos propuso cambios que terminaron elevando mucho el nivel del resultado final.
Además, se apostó por una forma de grabar bastante artesanal. No se recurrió constantemente al copia y pega digital. Si había que repetir una voz, se volvía a grabar. Si había que hacer coros distintos en cada estribillo, se hacían de nuevo. Eso dio al disco una sensación más orgánica y natural.
Posteriormente todavía hubo una fase de revisión muy minuciosa. Somos bastante perfeccionistas y no nos conformamos con la primera mezcla. Se revisaron detalles, se escuchó el trabajo con distintos músicos de confianza y se realizaron ajustes hasta conseguir el sonido que buscábamos.
- ¿Habrá más videoclips?
- De momento no es algo que tengamos previsto a corto plazo porque sale bastante caro. El videoclip que hemos realizado tiene una calidad muy alta y creemos que si hacemos otro debe estar al mismo nivel o incluso superarlo. No tendría sentido invertir tiempo y esfuerzo para ofrecer algo inferior. Preferimos centrarnos ahora en promocionar este trabajo.
- ¿Qué objetivos os marcáis para el futuro?
- Ahora mismo queremos disfrutar del momento y sacar todo el recorrido posible a este disco. Ha costado mucho trabajo y queremos aprovecharlo. Pero al mismo tiempo ya estamos componiendo material nuevo. Hay canciones nuevas en marcha y la idea es seguir trabajando para que en el futuro pueda llegar un segundo álbum.
- Aranda siempre ha destacado por su escena musical. ¿Cómo la veis actualmente desde dentro?
- La escena musical de Aranda y de toda la Ribera es impresionante. Hay una cantidad enorme de grupos y de músicos con muchísimo nivel. El problema no está en la falta de talento sino en la falta de espacios donde desarrollar esa actividad. Desde el cierre de La Colmena Musical se echa mucho de menos un lugar estable para programar conciertos durante todo el año. En verano todavía aparecen oportunidades gracias a festivales, vermús musicales o eventos al aire libre, pero durante muchos meses resulta muy complicado encontrar escenarios.
Creemos que una ciudad del tamaño de Aranda, con la cantidad de músicos que tiene, debería contar con una sala de conciertos estable donde pudieran actuar grupos locales, compañías de teatro, escuelas de danza y todo tipo de propuestas culturales.
- ¿Es buena la relación entre los músicos de la zona?
- Sí, muy buena. Hay muchísimo compañerismo. La sensación general es que existe una comunidad musical muy unida y muy activa. Eso nos ayuda a tener tanta ilusión. Porque además de hacer música, formas parte de una red de personas que comparten la misma pasión y que siempre están dispuestas a colaborar.
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