
La asociación de vecinos de Santa Catalina cumple más de medio siglo como uno de los colectivos más antiguos de Aranda de Duero. Su presidente, Antonio Adeliño, repasa la actualidad del barrio, la realidad social que atraviesa, las dificultades internas para mantener el tejido vecinal y los proyectos que siguen sosteniendo el espíritu comunitario de toda una vida.
- ¿Desde cuándo formas parte de la Asociación de Vecinos de Santa Catalina y cómo ha sido tu recorrido?
- Antes de estar la sede en el sitio donde está ahora, se encontraba en la avenida de Burgos, justo debajo de mi casa. Yo ya tenía relación con el secretario, Feliciano, por temas de comunidad. Él me animó a hacerme socio y empecé a colaborar. En el año 2000 trabajamos juntos en La Voz del Barrio, una revista de la que sacamos quince números. En 2015, cuando pasé a la reserva, Feliciano me metió de lleno en la asociación. Ya me llamaba para montar el nacimiento o para arreglar enchufes. Entré como secretario en 2015 y en 2021 asumí la presidencia. El año pasado tocó renovar y, como no había voluntarios, me volvieron a elegir. Yo encantado de que alguien me releve, pero por ahora sigo.
- ¿Es difícil llevar una asociación de vecinos?
- Sí Representas a mucha gente. La gente viene a pedir que resolvamos problemas o que organicemos actividades, pero ellos no se implican. Por ejemplo, hay quien dice “podríais hacer excursiones”. Perfecto, pero hace falta un monitor. “¿Quieres serlo?” “Hombre, no…”. Pues así es imposible. Tenemos ideas, pero falta gente que las saque adelante. La participación ha bajado muchísimo, sobre todo porque las personas mayores, que eran las más activas, van dándose de baja o falleciendo.
- ¿Cuántos socios tenéis actualmente?
- Ahora mismo 527 familias, aunque llegamos a tener 860. Para que te hagas una idea: en carnavales un año salieron 100 personas del grupo del barrio; ahora no llegamos a 20.
- ¿Cómo estáis de actividad dentro del local?
- Con muchísimo movimiento. Por las tardes pasan por allí el apoyo escolar de Presencia Gitana, el taller de Carnaval, un grupo de gimnasia, el club de petanca, el de bolos, el de pesca, reuniones de comunidades de vecinos… También bolillos, retacería y exposiciones de pintura u oficios. Y se suman otras actividades como la rondalla, el grupo de acordeón o ensayos que no se hacen aquí porque el local no está insonorizado. Ahora, en diciembre, empezamos con el Belén.
- ¿Cómo es actualmente la comunicación con el Ayuntamiento?
- Con los gobiernos anteriores siempre hubo buena relación, con independencia del partido. Pero con el actual equipo de gobierno empezamos mal. Lo primero que nos dijeron fue que querían quitarnos la sede para poner una ludoteca. No les hemos caído en gracia.
Con el concejal de Barrios, Andrés, sí tenemos una buena relación personal, es un hombre abierto. Pero como Ayuntamiento, apoyo, poco.
- ¿Qué necesidades habéis trasladado este año?
- Hay dos tipos: grandes infraestructuras y pequeños arreglos. Entre los grandes estaban la reforma de la avenida Burgos, el acondicionamiento de la pista peatonal de la carretera de Quemada y el aparcamiento disuasorio. Todos han sido rechazados, salvo la ronda interna, de la que al menos han encargado el estudio.
Entre los pequeños, lo de siempre: baches, papeleras rotas, fuentes, contenedores, bancos… Lo que más insistimos es en la movilidad: rebajes de aceras en pasos de peatones. Tenemos el caso de Mariano, vecino que se ha quedado ciego y tiene un escalón enorme al salir de casa. No cuesta nada rebajar un bordillo. Pero nada se hace.
- ¿Qué opinas de los presupuestos participativos y los trabajos colaborativos que quiere poner en marcha el Ayuntamiento?
- Sinceramente, que no tienen sentido en Aranda. Con 62 millones de presupuesto y 347 funcionarios, que tengan que llamar a la gente para hacer trabajos de desbroce, limpieza o pequeñas obras… No lo veo.
- ¿Cómo ves el futuro de las asociaciones de vecinos?
- Son necesarias: si no estamos nosotros, nadie va a pedir que arreglen un banco, una arqueta o un contenedor. Y también somos útiles para dinamizar la vida social, aunque ahora muchas actividades ya las ofrecen las CEAS o el Ayuntamiento.
El problema es el relevo. Si no entra gente nueva, echaremos el candado. Sería una pena, pero es la realidad.
- La situación de las viviendas ocupadas es algo que también os preocupa…
- Ahora mismo tenemos nueve. Hace poco eran once, pero dos se desalojaron y los ocupantes se fueron a otras. El problema es continuo. No solo es que ocupen, es el ruido, las puertas rotas, la inseguridad que genera que entren por ventanas o rompan cerraduras. La única solución es cambiar la ley. Pero nadie mete mano.
- ¿Tienes esperanza de que se llegue a tiempo con los arreglos de los bloques?
- Resultaría catastrófico perder el proyecto del ERRP, antiguo ARU, donde se pretendía invertir 20 millones en varias fases y rehabilitar casi mil viviendas. La primera fase, centrada en la barriada de los bloques, creo que ni siquiera se comenzará. No es lógico que se pida ampliar el plazo de ejecución de una obra que no se ha empezado. Así que nos podemos ir despidiendo del arreglo exterior y colocación de ascensores para las primeras 180 viviendas y de los 5,6 millones de fondos europeos.
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