
De cargar cajas de fruta en el almacén familiar a compartir escenario y plató con grandes nombres de la interpretación. Así ha sido el largo viaje de Luis G. Gámez, actor arandino que, con más de 50 años de trayectoria artística, ha pasado por el teatro, ha trabajado en cine y televisión, y mantiene intacta su pasión por el arte. Conversamos con él sobre sus comienzos, su vida y su eterna relación con Aranda de Duero.
- Luis, tus comienzos no fueron precisamente sobre un escenario.
- Sí, yo empecé aquí en Aranda, en el negocio familiar. Teníamos un almacén de frutas al por mayor y desde muy joven me tocaba cargar y descargar toneladas de género. Era un trabajo duro, pero mientras tanto yo soñaba con otra cosa: el humor. Me fascinaban Gila y todos los humoristas de la época. Desde los 14 años escribía mis propios guiones y hacía programas de humor en Radio Juventud, donde interpretaba mis sketches en directo. Yo quería ser humorista, esencialmente humorista. Y me saqué el carné.
- ¿El carné?
- Entonces para actuar necesitabas un carné profesional, igual que los músicos. Era otra época, pero yo quería hacerlo todo legal y me saqué todos los carnés del mundo. Fue el primer paso para dedicarme de verdad a esto.
- ¿Cómo surgió tu primera oportunidad como actor?
- Aquí mismo, en Aranda. En los años sesenta había mucha actividad cultural, organizada por asociaciones como Acción Católica. Se montaban zarzuelas y obras de teatro. Yo participé en algunas como cantante en el coro, y luego me ofrecieron un papel en una obra que se representó en el antiguo cine. Se titulaba “Eran tres: un gitano y un marqués”, de Luis Fernández de Sevilla y Tejedor. Al final acabé haciendo el papel protagonista, y ese fue mi verdadero debut sobre un escenario.

Luis G. Gámez en la serie "La canción"./ DR
- ¿Y cuándo decides dar el salto profesional?
- Tarde, muy tarde. Yo tenía ya cincuenta años. Mi padre se hacía mayor y el negocio iba cuesta abajo con la llegada de los supermercados. Entonces decidí dar el paso. Siempre había tenido ese gusanillo dentro: quería realizarme como artista. Así que me fui a Madrid.
Tuve suerte, porque una amiga mía trabajaba como secretaria del director del Teatro Español. Me consiguió una oportunidad haciendo figuración, y allí estuve un año y medio. A partir de ahí fui entrando en el mundo profesional, primero en teatro y después en televisión, donde he trabajado en muchísimas series.
- ¿Hay algún papel que recuerdes con especial cariño?
- Sí, el de la serie “Justo antes de Cristo”. Ese personaje prácticamente lo creé yo. El guionista me dio las líneas generales, pero la forma de hablar, los gestos y la actitud fueron invención mía. El director quedó encantado. También guardo muy buen recuerdo de otros papeles más serios, incluso de cuando interpreté a Franco, pero siempre buscando reflejar la persona y el contexto, no hacer una parodia. He tenido la suerte de trabajar con directores maravillosos. Alguno tenía fama de difícil —de los de la vieja escuela—, pero la mayoría han sido gente estupenda.

Luis G. Gámez en la serie "Justo antes de Cristo"./ DR
- ¿Sigue habiendo ganas de actuar?
- Claro. La jubilación no pasa por un actor. Mientras la cabeza funcione y el cuerpo responda, hay que seguir. Ya no busco grandes papeles, pero sí proyectos que mantengan vivo el espíritu. Hago cuatro o cinco cosas al año, lo justo para seguir activo.
- ¿Sigues viviendo entre Madrid y Aranda?
- Sí. He vivido muchos años en Madrid, pero ahora paso más tiempo en Aranda, sobre todo para estar cerca de mi hermano. Tengo allí casa, pero cada vez me tira más la tierra.
- Además de actor, siempre has tenido una faceta musical importante.
- De hecho antes que actor quise ser cantante. Me encantaba la ópera, la zarzuela y también la música moderna. Mis inicios fueron en la cámara donde guardábamos los plátanos del almacén, donde iba a cantar para que nadie me oyese. Con amigos formamos Los Trovadores de Castilla con el que hacíamos rondas. Después Los Trova con música pop. Me decían que tenía buena voz, pero yo acababa con la garganta hecha polvo después de cada concierto porque era un bestia. Con el tiempo he ido adquiriendo técnica.
- ¿Cómo vives esta etapa de tu vida?
- Con calma. Sigo leyendo, ensayando y escribiendo, pero también disfrutando del tiempo. Nunca he sido de bares ni de trasnochar. Cada vez valoro más la tranquilidad y el aprovechar los días. Como digo siempre, hay que vivir mientras el cuerpo aguante. Quiero seguir haciendo cosas, sin prisa, pero sin parar. El arte no tiene edad, y mientras haya ganas, siempre habrá un escenario o una cámara esperándote.
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