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Dos tramas han centrado el interés municipal en estos últimos días. Ambas con tintes políticos y altas dosis de estrategia (por todos los flancos). Tras nueve meses jugando al despiste, se ha convocado la comisión que pretende investigar todo aquello que sucedió en los meses previos a la dimisión, el pasado enero, de la exconcejala de personal, María Ortuño, quién en su escrito de renuncia narraba con detalle algunos hechos que, de ser así, serían cuanto menos reprobables. Aquello no se concretó en una denuncia en los órganos competentes (como creo debiera haber sido), y ha acabado transitando por el carril de la política. Y en esa zona de juego, la oposición ha visto la comisión como una fórmula de desgaste para el equipo de gobierno, especialmente para el alcalde, el mayor aludido por las palabras de la exedil. Mientras, los excompañeros de ejecutivo de Ortuño han optado por dilatar los tiempos, echar en el olvido las reprobaciones, colocar a algunos ‘investigados’ y ‘testigos’ dentro de ese órgano, e intentar (sin éxito) dejarlo morir por inacción...
Ahora, nos cuentan que cada integrante va a poder solicitar la comparecencia de seis personas involucradas en el ‘caso’, y las reuniones tendrá una periodicidad mensual. A este ritmo, la cosa se puede eternizar en el tiempo. Una estrategia de dilación que parece efectiva más a corto que a medio plazo. Cuanto más tarde en finiquitarse, más cerca estarán las elecciones municipales, y más fuerza va a coger. Y es que, así, en un abrir y cerrar de ojos, nos hemos plantado en año y medio de la cita con las urnas.
Esta comisión de investigación y la política, paradojas de la vida, una vez más vuelven el mundo del revés. La afectada se ha convertido en la mejor para aquellos que en sus tiempos de gobierno ponían duramente en duda su gestión (la oposición). Ahora, es persona non grata para aquellos que la calificaban como ‘amiga’ y la mejor concejala de Personal en la historia del Consistorio (los suyos). Esto da para reflexionar…
La segunda trama alude a los presupuestos y su negociación (o no). Se barrunta una segunda cuestión de confianza para aprobar las cifras municipales, más aún cuando a los partidos les llega la impresión de las enmiendas a través de los medios de comunicación y no en una reunión cara a cara. De momento, se esgrime un (hipotético) pequeño resquicio de acuerdo que apunta a VOX. Aunque, en eso también hay una gran parte de estrategia mutua. El partido quiso desmarcarse del resto de la oposición y tender la mano para dejar al tripartito con la disyuntiva de qué hacer. Todo versa por lo que denominan un acuerdo de mínimos. Y a partir de ahí, llegan otras preguntas, la principal es si es posible que se aprueben unos presupuestos (por mucho que sean de una pequeña ciudad de provincias) con los votos a favor de VOX y Podemos-IU. Todo ello, además, en el peor momento de estabilidad del actual equipo de gobierno. Las cosas están tensas (repito e insisto), mucho, entre Sentir Aranda e Izquierda Unida. De momento, no pasa nada, porque, por un lado, no hay valor (que sí ganas) de cesarle de sus funciones, y, por otro, es muy difícil ‘liberarse’ de una liberación. El tiempo hablará…
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