Cuando llegó la tercera crisis de gobierno del mandato, traducida en la tercera de salida de uno de los miembros del ejecutivo municipal, hubo un movimiento que ha dejado un cierto (o evidente) aire electoralista. Era la tercera restructuración de funciones en algo menos de tres años de mandato, tras la primera provocada por la polémica dimisión de María Ortuño en enero de 2025, y, la segunda, tras la destitución fulminante de Carlos Medina, a principios de marzo de 2026. La última correspondía a la vacante provocada por la salida del concejal de Podemos, Andrés Gonzalo. En ese momento, a principios del mes de abril, se anunciaba que una de las responsabilidades del edil del partido morado, la referida a Barrios y Participación Ciudadana, iba a recaer en manos del alcalde a partir de ese momento.
Sin duda, evidenciaba una jugada electoralista, que para la mayor parte de los ciudadanos no pasaba desapercibida. En el trasfondo se palpa el objetivo de intentar aumentar el contacto del primer edil con ‘la calle’ y, por ende, con los arandinos. Una estrategia a contrarreloj para ganarse a los barrios (a las asociaciones y a los vecinos, que no son exactamente lo mismo) tras un mandato en el que estos colectivos se han mostrado muy críticos con la gestión, también dejando constancia de lo que han consideran una auténtica lejanía de la mayor autoridad municipal con la realidad que viven a diario.
La táctica se ha confirmado, ahora, con el anuncio (a bombo y platillo) de un nuevo programa de participación ciudadana, en forma de paseo, cada martes, por uno de los barrios, para conocer cuáles son las necesidades de las diferentes zonas, y actuar al respecto. Además, dando a entender que el reloj se pone a cero, con una especie de amnesia selectiva sobre lo que su antecesor (ya fuera del equipo de Gobierno), pudiera haber hecho con anterioridad.
Me pregunto si después de tres años, todavía no se conocen cuáles son las demandas de cada una de las zonas de Aranda. Quizás no haya sido suficiente con los escritos registrados por vecinos y colectivos, ni con las noticias publicadas (que es mejor ni leerlas ni escucharlas no verlas, porque así se vive de espaldas a la realidad, y haciendo valer la faceta victimista). Tampoco con las denuncias realizadas a viva voz en los plenos, o simplemente con observar a pie de calle aquellas pequeñas o grandes deficiencias tras dar una pequeña vuelta.En cualquier caso, las maniobras electoralistas existen desde que el mundo es mundo, y son más que lícitas, faltaría más. Que lleguen a ser efectivas o no, eso el tiempo lo dirá y determinará si los paseos terminan siendo triunfales o no. Todo dependerá de si llegan las soluciones, o solo las buenas palabras, las fotos y los vídeos en plan propaganda.
El ciudadano pide que se solventen esas pequeñas cosas del día a día. Como, por ejemplo, esas vallas y esas baldosas levantadas en la plaza de La Virgencilla, en pleno centro. Mientras se buscan o encuentran ‘culpables’, quienes sufren las consecuencias son los ciudadanos, a la vez que se proyecta una imagen deplorable de la ciudad a los turistas. Cosas tan simples, como la fuente que tendría que surtir de agua a un parque (con zona deportiva) como es el Príncipe de Asturias. Estropeada desde hace casi dos años, con una fuga en una tubería cuya zona se ha vallado y acordonado, y que observo cada día. Los arreglos via parcheos que se aseguran con trozos de escenario y cubos que se convierten en una trampa para los viandantes. Y, así, podriamos eternizarnos...
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