
La altura política y el interés porque el sitio donde se desarrolla esa función mejore y evolucione, se detecta a simple vista. En Aranda, ese nivel está por debajo del subsuelo. Se viene experimentando en los últimos mandatos, no solo en este, pero el fondo debe estar tan profundo que, aunque parezca mentira, todavía no se ha llegado a tocar. Me resulta impactante que con todo lo que tiene que trabajar el Gobierno municipal para mejorar la ciudad, y la ardua labor que debiera realizar la oposición para fiscalizar el trabajo, hacer propuestas, proteger a los ciudadanos y denunciar las cosas que no están bien, se dediquen a quedarse en lo superfluo, intrascendente, en lugar de emplear su preciado tiempo en dedicarse al servicio público, que es lo que se presupone debieran hacer y por lo que supuestamente les han elegido los ciudadanos.
Voy a retrotraerme a hace siete días, cuando publiqué la crónica ‘La Mordaza’, aludiendo a circunstancias vividas en una rueda de prensa con la concejala de Urbanismo y el alcalde, donde de alguna manera se quiso menoscabar la libertad de expresión, y se puso en tela de juicio este espacio de opinión simplemente por situarles frente al espejo de lo que es una pésima gestión que ha hecho que decenas de vecinos de Aranda estén viviendo en una situación tercermundista en los bloques de Santa Catalina. Por cierto, así siguen, una semana más. Sin respuestas ni soluciones, y eso que son ‘prioritarios’. ¿Todavía nadie ha dimitido o ha sido cesado? Pues no, es lo que tiene trabajar en lo público.
Esas líneas de La Otra Crónica coincidieron con una caída del servidor de Diario de la Ribera. Y la casualidad (o como quieran llamarlo) se convirtió para el Partido Socialista en reclamo para montar una teoría de conspiración, poniendo en relación esa imposibilidad de acceso al medio de comunicación y dejando caer si había manos negras (digo, pero no digo; acuso, pero no acuso; invento y enlazo que algo queda). Se llamó a la oficina del periódico, pero no se quiso asumir la realidad. Esa teoría que como mucho puede llegar a ser un comentario jocoso de bar, se llevó a una especie de nota de prensa con tintes de bochorno (la respuesta también tuvo tela).
Y de paso venían a defender la libertad y, de alguna manera, intentar utilizar a quien escribe (yo misma). Desde aquí, decir que en este articulo pone claramente Opinión (en varios lugares y bien visible), y es la mía. La misma que en la semana anterior (hace quince días) fue prácticamente copiada y convertida en nota de prensa por el mismo partido. No me gustan esas estrategias, ni tampoco que ahora quieran ostentar el papel de los mayores defensores de este espacio y de la libertad de expresión. Un espacio que no han tenido problemas en criticar, denigrar e incluso retirar casi hasta el saludo por lo que aquí se ha dicho. Por cierto, tras demostrarse que es verdad, una y otra vez.
Prácticamente, ninguno de los grupos políticos está libre de pecado en lo que se refiere al respeto a la libertad de expresión, información y opinión. Todos han cambiado su actitud cuando algo no ha gustado, todos se han creado perfiles escondidos bajo seudónimos para intentar neutralizarlo desde el anonimato, una actitud que carece de valentía. Cuando han gobernado, incluso, han decidido castigar económicamente a este medio en lo que a la publicidad institucional se refiere (los anteriores y estos). Esa es la verdad, y el espejo al que se deben mirar los políticos. He de decir que en todos y cada uno de los grupos hay algunas extrañas excepciones que consiguen ‘salvarse’, pero no es lo habitual.
Este espacio de La Otra Crónica comenzó el 16 de noviembre de 2018. Ayer, me detuve a mirar el archivo y, a fecha de hoy, lleva un total de 350 artículos. Simplemente, dar las gracias al medio que respalda mis opiniones (en su mayoría informativas), y a todos ustedes que los leen (algunos días gustan más, otros menos) y han hecho que estos artículos sigan vivos ocho años después. Gracias
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