
A estas alturas nadie puede negar la importancia de las redes sociales en muchos aspectos. Menos aún, todos aquellos que se han forjado una forma de vida al estilo ‘il dolce far niente’, que se lo digan a los influencers. Que su utilidad, siempre que se haga de forma óptima, es positiva, no hay duda, pero de ahí a que se quiera instaurar como la única forma de comunicarse con la sociedad, es entrar en terrenos pantanosos. Más aún si las cosas empiezan a tener un tufillo evidente de propaganda, que es algo muy diferente a la comunicación, y que se agudiza si no se hace ni tan siquiere el esfuerzo de disimularlo. Hay muchos ejemplos, pero me voy a fijar en uno llamativo de los últimos días.
Aranda apuesta por ir a Fitur, una de las ferias internacionales de turismo más destacadas, con stand propio. Una inversión importante, con una programación de actividades y un plan de promoción turística encima de la mesa, con el que se presupone se quiere lograr un posicionamiento mediático destacado. Una repercusión ambiciosa no solo a nivel local. Pues bien, pasa el miércoles y no hay comunicación al respecto. El jueves, tampoco. Ni el viernes, ni el sábado, ni el domingo. La excusa del luto es increíble, porque si se celebran actos hay que contarlos, otra cosa son los excesos y los brindis. (Además, ese momento solo se extendió por dos de los cinco días de feria). En años anteriores, no había comunicación, pero por lo menos había un streaming (o retransmisión en directo), donde se podían seguir los actos y dar cuenta de lo que allí pasaba, si se consideraba que había algo noticioso.
Este año, durante esos días, se ha presentado los detalles del famoso edificio de los Jardines de Don Diego que tantas miradas (y análisis urbanísticos) copa y que será un futuro Centro de Recepción de Visitantes. Se han hecho presentaciones de Sonorama, de Concurso Regional de Sumilleres que tendrá lugar en marzo en Aranda, de la oferta hostelera, de actuaciones… Misiones que se han quedado reducidas al pequeño grupo que asistía a las mismas, la mayor parte de ellos de la expedición arandina. En su lugar, se apuesta por el autobombo a través de vídeos que se emiten incluso días después de que la feria cerrara sus puertas. Aquello de la actualidad y de que las cosas caducan para qué se va a tener en cuenta. En ese periodo de caducidad llega el balance y, para sorpresa mayúscula, se da bombo y platillo a las visitas que han tenido los vídeos, pero aquello de acceder a la información o difundirla se quedará para la próxima edición, si es que hay suerte.
A todo esto, estoy segura de que algunos de ustedes, queridos lectores, no sabrán ni de qué vídeos estoy hablando, ni de todo aquello que solo se pregona a través de las redes sociales. Y con eso se demuestra que en esta nuestra localidad, en la comarca y en la China mandarina, hay personas que viven ajenas a ellas. Personas que también votan y pagan impuestos, aunque a algunos se les olvide.
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