
El comercio lleva más de tres semanas abierto, primero con cita previa y ahora con limitaciones en el aforo. El sector ya arrastraba momentos complicados antes de la crisis sanitaria y, ahora, tras dos meses de cierre de puertas, ha vuelto con ganas, pero necesita, sobre todo, la afluencia y la confianza de los clientes y, a mayores, medidas eficaces de apoyo. Unas líneas de ayuda por parte de las administraciones, especialmente del Ayuntamiento, que el sector reinvindica para reactivar la actividad económica. No se exigen altas cantidades económicas, se solicitan pasos rápidos y certeros. Que esas medidas lleguen de forma inmediata y contundente, no cuando ya hayan tenido que colgar el cartel de cierre.
Paseando por una calle comercial del centro de Aranda, llaman poderosamente la atención tres locales contiguos que exponen letreros que anuncian la liquidación total de existencias, que auguran el adiós de estos establecimientos. En apenas unos pasos, uno se topa de bruces con la triste realidad y el delicado instante que vive ese pequeño comercio. Primero sitiado por las grandes superficies, luego por el lowcost y la venta online, y ahora por la incertidumbre y el miedo, sumado a la crisis económica generada por la covid-19.
El colectivo de comerciantes cree que las medidas municipales van muy lentas, llegan con demasiado retraso y sin concrección. “Tras dos meses y medio, va a llegar el día 21 de junio, se va a acabar el estado de alamar y aquí no va a pasar nada, ya es hora de que especifiquen las líneas de ayudas”, me transmiten textualmente. Más claro el agua. A fecha de hoy, se han aprobado las partidas dentro de los remanentes. 200.000 euros para los denominados Aranbonos y otros tantos para líneas de ayudas al alquiler de locales, pero de las bases para su ejecución nada se sabe. Los dueños de establecimientos critican que nadie sabe decirles en qué van a consistir esos Aranbonos, ni cómo se van a ejecutar... Tienen la sensación de que han copiado la idea de otras ciudades, porque es popular y parece acertada, pero a la hora de desarrollarla no saben cómo hacerlo... Con el silencio, sin explicar al sector cómo van a ser, a quién y cuándo van a llegar. La lógica apunta a que cuando se decide aprobar una medida, con anterioridad, hay que tener pensado cómo se va a convertir en realidad.
Otro de los aspectos que hay sobre la mesa, se centra en las famosas ayudas al alquiler, de las que, dicen los comercientas, tampoco saben mucho. Van más allá y afirman que la mayoría negociaron el alquiler en el estado de alarma y se preguntan que ahora qué. El momento de ejecutar las ayudas debía haber sido al abrir las puertas. En cualquier caso, insisten en que se pusieron sobre la mesa otras posibilidades como ayudas al pago de las cuotas de autónomo o de la Seguridad Social de los trabajadores, en lugar del alquiler, pero se desecharon por parte del Consistorio. No entienen el porqué.
Pero más allá de todo esto, el sector comercial arandino está a la espera de una posible subvención de la Junta de Castilla y León porque su intención es abrirse también a la venta online. Una forma de ajustarse a los nuevos tiempos y contribuir a crear una nueva forma de negocio que pueda complementar a la presencial. A la vez, se preguntan si llegará esa promesa del observatorio de empresas que ha anunciado el Ayuntamiento que nacerá para convertirse en un escaparate de todo lo que hay. No estaría tampoco de más una campaña de concienciación y de fidelización hacia el comercio tradicional. Ahora parece más necesario que nunca.
En resumen, el sector no parece pedir grandes cosas, ni inyecciones desproporcionadas, pero sí pasos reales y tangibles y, sobre todo, instantáneos, porque temen que, al ritmo que van las cosas, cuando lleguen ya sea muy tarde.
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