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La primera campaña aparentemente resultó todo un éxito, todo eran loas mutuas y satisfacción. Sin embargo, parece que la alegría, en Aranda, dura poco y, en este caso, ha estallado antes del segundo asalto, para infortunio de los consumidores, comercios y economía local. La campaña de bonos para incentivar el consumo ha quedado en el aire, y la guerra entre Ayuntamiento y responsables de la Asociación de Comerciantes parece abierta. Aunque en las notas de prensa en las que el colectivo decía que no podía asumir una nueva campaña, y el Consistorio trasladaba que se estaban buscando soluciones alternativas, se intentaron mantener las formas con bastantes eufemismos, la realidad es mucho más cruda y con mayor trasfondo.
Las campañas (la primera de éxito y la segunda fallida) se basaban en los mismos términos: 70.000 euros vía subvención al colectivo comercial, 17.000 de ellos para ACOA, 8.500 en concepto de gestión. Hasta ahí, aparentemente todo iba bien y parece que salían las cuentas, porque la Asociación lanzó la campaña para lograr que se sumaran comercios con un plazo de adhesión entre el 18 de mayo y el 1 de junio. Y en esa notificación, en la que se hablaba de los beneficios varios de los bonos para el incremento de ventas, captar nuevos clientes, dar visibilidad, sin trámites ni costes, se incluía una novedad que era evidente que encendería la mecha. La campaña era gratis para los asociados a ACOA, mientras que los que no pertenecían a ese colectivo de comerciantes tendrían que pagar 89 euros. De ahí, empezaron las quejas de los diversos establecimientos en sede municipal, ósea en la OMIC, sobre qué invento era aquello de que, con el dinero de todos los contribuyentes, vía subvención municipal, unos tenían que pagar y otros no, cuando en la campaña siempre se precisó que se gestionaba para todos, y no para los suyos. Es más, en este asunto más que como un colectivo se tenía que funcionar como un adjudicatario. Si no dan las cuentas, si no es rentable, se tendrá que pedir más (en el momento de la negociación) a quien contrata el servicio, el Ayuntamiento (evidentemente no se va a perder dinero). Lo que no se entiende es que se quiera hacer ver que hay comercios (o ciudadanos) de primera o segunda, cuando se está hablando del dinero público. No es lo mismo que se cobre a los no adheridos por participar en la feria de excedentes que es una actividad que organizan directamente, que cuando se está hablando de un servicio para la casa de todos.
Ahora, los clientes y comercios pagarán los platos rotos de un desencuentro que también demuestra la debilidad del funcionamiento del Ayuntamiento, como en tantas otras cosas. Una asociación tiene que venir a ‘salvar’ una campaña, la del año pasado, porque el Consistorio no tiene medios propios para sacarla adelante en tiempo y forma. Depender de otros es muy arriesgado. Hay Ayuntamientos, como el de Burgos, que han contratado empresas para crear plataformas paras la venta de bonos de consumo, aunque ahí estamos hablando de otras cantidades, 1,4 millones de euros. Sin embargo, hay otros, de localidades incluso más pequeñas que Aranda, que han gestionado sus propias campañas con cifras económicas muy similares a las que se están hablando aquí.
La falta de capacidad para afrontar este tipo de proyectos denota que las cosas no funcionan bien. Se achaca a falta de medios de personal (y es verdad), pero el problema es más profundo y no solo pasa en esta parcela y este tema. No hay posibilidad de gestionar directamente el servicio con una plataforma propia, ni sacar un pliego para adjudicarlo a tiempo a una empresa. No hay medios, pero tampoco soluciones. Se podría, quizás, haber contratado personal para afrontar este tipo de iniciativas que dinamizan la economía y algunas más que vinculadas al desarrollo de la ciudad, en esas contrataciones que se hacen por seis meses para puestos tan dispares, o también en otros más de confianza. Ironías aparte, la pregunta es dónde se sitúan las prioridades, o las voluntades, o la equidad y el servicio público. Tanto paseo electoral, tanto maquillaje propagandístico genera escasos resultados, cuando las cosas sencillas, las que pide la gente (de las que se habla aquí y muchas otras) se dejan de lado. No estaría de más, reflexionar.
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