
Habrá elecciones regionales en marzo y eso ya se palpa en el ambiente. Hay que empezar a aprovechar los proyectos faraónicos en marcha y el nuevo hospital de Aranda es uno de ellos. Nadie puede negar que las obras van a buen ritmo, y que, por fin, se ve la luz al final del túnel tras más de dos décadas de promesas y retrasos. Era de justicia que ese hospital llegara, con su millonaria inversión, pero no tiene que significar que nos debamos conformar con que eso sea lo único que nos merecemos. Evidentemente, las cifras del hospital colocan a Aranda como una de las zonas de mayor inversión, y parece que con eso ya vale. No busquemos más, porque ahí se acaba prácticamente nuestros ‘premios’. En menos de un año, el presidente de la Junta ha visitado ese proyecto estrella dos veces. No será la última (pronostico) antes de la cita con las urnas. Eso sí, lo de contestar preguntas, y responder a otras cuestiones que no son tan positivas para la zona, pero de las que necesitamos explicaciones, nada de nada.
Por ejemplo, de la Circunvalación Este nada se sabe y tiene pinta que ni se sabrá. La Administración Regional ha dado la espalda a una promesa realizada allá por 2005, por el mismo partido que ha estado (y sigue) gobernando. Sólo se convirtió en realidad en la primera fase, la más barata, a principios de 2010. Desde entonces, quine años de excusas y, ahora, el silencio y el olvido. Tampoco pudimos cuestionar para que alguien nos diga claramente que lo de la universidad ni está ni se le espera. Que con poner Medicina en Burgos y en León es suficiente, y es eso a lo que se está dando autobombo también aprovechando estos momentos. Otra de las interrogantes a las que podía haber contestado el responsable regional estaban a la puerta del futuro hospital, a golpe de pancarta. La polémica implantación de las plantas de biogás en la Ribera del Duero y las reivindicaciones de los agentes medioambientales. Quizás, otro buen tema a contestar era si el futuro edificio va a estar lleno de profesionales que eviten esperas de hasta año y medio para acudir a especialistas o vamos a tener solo que encomendarnos al robot quirúrgico.
Por cierto, hablando de la Junta, hasta allí también se han desplazado responsables y técnicos municipales para clamar por una solución para el ‘drama’ de la ARU de Santa Catalina. He de confesar que, desde hace un lustro cuanto se empezó a hablar de este proyecto tan ambicioso, sonó a utopía. Una historia tan bonita que parecía irreal. Esos cuentos que te autoconvences para creer, pero que en el fondo sabes que es inocente hacerlo. El tiempo da la razón al respecto, marcado por un lenta gestión puesta en entredicho. Se iba más que apurado en plazos cuando se sacó la primera licitación de las obras que quedó desierta. Se iba a adjudicar de una forma más ‘directa’, pero al ver ‘tal’ interés por parte de decenas de empresas, se volvió a licitar. Y, sorpresa, volvió a quedar desierto. Es verdad que el mercado está complicado para encontrar candidatos y la tarea se torna cuasi imposible con el panorama actual con tanta obra pública, aunque no se puede esconder que los tiempos se han estirado al máximo y más allá, con una calma evidente. Nunca hay prisa. Cruzaremos los dedos para que pueda haber una moratoria, y que el ‘cuento’ tenga el final más feliz de los posibles, aunque siga sonando inocente.
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