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Ruta del Vino Ribera del Duero

La arquitectura tradicional de las bodegas subterráneas triunfa entre los enoturistas de la Ruta Ribera del Duero

Atauta y Moradillo de Roa han sido pioneros en la puesta en valor de este patrimonio

18/07/2019 7:30 | SUSANA GUTIÉRREZ
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Foto Noticia

La recuperación de los barrios de bodegas tradicionales como reclamo para los turistas interesados en la cultura del vino está dando resultados muy positivos en la Ruta Ribera del Duero. La localidad soriana de Atauta y la burgalesa de Moradillo de Roa han sido las pioneras en poner en valor la arquitectura etnográfica, siglos de historia, que se convierten en el complemento perfecto para poner la guinda a un recorrido por viñedos, bodegas elaboradoras y gastronomía. Es necesario echar la vista atrás más de ocho siglos, situarse en el año 1201, para encontrar las primeras referencias de viñedo en Atauta, aunque los lugareños consideran que fue mucho antes cuando aparecieron estas plantaciones, seña de identidad de la zona. Esa casi milenaria relación con la tradición y la cultura del vino de este municipio, situado en la Ribera del Duero soriana, se palpa en cada uno de los rincones del conjunto de Bodegas de El Plantío. Situado en el Paraje del Hondo, cuenta con 141 bodegas, además de otras construcciones vinculadas como lagares, lagaretas, casillos, incluso palomares, que se construyeron, en su mayor parte, en el siglo XIX. Las construcciones han sobrevivido, gracias a la conservación y mantenimiento de sus propietarios, el paso de los años para convertirse, en la actualidad, en un singular testimonio de vida vinculada a la explotación de la tierra y del sistema de producción del vino tradicional. Por ello, obtuvieron hace dos años, por parte de la Junta de Castilla y León la declaración como Bien de Interés Cultural como conjunto etnográfico.

 

 

El enclave de arquitectura tradicional nació en el siglo XIX por la importante demanda de vino que se produjo desde Francia con motivo de plaga de la filoxera. Y así lo atesoran además parte de las viñas que rodean el conjunto histórico y que acumulan más de doscientos años de vida. “Todos los hondos del fondo son unas viñas resistentes a la enfermedad de la filoxera, cuando vino la plaga, allá por 1870, desaparecieron la mayoría de las cepas en Europa y estas pervivieron y ahí siguen”, detalla el alcalde de Atauta, Adolfo Tomás. Se da la curiosa circunstancia que, hoy en día, Atauta cuenta con más del doble de bodegas que de habitantes, ya que el censo contabiliza 60 vecinos en esta pedanía de San Esteban de Gormaz. El pueblo atesora también una impactante belleza, al situarse en lo alto de una rocosa cornisa de unos 970 metros de altitud, separado del conjunto de bodegas por el Arroyo de la Laguna o Golbán. De esta manera, irrumpen dos enclaves con una perfecta sintonía entre patrimonio natural y paisajístico La belleza de la superficie del conjunto de bodegas se traslada también al subsuelo y al interior de las construcciones tradicionales. 

Al acceder a las bodegas, uno se sumerge en una galería inclinada donde a través de una escalera se desciende varios metros de profundidad hasta llegar a una estancia destinada al almacenamiento de vino. Los terrenos arcillosos impermeables y las laderas de ligera pendiente fueron determinantes para la excavación de estas galerías subterráneas.El conjunto se completa con otras edificaciones como los lagares y lagaretas, unas construcciones de planta rectangular de adobe o mampostería, donde se llevaba a cabo todo el proceso de producción de la uva. Algunos de ellos, hoy sirven también como merenderos, ya que la declaración especifica la compatibilidad del uso tradicional del conjunto de las bodegas con la correcta conservación del conjunto etnológico. 

Moradillo de Roa

Un enoturismo sostenible y cuyos fondos repercutan en la puesta en valor de este patrimonio relacionado con la cultura del vino. Ese es el objetivo que busca el Ayuntamiento de Moradillo de Roa con su barrio de bodegas y lagares tradicionales de ‘El Cotarro’, un proyecto que fue designado como la Mejor Iniciativa Enoturística por Rutas del Vino de España en el año 2016. El reconocimiento fue el espaldarazo definitivo para este patrimonio etnográfico, le puso en el punto de mira del enoturista y, en un momento dado, en el Consistorio se vieron desbordados ante el éxito y la demanda. Tuvieron que frenar las visitas, centrarse en profesionales y blogueros, hasta lograr dar el paso definitivo hacia la profesionalización de los recorridos. Después de un trabajo de musealización y recuperación de algunas construcciones, desde el pasado mes de abril se realizan visitas guiadas.

 

 

“Ha sido un trabajo intenso desde que esto comenzó, hemos hecho un centro de recepción de visitantes en el Ayuntamiento con una exposición y una explicación del proyecto, la historia de El Cotarro. Luego hemos habilitado dos bodegas subterráneas y un lagar para el enoturismo, que será lo que mostraremos en la vista, además de un paseo por todo el barrio.”, explica el alcalde, Javier Arroyo. Para ello, se ha contratado a una persona que guía los recorridos, que tienen lugar los fines de semana, con tres visitas el sábado y dos el domingo y un máximo de 10 participantes. “La idea es fomentar un turismo sostenible, queremos alrededor de 50 personas cada fin de semana, podemos acoger a muchos más, pero no buscamos la masificación, queremos que se viva este proyecto”, detalla.

El Cotarro, según el Ayuntamiento, cuenta con más del 80 % de su patrimonio en buenas condiciones. El barrio congrega a un total 159 bodegas y 7 lagares en un pueblo de apenas 150 habitantes. “La mayor parte de estas construcciones datan de hacer tres siglos, tenemos documentación de que en 1.700 ya se almacenaba vino. Lo bueno es que en los años 80 se cambió de uso industrial a merenderos y se ha mantenido el patrimonio guardando además la estética”. La ruta dura una hora y media y tiene un precio de seis euros que asciende hasta los diez si se incluye la degustación de dos vinos. Entre ellos, el vino de pueblo, un vino blanco de la variedad Albillo que se vendimia por parte de los habitantes y se elabora por el enólogo Alfredo Maestro. Se trata de otra fórmula para sacar fondos, el año pasado con sus ventas se lograron 7.000 euros destinados también a la puesta en valor del barrio de bodegas.

Otros ejemplos

En la recuperación de las bodegas tradicionales se encuentran también trabajando activamente otros municipios ribereños como Vadocondes, Sotillo de la Ribera, Gumiel de Mercado o Caleruega. En Vadocondes para impulsar esta puesta en valor el Ayuntamiento ha realizado un inventario que refleja la existencia de 78 bodegas subterráneas y 116 lagares. La localidad cuenta con lagares simples, dobles, triples o incluso cuádruples. Con una capacidad entre todos para 150.000 cántaras, unos 2,5 millones de litros.

 

Asimismo, la comisión vecinal de Sotillo de la Ribera está impulsando la rehabilitación de los cerca de 85 lagares que se ubican en el cerro de San Jorge, debajo de la ermita. El Ayuntamiento de Gumiel de Mercado también ha elaborado un inventario que concreta que existen un total de 69 lagares inventariados, que suman una capacidad de casi 137.000 cántaras. En cuanto a las bodegas subterráneas, el censo da un total de 106, de las cuales 75 son accesibles. Atendiendo a su estado de conservación, en 62 de ellas es bueno, 23 están hundidas. También Caleruega busca poner en valor este patrimonio tan vinculado a la tradición vitivinícola. En las laderas del Monte de San Pedro, la Peña San Jorge, el Pico de la Horca y el Tallar, que circundan el pueblo, se encuentran encavadas numerosas bodegas. Sin embargo, es a dos kilómetros de la población, donde se encuentra la bodega más antigua de la Ribera del Duero, en el despoblado de San Martín de Bañuelos. El primer documento referido al enclave data de 1179, cuando pertenecí al Rey Alfonso VIII, aunque podría ser anterior, ya que en esa zona pudo existir una villa romana.

 
 
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