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La ansiedad no es sólo un problema en adultos

Se manifiesta en los más jóvenes mediante cambios en el comportamiento como alteraciones en la conducta alimentaria, el sueño o el estado de ánimo

22/12/2021 13:54 | DR
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La población infanto-juvenil ha resultado ser la más vulnerable al aislamiento social propiciado por la pandemia del COVID-19. Según se desprende de recientes estudios, los trastornos mentales en niños y adolescentes se han triplicado en España debido a la crisis del coronavirus. En este sentido, los profesionales de Recurra-Ginso advierten sobre el aumento de los niveles de ansiedad entre los más jóvenes y la necesidad de abordar un problema de salud mental que genera mayores tasas de ansiedad en la población adulta.

 “Ignorar la ansiedad infanto-juvenil considerando que se trata de una etapa pasajera en el desarrollo normal del individuo, puede afectar al rendimiento escolar, las actividades de ocio y la vida familiar del niño o adolescente; además de motivar la comorbilidad entre ansiedad y depresión en edades tempranas”, apunta la psicóloga Olaya Rodríguez Sánchez.

Los niños y adolescentes se encuentran inmersos en una etapa de desarrollo en la que la ansiedad es un elemento que, inevitablemente, está presente en sus vidas. Los cambios que experimentan las personas en edades tempranas y las nuevas situaciones a las que han de enfrentarse, tienden a alterar sus niveles de ansiedad -como ha ocurrido durante estos últimos años de pandemia. “Si la ansiedad no se gestiona de manera adecuada, los síntomas se intensificarán y prolongarán en el tiempo, pudiendo derivar en un trastorno de salud mental”, señala la psicóloga.

 

Se disparan los niveles de ansiedad en la población infanto-juvenil

Algunas de las características de la sociedad actual post pandémica como la incertidumbre de cara al futuro, la exigencia para con las nuevas generaciones y la elevada exposición a las redes sociales; inciden en la salud mental de la población más joven debido a la presión social implícita que existe en cada uno de los casos.

Además de las situaciones nuevas e inesperadas, existen múltiples factores que pueden motivar la aparición de la ansiedad en edades tempranas, como puede ser la predisposición genética, el mal funcionamiento de neurotransmisores específicos involucrados en las reacciones del individuo, miedos no superados, el apego inseguro con los padres o -incluso- el aprendizaje del ejemplo recibido por parte de figuras de referencia durante su desarrollo. “Los jóvenes del centro terapéutico describen la ansiedad como una presión en la zona del estómago o el pecho que les envuelve, generando una sensación de ahogo que va en aumento y que no son capaces de frenar. Durante ese momento se imaginan las peores consecuencias posibles de la situación que les angustia. Después, esa sensación se va pasando”,  termina diciendo la psicóloga, señalando que los padres y los profesionales de la educación tienen un papel fundamental en la detección de los problemas de salud mental en niños y adolescentes.

 
 
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