Los convenios de la salvación

La ansiedad por contratar obras al final del mandato desencadena un problema presupuestario

07/05/2019 7:30 | SUSANA GUTIÉRREZ

Desde que el año pasado se comprometió en pleno el pago de anualidades a tres obras en 2019, se sabía que los problemas presupuestarios se iban a multiplicar. Estamos en un año electoral y eso significa que un gobierno sin mayoría absoluta tiene casi imposible sacar adelante un presupuesto. Cada partido quiere ocupar un puesto de salida de cara a la carrera con las urnas y desmarcarse de los otros para convencer así a sus votantes. Hacer que, de alguna manera, olviden sus electores los guiños y alianzas del pasado que pudieron no gustar.

En cualquier caso, el equipo de gobierno ha abusado de la ansiedad por hacer obras y obras. En la mayoría de los casos sin tener una planificación organizada y conociendo los problemas presupuestarios que iban a desencadenar. En un suspiro parece que han querido recuperar cuatro años, incluso algunos hablan de ocho, en barbecho. Creen que, con una ciudad levantada, los votos van a aflorar como champiñones otoñales, aunque eso a veces tiene el efecto contrario. Habrá que esperar

Un experto político me explicó una vez que los cuatro años de legislaturas están marcados claramente. En el primero hay que planificar los proyectos, en el segundo y tercero hay que aprovechar para adjudicarlos y desarrollarlos y el cuarto, a puerta de la cita con las urnas, es tiempo de cortar las cintas e inaugurar las infraestructuras nuevas o rehabilitadas. Esta claro que aquí ha fallado algo.

La ansiedad desmedida por contratar y contratar obra pública, cuanto más mejor, y que estuvieran terminadas cuanto antes, ha degenerado en varios problemas. Uno es el presupuestario y otro es el que, al primar la celeridad en lugar de otros aspectos, ahora se ha demostrado que muchas obras van con retraso y encima se desarrollan mal. Los vecinos de la calle Moratín y aledañas y de la Avenida de Burgos, por ejemplo, se quejan de forma reiterada y desesperada por la falta de seguridad de la obra, la ausencia de señalización o que no se avisa de los percances que supone para ciudadanos y comercios... Detallan como en ocasiones, sin tener ninguna información previa, les ha sido imposible acceder a los garajes, incluso para entrar a sus viviendas se han visto obligados a colocar ellos mismos tablones o piedras. Las obras van tarde, cabe penalización económica, pero eso no es ningún consuelo para quienes las sufren. Se escudan, desde el Ayuntamiento, en que ha habido mala suerte con las adjudicaciones. Otra situación rocambolesca es la que se vive en la Plaza Mayor, ya en Carnaval se hablaba de la colocación inminente de la grúa para comenzar con los trabajos de construcción del edificio de la Banca Pecho. Finalmente se ha tardado dos meses más y parece increíble que no haya otra solución técnica para la construcción de un edificio que la colocación en plena plaza de semejante mamotreto. Estoy segura de que a un particular en ningún caso se le hubiera permitido.

En el ámbito presupuestario, el compromiso de las anualidades para la continuar este año con las construcciones de la banca Pecho, la comisaría de Policía Local y el picón ha dejado al Ayuntamiento sin capacidad para hacer frente a ciertas obligaciones. Estaba cantado, pero el equipo de gobierno miró al otro lado al aprobar las anualidades. Ahora con presupuestos prorrogados, esa cantidad para los tres proyectos acapara los dos millones de remanentes. El Consistorio no puede hacer frente a ciertos pagos, entre ellos los convenios y subvenciones a los colectivos deportivos, empresariales, sociales, culturales y juveniles. Por ello, a un día y pocas horas del comienzo de la campaña electoral, se va a llevar a aprobación, el mismo documento, por tercera vez al pleno. Está vez saldrán adelante, seguro. La mayoría de los partidos, tragarán con ello porque estamos en campaña y el dinero de los convenios y subvenciones afectan a muchas personas que acuden a las urnas el día 26M. Esas subvenciones con las que los políticos siempre intentan jugar con los ciudadanos.