Cuando tres son multitud

Diez días después de la toma de posesión, sigue en el aire el reparto de concejalías por las promesas incompatibles del PP

24/06/2019 7:30 | SUSANA GUTIÉRREZ

Las caras largas, de circunstancias, y la nula alegría que se vivió en el pleno de toma de posesión, hacían entrever una negociación extensa, dura e in extremis para alcanzar el tripartido que daba los once votos necesarios para que Raquel González se hiciera con la Alcaldía. Había costado recabar los apoyos hasta última hora, casi al límite. Con el paso de los días, nos hemos ido dando cuenta de verdadero porqué de la falta de alegría y alboroto al hacerse con el bastón de mando. La dificultad o más bien la imposibilidad de cumplir lo prometido.

El viernes 14 de junio por la tarde, día antes de la toma de posesión, el Partido Popular dejaba ultimado un acuerdo de gobernabilidad con Ciudadanos. En él, entre algunos acuerdos programáticos, se contemplaban varios puntos destacados que asumían los populares. Los concejales de la formación naranja tendrían puestos en la Junta de Gobierno Local y sobre ellos recaería el control absoluto del departamento económico del Consistorio. Asimismo, en el pacto se especificaba una evidente pérdida de cuota de poder del hasta ahora mano derecha de la alcaldesa, Emilio Berzosa, que verá muy mermadas sus responsabilidades y no esconde su malestar por la falta de apoyo de la primera edil. Otro de los puntos fundamentales, el que nos lleva a la situación actual, marcaba una línea roja que contemplaba que los concejales de VOX no podrían asumir la gestión de concejalías y puestos ejecutivos.

Con los vetos acordados con Ciudadanos, los de VOX el viernes por la noche se negaron a alcanzar un pacto. Especificaron que, si no se cambiaba de rumbo, los dos concejales de la formación de Santiago Abascal se votarían a sí mismos, y por lo tanto dejarían gobernar al PSOE, como fuerza más votada. El sábado 15, por la mañana, a pocas horas del pleno, se celebraba una nueva reunión entre los populares y VOX. El tiempo transcurría y la fumata blanca no llegaba. Pasadas las 11:30 de la mañana se firmaba un acuerdo, que también quedaba rubricado por escrito. En el mismo, se contemplaba que VOX asumiría las responsabilidades proporcionales a su respaldo en las urnas. Un puesto con voz y voto en la Junta de Gobierno local y las concejalías de Cultura y Juventud. ¿A alguien le cuadra?

Tras conseguir el bastón de mando, el lunes llegó la vida real. Y esa realidad determina que a fecha de hoy se sigue negociando para intentar encajar el reparto de las concejalías. A pesar de que sobre el acuerdo planea una clara falta de verdad y transparencia, ahora el Partido Popular intenta evadir su culpa y trasladar claramente la presión a Ciudadanos. En esa estrategia, también pretende aprovecharse de la inocencia política de VOX, que acaba de irrumpir en la vida municipal, para solventar el desaguisado. Los populares dicen que son coherentes con lo firmado con VOX, porque “por ellos entrarían de forma inmediata a las concejalías” y les instan a que, esperen unos meses, hasta que convenzan a Ciudadanos para entrar a gobernar. Primero unos meses, luego unos cuantos más, después unos años… si es que no convencen a la formación naranja. Cs, de momento, parece no estár por la labor y, de alguna manera, ha cedido ya en la composición de la junta de gobierno, con un miembro de VOX, argumentando que es el PP quien ha renunciado a uno de sus puestos.

Mientras, las concejalías siguen huérfanas y los trabajadores muestran una evidente inquietud por la incertidumbre en la que se encuentran. Algunos de ellos tienen decisiones pendientes que tomar y el vacío político hace muy complicada la situación. Las ausencias se notan también en los diversos actos que están vacíos de representación institucional.

En mi opinión, los pactos de gobiernos entre diversas formaciones para alcanzar el gobierno son totalmente lícitos y legítimos y una muestra del sistema democrático en el que viviemos. Otra cosa es que todo valga para conseguirlo.