La zona Centro se rebela contra el actual Sonorama

Piden más limpieza y seguridad y menos ruido

04/09/2019 10:11 | Begoña Cisneros

A través de un escrito, la asociación de vecinos de la Zona Centro se dirige al Ayuntamiento de Aranda reclamando medidas para paliar los problemas de limpieza, seguridad y ruido que ocasiona el festival Sonorama en la ciudad y que sufren sus habitantes. De esta manera trasladan su malestar “ante la deriva que ha tomado el festival en los últimos años y ante los excesos que hemos tenido que sufrir durante la última edición del mismo”.

Porque reconociendo la proyección del festival y el trabajo de las personas que lo hacen posible, apuntan que el renombre que ha alcanzado “ha degenerado en un triunfalismo ciego que anula la autocrítica y oculta una realidad insoportable”. Porque no puede ser, señalan, “que la celebración de un festival de música interfiera abusivamente con la vida cotidiana de la población que lo acoge, hasta el punto de obligar a muchos residentes a tener que irse de sus hogares por no poder aguantar la confluencia de ruido, suciedad, gamberrismo, sensación de inseguridad y masificación que ello genera”.

Y es que aseguran que los cambios son patentes: si “antes recibíamos con agrado a los visitantes, quienes, al tiempo que venían a disfrutar de los conciertos, apreciaban cívicamente nuestras calles y nuestros monumentos. Hoy por hoy, Sonorama se ha convertido en un botellón gigante. Con la excusa de la celebración de Sonorama, en Aranda todo vale, desde convertir las calles en urinarios y los jardines y plazas en vertederos, hasta exponer a los vecinos de todas las edades al ruido constante de potentes altavoces que empiezan a sonar a las 11 de la mañana”.

Son conscientes de los beneficios, sí, pero “a nadie se le escapa que este modelo de festival genera beneficios a unos pocos y molestias innecesarias a muchos”. Y es que advierten que son muchos los comerciantes de la zona Centro “que no solo no pueden trabajar con normalidad durante los días que dura el festival, sino que se ven obligados a tener que cerrar sus establecimientos”.

Por ello señalan que es importante compararar el ‘impacto económico’ con el ‘impacto psicológico’ “para concluir si lo que estamos haciendo merece la pena”. Porque a su parecer “no hay dinero que pague la humillación de tener que ver cómo el lugar en que hemos nacido se transforma en algo parecido a uno de esos infames destinos del turismo de borrachera”.

Por ello apelan al Ayuntamiento y a la organización del festival a plantearse la reducción del aforo “para que el festival sea verdaderamente sostenible”. También proponen la contratación extra de cuadrillas de limpiadores, la instalación de más contenedores y baños portátiles, así como más vigilancia policial para sancionar las acciones incívicas y las violaciones de las ordenanzas municipales. A ello se suma, continúan la limitación del horario de los conciertos que se celebran dentro del casco urbano “para que los vecinos podamos hacer vida normal y descansar” y que los gastos extraordinarios derivados de la celebración del festival “sean cubiertos por aquellos que se lucran de un negocio que, según nos cuentan, tiene un impacto económico de 8 millones de euros”. “Sonorama sí, pero no así”, terminan diciendo.