Moción o Emoción

El PSOE anuncia contactos para intentar dar un cambio al gobierno arandino, en un momento en que parece inviable

25/11/2019 7:30 | SUSANA GUTIÉRREZ

En un momento muy convulso políticamente a todos los niveles, administrativos y geográficos, el PSOE ha anunciado que va a empezar los contactos para intentar sacar adelante una moción de censura en el Ayuntamiento de Aranda. Yo no dudo que la intención sea cierta, pero cuando se anuncia a bombo y platillo delante de micrófonos y cámaras antes de dar ningún paso, todo apunta a que no tiene visos de salir adelante. Cuando esos vuelcos de gobierno se producen, o se llevan con el máximo sigilo; o son consecuencia de un detonante, incluso escándalo, que decanta la balanza hacia el cambio. Ciudadanos, que es el socio indispensable para sumar y sacar adelante cualquier quiniela que propicie un cambio de gobierno, se enteró por los medios de comunicación de esta posibilidad. Algo que recibieron, por cierto, con gran sorpresa y cierta desconfianza.

Que hay claras diferencias entre el bipartido, parece evidente desde antes de que entraran a gobernar, en un asunto más impuesto por Madrid, que por otra cosa. Aunque el bipartito de Partido Popular -Ciudadanos, de momento, mantiene las formas y las buenas maneras de cara a la galería, al rascar un poquito se deja entrever que feeling lo que se dice feeling, no tienen. Pero la realidad es que todavía no ha habido un detonante que haga llegar la sangre al río, algo imprescindible para articular cualquier cambio. Que la ruptura puede suceder en un futuro, lo veo mucho más que probable. Los matrimonios sin amor, como dijo Igea hace meses al referiste a la Junta de Castilla y Léon en una situación similar, funcionan mientras interesa a ambas partes, luego llega un momento que alguna de ellas busca otra alternativa. En cualquier caso, de la ruptura de un gobierno a la moción de censura, también hay un largo trecho. Una imputación, una anulación de alguna licencia, un escándalo urbanístico, un posible tráfico de influencias, algún desaguisado de gestión... Esos son solo ejemplos, cosas como esas pueden terminar en una moción de censura y ese tipo de asuntos son los que se tienen que fiscalizar, contralar y probar, desde la oposición, si las hubiera o hubiese.

Otro de los factores que también está en contra de esa posibilidad ahora mismo, es el color político de la Junta, también de PP-Cs. Acuerdo que un día se tambalea y otro se alaba. A mayores, está la situación a nivel nacional del partido naranja, en pleno periodo de recomposición después del varapalo en las Generales y con un vacío de poder hasta que se conformé la nueva ejecutiva durante la próxima primavera. En la ronda de contactos para la moción de Aranda,  el Psoe también alude a Podemos e IU, pero cualquier posibilidad de triunfo de la idea tendría que pasar obligatoriamente por Ciudadanos.

Ese anuncio de posible moción de censura, me pilló a 80 kilómetros, cubriendo el juicio del Denominado Caso Arandina. Durante cinco jornadas, hasta este próximo miércoles, la Audiencia Provincial de Burgos acoge las sesiones en las que tres ex jugadores del club se enfrentan a peticiones de cárcel de más de 39 años por una presunta agresión sexual a una menor de 15 años en noviembre de 2017. Un juicio que se está celebrando a puerta cerrada por decisión del juez que preside la sala, escudándose en la protección de la víctima, menor de edad. A mi entender, el juicio a puerta cerrada deja a todo el mundo mucho más desprotegido, incluso a la víctima. Me explico, con el libre acceso a la sala, los periodistas podemos escuchar realmente lo que se expone ahí dentro por parte de acusados, denunciante, testigos y peritos. A puerta cerrada, nos tenemos que “fiar” de los testimonios de los abogados de las partes (los que quieren hablar), que dan su visión sobre lo que ha sucedido en el interior del juzgado. Eso se convierte en una lucha por ganar a la opinión pública y una serie de versiones encontradas, donde es difícil a veces diferenciar la realidad de la manipulación. Parece que han estado en declaraciones distintas. La lucha por el relato, que ahora está tan de moda.